Una mirada cubana en la red (#Cuba #España #Madrid #Miami #Mexico)

Enric Llopis

El periodista y bloguero cubano Iroel Sánchez no oculta su admiración por Mark Twain (1835-1910). El escritor estadounidense es conocido por su obra literaria (“El príncipe y el mendigo”, “Un yanki en la corte del rey Arturo” o “Las aventuras de Huckleberry Finn”, entre otros títulos) mucho más que por sus textos políticos y periodísticos, en los que además de un ácido sentido del humor esgrimía sus ideas contra el imperialismo. Twain tomó partido, en su trabajo político, a favor del pueblo filipino cuando Estados unidos impulsó la anexión de las islas, rechazó las políticas de los imperios británico y belga y manifestó su apoyo a los revolucionarios rusos. Pero, más allá del contenido concreto de sus escritos, recuerda Iroel Sánchez, “fue un autor de su tiempo que planteó ideas vigentes para siempre”.

Precisamente esta metodología, extraer aspectos singulares de la realidad y hacerlos trascender, es la que ha utilizado Iroel Sánchez en su libro “Sospechas y disidencias. Una mirada cubana en la red”, que ha presentado esta semana en la Asociación Valenciana José Martí de Amistad con Cuba. En el libro, el periodista y director de la enciclopedia cubana Ecured recoge una selección de artículos de su blog “La pupila insomne”, que en dos meses cumplirá su tercer aniversario. Tres años ya aportando elementos de análisis con los que contrastar el “pensamiento único” que los medios oficiales propalan sobre Cuba.

¿En qué contexto nace el blog de Iroel Sánchez? Lo define el periodista Pascual Serrano en el prólogo de “Sospechas y disidencias”: “En Cuba los blogueros opositores tenían dinero para conectarse a Internet en los hoteles, sus amigos estadounidenses y europeos les pagaban las computadoras portátiles y el alojamiento en Internet y les galardonaban con premios que incluían viajes y fondos económicos millonarios. En cambio, los blogueros que, insisto, desde su propia iniciativa y sin escribir al dictado de nadie, defendían la Revolución y denunciaban las mentiras que contra ella se hacían circular en todo el mundo, se conectan precariamente mediante la red que el estado cubano pone al servicio de universidades, periodistas, médicos o centros públicos; manejan una computadora mil veces reparada, no ven ni tocan ninguna moneda en divisa y comprueban cómo son silenciados por los grandes medios de comunicación extranjeros (…)”.

“ Sospechas y disidencias” incluye cinco bloques de artículos que abordan diferentes cuestiones: el sesgo de los grandes medios de comunicación cuando informan sobre Cuba; la intervención de los intelectuales en política; el tratamiento que los medios otorgan al fenómeno del “terrorismo”; las manifestaciones de la política exterior de los Estados Unidos y los retos que imponen Internet y las nuevas tecnologías. Todo lo que procede de Cuba se ha convertido en “objeto de sospecha”, resume Iroel Sánchez. “Por eso decidí dedicar la mayor parte de mis post al análisis de la información que circula en la red sobre mi país”.

Armado de prosa contundente y sutileza en el análisis, lo que hace particularmente sugestivos sus artículos, Iroel Sánchez disecciona la realidad y extrae su esencia. En un texto publicado el 7 de enero de 2011 (“¿Por qué coinciden ABC, El País y un connotado terrorista”?) parte, fiel a su metodología, de de los hechos concretos y los trasciende para llegar al principio general. El diario conservador ABC tituló un editorial del 6 de enero de 2011 con el abracadabrante “Cuba agoniza”, en lo que básicamente coincide con otro editorial de “El País”, “La agonía cubana”. Esto no resulta extraño, explica Iroel Sánchez, si se consideran los cables de Wikileaks en los que se informa del encuentro de los “jefes” de ambos periódicos, en tiempos de Bush, con el Subsecretario de Estado Norteamericano para América Latina. Por lo demás, ambos medios no tienen empacho en calificar con un escueto “anticastrista” a Posada Carriles, ex agente de la CIA y autor de varios actos de terrorismo, entre otros, la voladura de un avión civil cubano.

El análisis parte de la información fáctica publicada por ambos medios y concluye en el enunciado de una categoría: “Uno de los mitos que nos vende la llamada democracia occidental radica en la supuesta diversidad que permite la propiedad privada sobre los medios de comunicación, y cómo esta garantiza la expresión de todas las tendencias políticas”. En otro post de agosto de 2010 (“Banderas cubanas y fotos del Che para El País”), Sánchez rescata la entrevista que el diario del grupo PRISA realizó a la ciudadana cubana Yaquelín Lugo, quien expresaba su deseo de regresar a la isla. Sindicalista combativa y residente en España, Yaquelín denuncia cómo le rompieron un cristal donde había pegado una bandera cubana con la foto del Che. Sobre la información, Iroel Sánchez considera que El País, “tan preocupado siempre por la democracia y la tolerancia en Cuba, no se molesta ni emite juicio alguno por esta actitud intolerante”. E irónicamente, siguiendo estela de Mark Twain, propone el envío de banderas cubanas y fotos de Ernesto Guevara al rotativo.

