Guerra sicológica y política (#cuba #eeuu #dominicana)

por  Arnaldo Musa

Pudiera parecer increíble décadas atrás, pero en el soezmente llamado traspatio del imperialismo, décadas después del triunfo de la Revolución cubana surgieron y se afianzaron las primeras reacciones en el mundo contra el despojo del capitalismo del mercado global de EE.UU. y la Unión Europea, en los pueblos y gobiernos de América del Sur y Centroamérica.

En estos tiempos en que la brutal guerra armada, directa, es precedida y seguida por la sicológica, es importante tener en cuenta que armas efectivas contra la desinformación y la propaganda son la desconfianza y el conocimiento.

Por eso, y mas en las condiciones en que Cuba, en un mundo de la información controlado por el imperialismo, se debe saber que esta guerra sicológica entra de lleno o forma parte de algo mas amplio, que es la guerra politica. Por tocarnos muy de cerca, pudiéramos ejemplificarlo con la Operación Peter Pan, que dejara sin familia, sin nacionalidad, sin identidad cultural, sin asidero ético, sin vida espiritual, a 14 000 niños y adolescentes cubanos, que fueron enviados a Estados Unidos para “salvarlos” de los “macabros” efectos de una ley “fantasma” que el Gobierno revolucionario jamás concibió y mucho menos promulgó: la “tenebrosa” Ley de la Patria Potestad, la misma que mantuvo secuestrado en Miami al niño náufrago cubano Elián González, un nuevo Peter Pan de finales del siglo XX.

Ignacio Ramonet dice en La tiranía de la comunicación que la introducción de los multimedia ha supuesto una auténtica revolución en los campos informativo, comunicacional y económico. El autor habla de la formación de un mercado donde las empresas de informática y comunicación se están fusionando, siendo Internet el más claro exponente de esta nueva red de comunicación mundial. Pero esto conlleva una seria amenaza para los ciudadanos, debido a que existe la posibilidad de ser manipulados mentalmente por los media (comunicación de masa) de forma mucho más sutil, y, por lo tanto, más peligrosa.

Todo ello conlleva a señalar que la política golpista de Estados Unidos continúa invariable.
Durante la Guerra Fría las potencias occidentales presentaron al comunismo como amenaza (para el capitalismo), lo que facilitó en Latinoamérica la oleada de desestabilizaciones, golpes de Estado y dictaduras inducidas por EE.UU.

En la década de los 80’s el riesgo para el sistema capitalista estaba mermando en el continente, a lo que se sumaba el proceso de deterioro de la Unión Soviética, acelerado por EE.UU. con la amplificación de la corrupción interna y la brutal carrera armamentista, todo ello financiado por la mayoría de los países occidentales mediante el dólar, como moneda de transacción internacional.

Las dictaduras latinoamericanas, desprestigiadas por su secuela de represión y desapariciones, comenzaron a ser inservibles para los intereses de EE.UU., donde nació el “Proyecto Democracia”, cuyo objetivo fue promover una oleada de “democracias” tales que, sus dirigencias se identificaran con los valores estadounidenses y garantizaran el poder a las élites, no a los pueblos.

En los 90’s el colapso de la URSS y su entrada al capitalismo marcó un “disparador” para la irrupción del liberalismo económico adaptado para las seudodemocracias de América Latina, según la matriz ideológica ideada y exportada desde los centros norteamericano y europeo (con la consabida apertura de mercados internos, desregulación económico-financiera, privatizaciones, el papel del Estado restringido a facilitar la acción de los mercados, la mercantilización de la salud y educación pública, y el Libre Comercio, entre otros).

Una década fue suficiente para aumentar dramáticamente la asimetría en la distribución de la riqueza de la población, con una enorme concentración de capital en pocas manos locales y un drenaje con características de saqueo por las multinacionales, banqueros y financistas de EE.UU. y Europa occidental.

Hacia fines de los 90’s, comenzaron a producirse en los países de América Latina las primeras reacciones contra la brutal exacción de todo tipo de sus recursos, surgiendo gobiernos denominados progresistas en lo político, pero que en distinta medida conservaron en lo económico-financiero aspectos de la doctrina liberal.

Sin embargo, aquellos países democráticos que buscan una mayor autodeterminación, defendiendo sus intereses nacionales, son presentados por los funcionarios estadounidenses y los operadores de sus redes mediáticas como una “seria amenaza para la seguridad y estabilidad de la región” y etiquetados como “populismos antidemocráticos”.

Por eso, si nunca dejamos de preguntarnos “por qué” y si sabemos el porqué, vamos a estar en condiciones de destruir cualquier subversión enemiga.

Publicado el 10/12/2012 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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