Derechos Humanos en Cuba: “El placer de un adiós” (#Cuba #Miami #España)

Yolanda Molina Pérez

Solo conocer que tu hijo necesita estar ingresado en esa sala resulta desolador, implica que en mayor o menor medida hay peligro para su vida, así que generalmente todas las madres que llegan allí llevan lágrimas en los ojos, y la primera impresión no ayuda…

Hay que esperar afuera mientras reciben y preparan al paciente, después vestirte con la bata de acompañante y eres informada de las normas generales de la sala, bastante restrictivas, parece que no hubiese nada bueno en el horizonte, pero no es así, estar en la sala polivalente de cuidados intensivos, más conocida como terapia intensiva, del hospital pediátrico Pepe Portilla, significa que usted y su hijo, están en muy buenas manos.

CUIDADOS INTENSIVOS

La doctora Sara Álvarez Reynoso es especialista de segundo grado en Pediatría, máster en Urgencias Médicas, profesora Auxiliar y Consultante de la Universidad de Ciencias Médicas, entre otras categorías científicas; ella funge como subdirectora de Atención al paciente grave en el Pediátrico y explica que la característica fundamental de la sala es el cuidado progresivo al enfermo, lo que implica atención constante y continua durante las 24 horas de cada día.

La entrega de guardia es un momento importante en que el<br /> turno saliente, informa al entrante sobre la evolución en las últimas 12<br />  horas.
La entrega de guardia es un momento importante en que el turno saliente, informa al entrante sobre la evolución en las últimas 12 horas.

Para ello cuentan con un equipo de nueve especialistas y más de tres decenas de enfermeras, pantristas, auxiliares de limpieza, técnicos de laboratorio, disponibilidad de servicios de Medicina Transfusional y de métodos diagnósticos como rayos x y ultrasonido, a los cuales pueden acceder en cualquier momento.

Niños comprendidos entre los 29 días de nacidos y 18 años de edad y con todo tipo de patologías, pueden ser atendidos allí, cada uno de ellos precisa recibir la atención en su cama, solo para intervenciones quirúrgicas o exámenes muy especializados son trasladados, la norma es que los expertos lleguen hasta ellos.

La calidad profesional y alto nivel científico de este colectivo laboral es uno de los aspectos que destaca el doctor Eddy González Ungo, especialista de segundo grado en Pediatría y Cuidados Intensivos, máster en Urgencias Médicas y Asesoramiento Genético, profesor Asistente y jefe de servicios de terapia Intensiva.

Aunque en materia de salud las estadísticas no son muy elocuentes, porque cada vida cuenta, la sala logra indicadores muy favorables, reconocidos incluso en el panorama nacional, con un 95 por ciento de sobrevivencia. La constancia y trabajo en equipo forman parte de un sistema de atención, que desconoce diferencias entre el día o la noche. También ocurre que festividades, celebraciones familiares, rutinas domésticas pueden quedar repentinamente interrumpidas ante complicaciones.

La doctora Liliana María Cueto, especialista de primer grado en Pediatría, Intensivista y máster en Urgencias Médicas, confiesa que los problemas de la sala van con ellos a su casa, que a veces sale de allí repasando cada decisión tomada, que llama por teléfono para mantenerse al tanto de la evolución y no deja de pensar en que hizo o pudo hacer y que otra alternativa tomar.

Los problemas de la sala llegan hasta la familia, admite que es imposible que las experiencias que viven no se reviertan en decisiones que toman con sus hijos; igual criterio tiene su colega Beatriz Nardiz Cáceres, también especialista de primer grado en Pediatría y máster en Urgencias Médicas, quien añade que ni siquiera le gusta que sus hijas salgan cuando está de guardia, para no tener otra preocupación.

Para todos, lo más difícil es enfrentarse a los familiares en el momento de notificar el fallecimiento, confiesan que ni se acostumbran a la muerte, ni logran resignarse a pronósticos fatales, cada día hacen el máximo por salvar vidas, con conocimiento, dedicación y rigor toman decisiones en fracciones de segundos, la práctica y constante superación son sus mejores aliados.

Es un criterio generalizado en la sala que la atención a niños graves tiene un componente muy importante, la madre, ella suele ser la que permanece junto al paciente, pero afuera es frecuente que numerosos familiares aguarden noticias y para ellos, hay también una atención diferenciada, con partes pormenorizados dos veces al día y respuestas a las numerosas interrogantes.

La superación constante y discusión de los casos en<br /> colectivo es una práctica cotidiana.
La superación constante y discusión de los casos en colectivo es una práctica cotidiana.

LAS MÁS CERCANAS…

Seño, enfermera, o el nombre de pila para acompañantes y hospitalizados con largas esta-días, se oye una y otra vez en la sala, ellas y ellos, que también hay hombres, son los que tienen un mayor vínculo con el enfermo y el familiar, por la naturaleza de su trabajo están más tiempo cerca, pendientes de cada detalle, muchas veces como intermediarias en una comunicación con los médicos, no por inaccesibles, sino porque a veces la jerarquía y los títulos trastocan el entendimiento.

Tampoco tienen tiempo para el error, al igual que los galenos comen a deshora, saben la hora de llegada pero no cuando terminan un turno, hay consenso general en la necesaria vocación para el ejercicio de la profesión.

Gilsa Hernández García licenciada en Enfermería, diplomada en Cuidados intensivos pediátricos y jefa de sala, hace hincapié en el compromiso profesional que asumen al cuidar niños con riesgos graves para su existencia y la satisfacción de recuperarlos y hacerlo con calidad de vida.

En tanto Yusely Lache Soto, enfermera intensivista y subjefa de sala, considera que requieren ser muy observadoras y certeras para visualizar cualquier signo de alarma.

María Julia Márquez, con dos décadas desempeñándose co-mo enfermera intensivista, añade destreza y desempeño para recibir pacientes y estar preparada ante la diversidad de cuadros y condiciones en que llegan.

DEL OTRO LADO…

Para médicos, enfermeras, técnicos y personal de servicio es un oficio, que lo ejercen con amor, sensibilizados con el dolor ajeno; con su responsabilidad desafían cada día la muerte. Personas como Yukima Santaya, Carlos Manuel Morera, Liana Rosa Columba, no tienen como agradecerle los cuidados que ofrecieron a Flavia, Aitana o Landy, y es que quien tiene un gesto de delicadeza con nuestros hijos nos conquista el corazón, pero para quien le devuelve la salud no hay palabras ni gestos suficientes para el agradecimiento.

Si todos reconocen la muerte como el peor momento, decir adiós a un paciente recuperado es una gran satisfacción por los lazos afectivos que se fundan en esa sala.

Ellos pueden tener la certeza de que quienes salen de allí felices con su prole sana, los atesoran siempre en el recuerdo con respeto y devoción.

Publicado el 20/12/2012 en Ciencia. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

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