Recorre los post del bloguero cubano la sangre caliente y el compromiso o, mejor, la militancia en una idea fuerza: la defensa de la revolución cubana. Nunca renuncia a mancharse ni acepta ver las cosas desde la equidistancia. Por eso encabeza un capítulo del libro con la célebre cita de Gramsci: “Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no debe dejar de ser ciudadano y partisano”. Y dedica un artículo al penúltimo libro de Pascual Serrano, “Contra la neutralidad”. También por esta razón, Iroel Sánchez titula su blog con el nombre de un poema (“La pupila insomne”) del escritor y revolucionario cubano Rubén Martínez Villena (1899-1934), otro ejemplo de lealtad a un ideario.

Tal vez sea este compromiso radical (desde la raíz) el que explique la animosidad del periodista cubano hacia quienes practican la impostura intelectual, caso del escritor Vargas Llosa. En un post de octubre de 2010, critica sus “servicios a la ideología dominante”, con “amables crónicas sobre la invasión norteamericana a Irak publicadas en El País” pero también con obras de ficción como “Travesuras de la niña mala” y “La fiesta del Chivo”. Pero Sánchez da un paso más (método que utiliza para trascender el episodio concreto) y extrae una lección general de la concesión del Premio Nobel al narrador peruano: “Resulta entonces lógico que personajes como José María Aznar, Carlos Alberto Montaner y periódicos como el madrileño El País y El Nuevo Herald de Miami no hayan ocultado su felicidad por la decisión de la Academia Sueca. Aunque Montaner tenga una causa pendiente en Cuba por terrorismo, como agente de la CIA; El Nuevo Herald haya sido premiado desde El País con el premio Ortega y Gasset; Aznar esté identificado con las políticas norteamericanas y Vargas Llosa sea articulista de plantilla del diario madrileño y autor estrella de la Editorial Alfaguara, ambos propiedad del Grupo PRISA”.

Los textos de Iroel Sánchez translucen un estilo grueso y rotundo, pero que a la vez incorpora matices y finura en el análisis. Se trata de post breves y con información cabal, que proporcionan “otros” argumentos sobre la realidad cubana. Estas pautas de trabajo intelectual las traslada, por ejemplo, al análisis de las guerras imperialistas, en las que también se embarra para informar. Sin medias tintas ni asépticas distancias. Con honestidad intelectual y desde los principios. “La intervención en Libia: ¿Extraña la puntería?” (21 de marzo de 2011) parte de los bombardeos de la “coalición” en el país africano y eleva el análisis, otra vez, al terreno de los principios generales: “Conociendo la experiencia en provocar los llamados <daños> de quienes lanzan las bombas se pregunta uno cómo han logrado los mismos ejércitos, con las mismas armas, evitar que aparezcan víctimas civiles en las imágenes de los fotógrafos y camarógrafos que la <intervención>. Sobre todo, cuando hace pocos días, fuerzas norteamericanas volvieron a masacrar a un grupo de niños en Afganistán”.

El último capítulo del libro (“Un instrumento revolucionario”) lo dedica el autor a analizar el rol de las nuevas tecnologías de la información: Internet, redes sociales y blogs. Si bien debe relativizarse la influencia de la tecnología para alcanzar la transformación de la sociedad –sobre todo, si es detrimento de la lucha en calles y plazas-, es cierto que estas herramientas no pueden dejarse en manos del enemigo (“Internet es un instrumento revolucionario que permite recibir y transmitir ideas, en las dos direcciones, algo que debemos saber usar”, decía Fidel Castro). Pero considerando siempre el control que el poder ejerce sobre las nuevas tecnologías (algo que recuerda Iroel Sánchez en el artículo “De Irán a Egipto: Usos y desusos de Internet ”). La red constituye un reto para partidos de izquierda y organizaciones sociales. “¿Hacia un ciberespacio socialista?”, se preguntaba Iroel Sánchez en un post de abril de 2012. Y respondía que el uso de Internet (en particular, de la blogosfera) supone una oportunidad para la profundización del socialismo en Cuba. Pero también con sus riesgos: el de “una brecha digital interna que favorezca la aparición de una ciberelite individualista desconectada de las realidades y necesidades de la mayoría de los cubanos”. Ambivalencia en la red.

Publicado el 14/05/2013 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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