#Egipto: Juegos de poder (#Cuba #EEUU #Europa #DDHH)

Por: Arnaldo Musa

Masacres en Egipto. EE.UU. e Israel, principales beneficiarios —no los únicos— del derrocamiento del presidente constitucional Mohamed Mursi.

De Egipto trasciende la crueldad de la represión con buldócers y armas de fuego por un ejército contra una desarmada población mayormente musulmana, que hace aumentar la cantidad de asesinados y el repudio mundial por la masacre, sin que  Washington la condene y califique la acción castrense, dice que está expectante y solo toma tibias medidas, como la de suspender ejercicios conjuntos. La matanza generalizada se inició con los ataques del ejército a los campamentos de manifestantes en Rabaa al Adawiya y la Plaza al Nahda que exigían el retorno al poder del derrocado presidente Mohamed Mursi, con un saldo de miles de muertos y heridos, lo cual el repudio hasta gobiernos occidentales aliados del norteamericano que nunca repudiaron el golpe de Estado.  

La masacre expone, una vez más, los juegos de poder que Estados Unidos pone en acción en la región.

Estados Unidos, desde el derrocamiento de Mursi, se ha negado a suspender la ayuda militar para el gobierno militar egipcio, que llega a los 1 300 millones de dólares anuales.

Cabe recordar que el gobierno de facto decretó el estado de sitio por un mes en todo el país con toque de queda desde las 19 horas hasta las 6 de la mañana. Las medidas represivas del Gobierno generó disidencias internas, de las cuales la más resonante fue la renuncia a su cargo del vicepresidente de Egipto y premio Nobel de la Paz en 2005, Mohamed El Baradei.

En las últimas horas las autoridades anunciaron el cierre indefinido del paso de Rafah, que comunica con la Franja de Gaza, al tiempo que la Hermandad Musulmana llamó a la población a proseguir las manifestaciones, hasta la renuncia del gobierno interino de Adli Mansur y la reposición de Mursi.  Esta es la situación de las últimas horas, posiblemente de las próximas, como manifestación del rechazo a los crímenes cometidos por las fuerzas de seguridad por decisión del actual equipo gobernante,  EE.UU. instó a los militares egipcios a que detengan la represión contra los sostenedores de Mursi, y abogó por una pacificación por los mismos temores de sus aliados en el Medio Oriente, sobretodo en un momento en el cual Washington intenta resucitar a las moribundas negociaciones de paz en el conflicto palestino-israelí, y debe contar con el apoyo de un Egipto estable.

Israel encendió la luz de alarma desde que las Fuerzas Armadas egipcias derrocaran a Hosni Mubarak. Este les había asegurado un frente sur calmo por varias décadas, sobre todo porque los militares egipcios fueron la base que aseguró el predominio de EE.UU. y sus aliados desde que El Sadat se pasara al bando occidental, tras la firma de la paz en 1979 en Camp David con su archienemigo Israel.

La estabilidad de su sucesor Hosni Mubarak era apuntalada por los millones de dólares que aportaba Washington a las fuerzas armadas egipcias y por ello constituían una garantía para el Estado sionista. Los actuales golpistas también son preferidos por Israel, ya que los Hermanos Musulmanes apoyaron a Hamas al principio de su mandato y en la actualidad Tel Aviv teme que la resistencia popular a los militares termine siendo canalizada por los extremistas jihadistas.

Ya se han producido ataques misilísticos desde el Sinaí contra el sur de Israel –con la correspondiente exagerada represalia israelí (ataque con drones y el acostumbrado saldo de víctimas) lo que refuerza el interés de los israelíes por el afianzamiento del nuevo gobierno de su vecino.
Asimismo, los  militares que acaban de llevar a cabo un golpe de estado, además, reciben dinero de Arabia Saudita y controlan el 25% de la economía del país. Washington, a cambio, espera de los gobernantes del país africano, a nivel interno, sean capaces de dar estabilidad al sistema (aunque utilicen métodos de Mubarak o sauditas), y a nivel externo, lealtad a los intereses estratégicos de EE.UU. y, principalmente, no molestar al vecino israelí.

El principal pecado de Mohamed Mursi fue su incapacidad de garantizar el orden interno. Continuas protestas de distintos sectores de la población, que culminaron en la recogida de unos 20 millones de firmas por el movimiento Tamarod (Desobediencia), encabezado por El Baradei y otras personalidades, ofrecieron la oportunidad de oro al Ejército-Pentágono para impedir que en la plaza de Tahrir las protestas tomaran un tono anti-estadounidense, ya que muchos carteles culpaban a EEUU —en concreto a su embajadora Anne Patterson— de proteger a Mursi y ser corresponsable de las calamidades del país.

Los uniformados, acusados de gravísimas violaciones de los derechos humanos, reaccionaron rápido, se pusieron el disfraz de demócratas y cumplieron con el deseo de los manifestantes.

Que Obama en sus más recientes discursos evitara definir como  golpe de Estado lo sucedido, se debe a dos motivos: la ley de su país le impide ayudar a un país cuyo gobierno democrático haya sido depuesto por un golpe militar o decreto y que no quería que los egipcios vieran sus manos detrás de la acción militar.

Publicado el 19/08/2013 en Política y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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