Corazón adentro en una sala de neonatología. (#Cuba #tropa #venezuela)

Eduardo Palomares calderón

No es magia, sino un verdadero acto de profesionalidad, rodeado de sensibilidad, ternura y amor, lo que viven diariamente las especialistas y enfermeras, que en la sala de neonatología del Hospital Infantil Juan de la Cruz Martínez Maceira, salvan niños, justo acabados de llegar a la vida.

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Las doctoras Yasmina Parra (izquierda) y Cecilia Ramos.

Asumido por 46 consagradas mujeres, el servicio constituye el puntal de la institución en el tratamiento calificado de pacientes entre cero y 28 días de nacidos, remitidos desde los hospitales maternos o cualquier otra institución de Santiago de Cuba, con situación de salud apremiante, y fundamentalmente requeridos de intervención quirúrgica.

El delicado estado de cualquier recién nacido bajo peso, deprimido, afectado de fiebre alta, neumonía, infecciones urinarias y de la piel, con una meningoencefalitis bacteriana, o tras ser operado a causa de patologías del sistema digestivo, nervioso central o cardiovascular, refleja la importancia del desvelo de esas mujeres.

En consideración del doctor Rafael Rodríguez Moreno, director del hospital, pese a contarse con el equipamiento necesario para las 18 camas, que ahora casi se duplican con el alza de enfermedades respiratorias propiciada por el calor y las lluvias, los significativos resultados obedecen a tan especial colectivo.

LO MÁS BELLO DEL MUNDO

Detrás de los fríos cristales de la sala, se advierte el constante ir y venir y la vigilancia extrema a los equipos y a los pequeños. Lo mismo en el día, la tarde, la noche, que en la madrugada, siete especialistas y 39 licenciadas en enfermería del neonato, dan seguimiento a cada impulso de vida de los recién nacidos, cuyo estado de salud podría complicarse en apenas segundos.

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Mientras la madre de Yanny sonríe agradecida, la licenciada Rosa Castellano manifiesta la satisfacción por sus 39 años en neonatología.

No puede ser de otra forma —refiere la doctora Cecilia Ramos Camacho, con la autoridad de sus 25 años como especialista en neonatología—, porque estos son los pacientes más indefensos. No hablan ni pueden comunicar con un gesto preciso dónde les duele, pero reclaman su derecho a vivir.

“Por eso —agrega—, además de estudiar constantemente la sintomatología de las más variadas patologías, nos vemos permanentemente diagnosticando, identificando si el llanto obedece a un dolor, si lloran por hambre o por frío”.

Estas peculiaridades hacen que no se deje de estudiar nunca, que la exigencia y el rigor de las guardias se multipliquen, pero al decir de la doctora Yasmina Parra Pérez, especialista en Medicina General Integral y en Neonatología, “esto es lo más bello del mundo. Nada se compara con salvar una vida de esta edad, y aunque sufrimos y lloramos, en la inmensa mayoría de los casos tenemos la infinita satisfacción de compartir la alegría con los padres del bebé salvado, pues en lo que va de año, por ejemplo, el índice de supervivencia es de 98,9 %”.

Una niña nacida el pasado domingo, en el Hospital Materno Tamara Bunque, con una malformación anorrectal, partió temprano el lunes hacia la correspondiente intervención quirúrgica en el Pediátrico Sur, acompañada de la doctora Rebeca Massis Cobas, la propia neonatóloga que en su guardia dominical recibiera el caso.

“Estuvo 24 horas con ella —explica la doctora Parra Pérez—, pues si en otras especialidades se transfiere el caso en la entrega de guardia, por el sentido de pertenencia que nos hace sentir un poco madres de todos los ingresos, asumimos el compromiso moral de que quien recibe esos casos aquí o en la Sierra Maestra, no se separa del niño hasta que pase la urgencia”.

LA FELICIDAD COMPARTIDA

Con los pequeños dormidos en la incubadora, las cunas térmicas o simplemente en las cunitas, rodeados según el caso de equipos de ventilación, de monitoreo de los signos vitales y ultrasonido, de bombas de infusión y demás medios, la sala realmente impresiona, pero basta constatar la profesionalidad del colectivo para compartir su optimismo.

“Aquí —señala la doctora Ramos Camacho—, el país ha hecho un gran esfuerzo, pese al genocida bloqueo económico, comercial y financiero de la potencia más poderosa de la tierra, para que no falten los equipos ni los medicamento necesarios. Sin embargo, hemos incorporado la medicina natural y tradicional, mediante el efectivo empleo de la terapia floral y energía reiki en enfermedades respiratorias”. Y agregó que una terapia importante para ellos son los padres. “Ellos representan un complemento básico en la atención al neonato”, afirma.

“Su comprensión e interrelación —precisa—, se logran a través de las entrevistas, la veraz y actualizada información sobre el estado del hijo, y en el adecuado trato a una madre dolida de la afección de su bebé y el malestar del parto, que solo entra a lactar cada cuatro horas, en una sala cuyo nivel de esterilización no admite acompañantes”.

Esa es la razón por la cual, transcurridos ya 12 años, tanto la madre de Dayana Matos Miclín como muchos en la sala, recuerden la estancia por 19 días de la entonces recién nacida, o que hoy mismo mientras la mamá de Yanny Castellano Hurtado sonríe, su abuela reconozca la abnegación del colectivo.

Cerca de cumplir los 40 años de labor en la sala, la jefa de enfermería, licenciada Rosa Castellano Rodríguez, recuerda en el caso de la hija de una enfermera del centro, nacida con una ictiosis, cómo todas querían aplicar el tratamiento en la piel de la pequeña, matriculada ya en ingeniería mecánica.

No es necesario decir que la medicina en Cuba es gratuita o lo que cuesta salvar una de estas pequeñas y hermosas vidas, pues nada es comparable al feliz momento de ver salir del hospital a la madre que parte llevando al pequeño en los brazos.

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