Energía renovable desde las entrañas de la tierra

Freddy Pérez Cabrera

Al igual que el profesor Otto Lidenbrock, protagonista principal de la famosa obra de Julio Verne, Viaje al centro de la Tierra, el hombre que tengo frente a mí emprendió hace más de 30 años su propia expedición al interior de las montañas del Escambray, empresa que aún lo fascina y de la cual no logra desprenderse.

Desde la sala de cuadros se controlan las variaciones en la frecuencia del sistema.

Divardo Silverio Sánchez es su nombre. Labora como operador de turbinas hidráulicas en la mayor hidroeléctrica del país, ubicada en la zona conocida como El Salto del Hanabanilla. Llegó allí muy joven y ya peina canas. Con un orgullo que no le cabe en el centro del pecho nos dice: «este ha sido mi único centro de trabajo».

A pesar de vivir en Cumanayagua, distante a más de 20 kilómetros de la entidad, siempre llega temprano, porque «esto se quiere como a un familiar muy cercano», expresa con satisfacción el experimentado obrero.

Mientras manipula la pesada válvula ladea la cabeza y nos dice «aquí el ruido es ensordecedor y uno está como aislado del mundo, pero no crea, periodista, la hidroeléctrica tiene una magia extraña que te atrapa. Haber vivido tanto tiempo en las entrañas de la tierra, a más de 300 metros de profundidad, es algo fascinante, y hasta un poco arriesgado, sin embargo, aquí pienso jubilarme», expresa Divardo, uno de los 72 trabajadores de la entidad villaclareña que está próxima a cumplir sus primeros 50 años de vida produciendo energía eléctrica de la manera más barata posible.

Un poco de historia

El embalse nombrado Hanabanilla, palabra que en lengua aborigen quería decir «pequeña cesta de oro», resulta un calificativo muy bien merecido, atendiendo a los incomparables valores atesorados por esta región perteneciente al municipio de Manicaragua. También pudo haber dado su nombre a la zona la joven princesa Hanabanilla, hija del cacique Arimao, uno de los más respetados de la Isla.

Divardo Silverio labora como operador de turbinas hidráulicas en la mayor hidroeléctrica del país.

Estas tierras fueron bendecidas por la naturaleza. Varios ríos confluían en lo que se dio en llamar el Valle de la Siguanea, bondades aprovechadas por el hombre para fomentar la maravillosa obra ingeniera.

La construcción de la hidroeléctrica, que hoy lleva por nombre Robustiano León, comenzó a principios de los años 50 del pasado siglo, y entró en funcionamiento de manera oficial el 11 de enero de 1963, bajo el seguimiento del Comandante Ernesto Che Guevara, quien por aquellos años se desempeñaba como ministro de Industrias.

Energía muy barata

La idea de fomentar proyectos como este estuvo muy relacionada con su sostenibilidad, atendiendo a que la energía hidráulica, junto a la eólica, constituyen formas muy baratas de producir eléctricidad, lo cual se traduce en un considerable ahorro de combustible, a la vez que dejan de emitirse toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

El acceso al corazón de la planta se produce a través de un impresionante tramo de ferrocarril de 348 metros de longitud y 42 grados de inclinación. Por allí transitan los obreros y técnicos de la entidad, además de todo cuanto se necesite para el buen funcionamiento de la instalación.

Con una disposición para entregar 43 MW h, cuando sus tres unidades generadoras se encuentran a plena capacidad, la mayor hidroeléctrica de su tipo en Cuba tiene la función de regular las variaciones producidas en la frecuencia secundaria del sistema electroenergético nacional, de acuerdo con la explicación del especialista Nivaldo Pérez Suárez, planificador de mantenimiento de la industria.

Señala, además, que tras pasar por las máquinas, el agua sale a través de un túnel subterráneo de seis kilómetros y medio de longitud, hasta la estación de bombeo de Paso Bonito, a fin de abastecer del preciado líquido a parte de las provincias de Villa Clara y Cienfuegos.

Añade el técnico que al principio solo tenían la función de apoyar al Sistema Electroenergético Nacional en el llamado horario pico, aunque luego, ante el incremento de la demanda de energía, comenzaron a tributar prácticamente las 24 horas del día.

Muy próxima a los potentes equipos que son movidos por la fuerza de las aguas provenientes del lago, se encuentra la sala de control, desde la cual el técnico Roberto Más Martín vigila el comportamiento de la frecuencia, disponiendo para ese fin de modernos aparatos capaces de actuar de manera automática en caso de producirse una alta o baja demanda.

Este es un trabajo muy interesante, que antes se realizaba de manera manual, sin embargo, ahora todo está computarizado, lo cual nos alivia de tensiones innecesarias, asegura el especialista, quien se refiere, además, al considerable ahorro de combustible que ha significado esta hidroeléctrica en su casi medio siglo de existencia.

Publicado el 12/07/2012 en Ciencia, Variado. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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