Sabotaje a La Coubre: alevosía Made in USA

Un centenar de muertos horriblemente mutilados y cientos de heridos graves, algunos con secuelas para toda la vida, fue el resultado de aquel criminal acto de terrorismo —certifican testigos presenciales e historiadores.

Después del Gran Enero de 1959, Cuba exhibió transformaciones económico-sociales cada vez más tangibles. Poseedor del Poder Político, el pueblo había pasado de “Juan sin nada a Juan con todo” —al decir del Poeta Nacional, Nicolás Guillén. El Águila Imperial estaba renuente a soportar que el Caimán Verde iniciara su asalto al cielo.

Como iban creciendo las múltiples variantes de agresiones de las autoridades yanquis, la Revolución tenía que resguardarse. En ese escenario se concretó una de las atrocidades mayores del “Norte revuelto y brutal” contra la Mayor de las Antillas en la segunda mitad del siglo XX: me refiero al sabotaje al buque La Coubre, suceso que ocurrió el 4 de marzo de 1960.

A las 3 y 10 tarde del fatídico día, una explosión removió a La Habana: había estallado en el puerto de la capital la nave francesa que, procedente de Amberes, Bélgica, descargaba en el antiguo muelle de la Pan American Docks, armas destinadas a la defensa de la Patria. Luego de menos de un cuarto de hora, una segunda explosión cobró cuantiosas vidas entre quienes había ido a salvar a las víctimas. 

Como antecedentes, aparecen que esa nación europea había vendido a la tiranía de Fulgencio Batista modernos fusiles FAL y granadas, ante presiones estadounidenses, en el último trimestre de 1958. La victoria del pueblo a instancia del Ejército Rebelde encabezado por su Comandante en Jefe, Fidel Castro,  interrumpió la operación como estaba concebida.

Sin embargo, las armas estaban pagadas y se mantuvo la disposición del país del Viejo Continente de honrar el compromiso comercial con la República de Cuba. Así, fracasaron los intentos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos para impedir la salida de aquel armamento, pero en su defecto apeló a situar un moderno ingenio explosivo entre las cajas de granadas antitanques que se activaría en el momento de retirarlas del buque.

Un centenar de muertos horriblemente mutilados y cientos de heridos graves, algunos con secuelas para toda la vida, fue el resultado de aquel  criminal acto de terrorismo —certifican testigos presenciales e historiadores.

Mas, el pueblo no se amedrentó y avanzó hacia la explosión, aunque desconocía con exactitud lo que había ocurrido: con la vanguardia político-revolucionaria al frente, obreros, milicianos, soldados…, todos prestos a auxiliar según sus posibilidades. Era la respuesta viril ante la alevosía Made in USA.

Al día siguiente, 5 de marzo, la población habanera —en representación de las masas que a lo largo y ancho del país permanecía indignada y en pie de combate— acompañó el sepelio hasta el Cementerio de Colón. Fue allí donde el compañero Fidel, al tiempo que enarboló la consigna de “¡Patria o Muerte!”, expresó:

“Una promesa, que más que promesa de hoy es promesa de ayer y de siempre: ¡Cuba no se acobardará, Cuba no retrocederá; la Revolución no se detendrá, la Revolución no retrocederá, la Revolución seguirá adelante victoriosamente, la Revolución continuará inquebrantable su marcha!”.

Pasado 52 años, continúan y crecen las maniobras gringas en aras de tronchar nuestra marcha triunfal. Pero asimismo, sigue y asciende cada vez más la resuelta decisión de la inmensa mayoría del pueblo cubano de honrar-defender-enriquecer la Patria Revolucionaria y Socialista.

Publicado el 05/03/2012 en Política, Variado. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: