Conozca al primer hombre que puede oir los colores

Por: ANDRÉS ROSALES
El inglés Neil Harbisson tiene un dispositivo conectado a su cerebro. Visitará el Campus Party.
Neil Harbisson recuerda con precisión el día en que siendo un niño dibujó un perro verde, sin saber que su lápiz era de ese color y que los perros verdes no existen.
En su cabeza está fresca la imagen de su profesora enfadada y de sus compañeros burlándose. Pensamiento gris porque le produce tristeza. Pero gris, también, porque así fue exactamente como apareció en su cerebro, en una infinita escala entre negro y blanco.
Y así ha sido siempre. Harbisson, el primer hombre con estatus oficial de ciborg -humano con una parte cibernética-, nació con acromatopsia, una enfermedad que no le permite ver el color.

De eso se enteró solo cuando cumplió 11 años, cuando un médico le diagnosticó que su problema no era el daltonismo -como se creía hasta entonces-. Eran los días en que este hombre, hoy de 29 años, no podía diferenciar una bandera de otra ni saber cuál era la llave del agua caliente ni reconocer los ojos azules de una niña bonita.
“No se haga el tonto. Dibuje el perro otra vez, pero con un color normal”, recuerda que le dijo en vano la maestra. “Yo no le entendía. No puedes saber lo que es un color normal si nunca has visto uno”, dice este hombre, invitado especial a la quinta edición del Campus Party Colombia 2012, el mayor evento de cultura digital en red del mundo, que arranca la próxima semana.
Viene a contar su historia y a explicar cómo funciona el Eyeborg, como se llama el dispositivo que pende de su cabeza desde el 2002.
-¿Cómo transcurre un día en la vida de un ciborg?
-Transcurre de la misma manera que los días de los demás, con la diferencia de que de vez en cuando me tengo que enchufar (la batería del aparato dura de dos a tres días) y de que cuando salgo a la calle la gente me mira, se ríe o me pregunta qué llevo en la cabeza.
Y lo que lleva este inglés de acento catalán (ha vivido buena parte de su vida en España) es, así de simple, un tercer ojo. Un dispositivo que inventaron él y Adam Montandom, un experto en cibernética, apegados a un principio de Isaac Newton: “El color y el sonido no son tan diferentes. Tienen en común que son frecuencias”. El Eyeborg, como lo bautizaron, es lo más parecido a una cámara web que hace que Harbisson pueda percibir 360 tonos de color por medio del sonido. En esencia, se trata de un sensor que convierte las frecuencias lumínicas en frecuencias auditivas y las envía a un chip incrustado en su nuca. Es por eso por lo que Harbisson debe de ser el único hombre sobre la Tierra que puede, literalmente, escuchar El grito de Edvard Munch. “Ese cuadro suena muy disonante, igual que La Gioconda, de Da Vinci”, sentencia. El rojo le suena muy grave y el azul, muy agudo. “En cambio, obras con colores más puros, como las de Miró o Andy Warhol, suenan más armónicas”, explica.
El Eyeborg resultó ganador del premio británico de innovación Interface Design Europrix Multimedia Top Talent Award, celebrado en Viena en el 2004.
-Cuando camina por la calle, ¿cómo puede controlar los sonidos propios de la urbe y los que, además, le envía el Eyeborg?
-Tengo dos entradas de audio distintas, una por las orejas y la otra, a través del hueso. Los sonidos auditivos los oigo por los oídos y los sonidos visuales, por el hueso. Por lo tanto, ya no me confundo.
El aparato hace parte de su cuerpo oficialmente desde el día en que les ganó la batalla a las autoridades de inmigración del Reino Unido, que no le permitían renovar su pasaporte porque no podía salir en la foto con un dispositivo electrónico colgando de su cabeza.
Harbisson les dijo una y otra vez que se había convertido en ciborg y que el Eyeborg debería ser considerado una extensión de su cuerpo. Al final, y luego de decenas de cartas de su médico y de amigos, el Gobierno británico reconoció el aparato y la fotografía fue aceptada.
Desde entonces, se declaró su condición permanente y se convirtió en uno de los abanderados de los derechos de los ciborgs en el mundo, de quienes dice se les excluye y discrimina, pese a la obsesión tecnológica que nos rodea. “Dentro del vientre materno empezamos a desarrollar nuestros sentidos, pero ahora podemos seguir haciéndolo fuera de este con la incorporación de dispositivos electrónicos en nuestro cuerpo. En unas décadas será normal considerarlos como parte del ser humano y como nuestras extensiones”. De hecho, cómo no considerar a Stephen Hawking, a quien un aparato electrónico le procesa su voz, como un ciborg.
Por eso, luego de ganar la pelea del pasaporte, se quedó con el deseo de acumular otras victorias, no solo para sí mismo, sino para los demás. Así nació la Fundación Ciborg, que hoy preside. “Defendemos los derechos a usar la tecnología como parte del cuerpo. ¡Hay lugares públicos como cines, iglesias, centros comerciales y aeropuertos en donde se nos niega la entrada!”.
Ese es, quizá, su principal frente de lucha. El otro es el artístico, que intuyó desde que era un niño y pintaba perros verdes. Entonces, se dio cuenta de que no ver los colores acentuaba otros aspectos. “El color es una interferencia visual que en muchos casos distrae y no deja ver las formas con claridad”, explica. Y vino la que puede ser la osadía más grande en su vida: en Mataró (Barcelona) estudió bachillerato artístico porque quería ser un artista, aun ajeno al color, al que se refiere como un dios. “Sabes que está ahí, pero no puedes verlo”.
Hoy, en vez de plasmar en un papel o lienzo los ojos, los labios, el pelo y la piel de un rostro, lo que hace es apuntar las notas de cada parte de la cara para así crear un retrato sonoro. En otras palabras, en vez de un dibujo, el artista obtiene un archivo mp3. Cada rostro resulta una composición musical.
Harbisson está convencido de que todos somos ciborgs en potencia. “Estamos buscando crear un Eyeborg al revés, es decir, crear un sistema de visualización de sonidos, para que los sordos puedan ir a conciertos y ver los colores de la música”. Está seguro de que la tecnología no solo puede ayudar con las discapacidades, sino crear nuevos sentidos. “No olvidemos que el simple hecho de llevar tecnología en el bolsillo es la transición para convertirse en un ciborg”, remata.

Publicado el 20/06/2012 en Variado. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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