Actriz brasileña premiada en Cuba sueña hacer personajes Almodóvar

Por Francisco G. Navarro

La actriz brasileña Michelle Ferreira, premio de actuación femenina ex aequo en el reciente Festival del Monólogo Latinoamericano, sueña con dar el salto del teatro al cine y hacer personajes como los diseñados por el laureado director español Pedro Almodóvar.

El diálogo de Ferreira con Prensa Latina tuvo lugar en la sala de historia del teatro Tomás Terry, sede de la fiesta del unipersonal, la noche siguiente a la que la artista de Belo Horizonte pusiera al público de pie y cosechara una ovación de casi cinco minutos por su interpretación de la despótica maestra Doña Margarita.

Ser dirigida por él (Almodóvar) debe ser una cosa fantástica, aventuró tras señalar que el español es la personificación de una estética y una dramaturgia que han hecho historia en el cine contemporáneo.

No tengo un papel clásico como referente, muchas actrices sueñan con Julieta por ejemplo, pero yo pretendo hacer personajes fuertes que digan algo, no quiero actuar como la chiquita flaca que habla solamente de amor, sentenció.

La obra que le valió el lauro en Cuba (Apareció la Margarita) fue escrita cuando solo tenía 21 años de edad por su compatriota Roberto Athayde, en 1971, en plena dictadura militar en su país, y el texto, con una lectura crítica subyacente al poder, debió pasar el filtro de censura castrense, recordó Michelle.

Graduada en la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad Federal de Minas Gerais, resaltó el hecho de que su debut en un festival internacional de teatro fue esta muestra organizada por el Tomás Terry, coliseo fundado en 1890 en pleno centro histórico de Cienfuegos, área inscripta desde 2005 en la lista del Patrimonio Mundial por la Unesco.

Integrante de la Compañía Escénica Flores de Jorge, la actriz no pudo recoger personalmente el premio de actuación femenina compartido con la puertorriqueña Teresa Hernández, pues debió regresar con antelación a la clausura del festival para cumplir con su labor en una televisora pública de su ciudad natal.

Es en realidad mi primer trabajo y no tiene nada que ver con el mundo de la actuación, lo del teatro viene después, en las noches y las madrugadas, aclaró la intérprete de Doña Margarita.

Ante la posibilidad de que la puesta en escena resultara laureada y su ausencia en tan singular momento, adelantó que no vino a la Isla mentalizada en el carácter competitivo del evento, sino más bien imbuida en la idea de intercambiar experiencias y aprovechar al máximo su primera incursión artística fuera de las fronteras del gigante suramericano.

Tanto para Camilo (Lélis, director del montaje) como para mí, constituía un sueño el solo hecho de venir, el premio sería un reconocimiento a nuestro trabajo, comentó.

También aludió a la circunstancia de competir con compañías poseedoras de mucha más experiencia en este tipo de citas teatrales.

Acerca de la respuesta del público de Cienfuegos, 250 kilómetros al sureste de La Habana, aseguró: “Nos esperábamos que lo fuera tanto, los espectadores correspondieron con mucha energía, interactuaron durante el espectáculo, incluso al final se nos acercaron para dialogar sobre la propuesta”.

Además de las expectativas superadas, cuantificables en la intensidad y duración de los aplausos, destacó la importancia del intercambio con colegas de los otros ocho países asistentes a la fiesta latinoamericana del unipersonal.

Constatamos que el trabajo llega a otro público, pues el fenómeno que narra la obra es inherente al resto de los países de la región, comentó.

Y algo muy especial para ella significó haber compartido unas jornadas inolvidables en la llamada Perla del Sur con mitos del cine hispanoamericano de las últimas tres décadas, como la española Victoria Abril y la cubana Mirta Ibarra, invitada de honor e integrante del jurado, respectivamente.

Tampoco habíamos realizado una puesta en escena en un teatro como este, tan tradicional, histórico, con valor patrimonial, y teníamos miedo de que el trabajo se perdiera con la grandeza del coliseo, aseguró la intérprete, fresca y juvenil ya sin el adusto traje gris de la Doña Margarita.

Sobre la versión actuada en lengua española, aseguró que la estaba preparando desde diciembre último, cuando le confirmaron la participación en el Festival Latinoamericano, y antes de viajar a Cuba realizó un ensayo abierto ante estudiantes del idioma cervantino y personas amantes de la cultura hispánica.

A los 17 años, en 1994 precisa, vio una puesta del monólogo de Athayde y quedó tan impresionada con el texto que se propuso llevarlo a las tablas en cuanto tuviera la edad requerida, sobre la treintena.

Sus planes inmediatos también están relacionados con su ídolo en la dirección cinematográfica: “Ahora en agosto vamos a investigar acerca de las películas de Almodóvar, las primeras, queremos hacer algo acerca de su estética, historias que compartan el universo de la mujer”.

Queremos hacer ese tipo de dramaturgia, vamos a ver si lo conseguimos, junto a otras dos actrices de nuestra compañía, concluyó Ferreira.

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