El cuento de la buena pipa (#Cuba)

Por Jorge de Armas

Conocí  a Carlos García Pérez, director de Radio Martí, en diciembre de 2011. No por méritos propios, más bien por el ejercicio impropio de algunos que contrataban mis servicios.

Quien quiera descubrir cuan abyecta puede ser la utilización del nombre de Cuba a favor de beneficios personales, debe trabajar, un tiempo, cercano a los líderes del exilio histórico, los Presidentes de Asociaciones, directores de periódicos, decanos de colegios de periodistas, jefes de brigadas de asalto, Presidente de la República de Cuba en el exilio, todo aquel que, en nombre del amor a Cuba, se estampe un título delante de su apellido y viva de la gloria efímera comprada con los millones de la “libertad” de nuestra Isla.

Pues conocí a Carlos García en su oficina de Radio Martí.  La persona con la que iba, me había encargado que montase un material, una entrevista a Sara Marta Fonseca, a partir de unos trozos traídos súper secretamente de Cuba en un teléfono celular, y utilizando el pretexto de su desconocimiento técnico, me invitó a esta reunión.

Carlos García  -que en aquel entonces, todavía no se había enredado en el concurso de las motos que nunca se entregaron, ni había desgañitado en contra del Cardenal Jaime Ortega lo que casi le cuesta el puesto-  es un señor muy amable y educado, que de vez en cuando suelta frases cubanísimas heredadas familiarmente, y las dice sin contradicciones con su discurso, es un americano cubano, simpático, nada petulante, aunque un poquito soberbio.

Visionó el material, le gustó, y le soltó a mi cliente lo siguiente:
“Estamos preparando un proyecto grande.  Queremos inundar Cuba de flash drives con noticias, videos, entrevistas, denunciando la represión y alentando un levatamiento popular.  Pero tenemos que ser inteligentes, no podemos hablar sólo de los disidentes o de los Castro, tenemos que enviar música, películas, tenemos que cambiar la estrategia.

La idea es que tengan un internet sin internet, constantemente actualizado, comparando lo que están viviendo con lo que ha pasado en el mundo. Y este video que nos traes está muy bueno para nuestro proyecto”
Recordé esto a propósito del artículo del Nuevo Herald “Conecta Cuba” escrito por Juan Tamayo que retrata aquel proyecto de Radio Martí del cual escuché hace ya dos años.

Conecta Cuba, sorprende por varias razones. Es una continuación, en la era tecnológica, del programa que distribuía información a través de la SINA, en resúmenes de noticias,  a artistas, intelectuales y personajes escogidos de la sociedad cubana, el cual. A su vez es heredero del primer Radio Martí, y éste del servicio para Cuba de la Voz de los Estados Unidos de América.

El proyecto parte de una idea tan vieja como ineficaz.  Es curioso que se enmarque bajo el auspicio de la Fundación Nacional Cubano Americana, en un momento en que ha perdido apoyos e influencia a favor del Consejo por la Libertad de Cuba.

Lo que no es curioso ni sorprende es que todo parta de una sola idea: recaudar fondos, ya vamos por 35.000 dólares, sólo para: “pagar por los costos iniciales de la campaña, tales como el website y su diseño” y que proclamen que “La campaña será anunciada el 8 de noviembre durante el evento anual de recaudación de fondos de la fundación”

En fin, dinero, dinero, y más dinero.

En aquella reunión con Carlos García Pérez, a la que fui, después lo supe, para mostrarle a él que existía “sangre joven” en la disidencia cubana, mi cliente le dice al final “necesito que me ayudes, en el 2013 celebro el aniversario cincuenta de mi organización, a ver si me haces un reportaje o algo”

Carlos le responde, “¿en el 2013? Ese aniversario lo trasmitimos desde Cuba”

Tan utópico como el proyecto.

Cuba necesita ser conectada, pero no a través de proyectos devenidos “planes en contra de”.

Sobre Cuba, y en relación con el acceso a internet, se han manejado diversas hipótesis.

La más socorrida es la de la ciberfobia gubernamental. No hay un acceso masivo a internet porque la autoridades no permiten que la información fluya con libertad.  Más allá de controles y sistemas de defensa lógicos debido el acoso a que Cuba está expuesto, esta teoría carece de fundamentaciones sólidas, tanto técnicas como políticas.

Es el propio gobierno de los Estados Unidos quien por una parte auspicia y desarrolla proyectos como Conecta Cuba, o redes paralegales de acceso a Internet, como la que intentó desarrollar el subcontratista Allan Gross en la Isla, además de generar figuras que utilizan el soporte tecnológico para atacar a Cuba;  y al mismo tiempo mantiene un bloqueo que le impide a Cuba conectarse a sus cables o satélites.

cables_around cuba

Cuba esta rodeada de una malla de cables submarinos que enlazan las Américas. Solo hasta 2011 Cuba pudo conectarse a un cable (ALBA-1) de este tipo tendido desde Venezuela.

Es una política cínica y perversa intentar desarrollar alternativas a la red cuando se mantiene un embargo que ha probado su ineficacia y que es contraproducente hasta para los intereses de los Estados Unidos.

La Isla necesita revisar su política de acceso a la red, establecer un programa social de alfabetización y culturización masiva de lo que Internet es y representa.

Las reformas económicas, el incremento del trabajo por cuenta propia, las nuevas relaciones sociales, así como los nuevos tipos de empleadores y empleados, las cooperativas, la pequeña empresa, necesitan de sistemas de comunicación e información basados en la web.  Una forma de luchar contra la corrupción, la empleomanía flotante, la burocracia intermedia e ineficaz, así como optimizar recursos y agilizar servicios a la población es desarrollar sistemas de comunicación entre el aparato institucional cubano y su cliente inmediato, el ciudadano de a pie.

Mientras exista una política hostil por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que ampare el acceso no regulado e ilegal a la red y al mismo tiempo impida a Cuba contratar legalmente servicios a través de proveedores geográficamente lógicos, es decir, norteamericanos o subsidiarios de empresas norteamericanas, siempre existirá la brecha que permita proyectos como Conecta Cuba y el fantasma de la ciberfobia se extenderá cómo única razón del escaso, limitado y caro acceso a la red de redes.

Eliminar el bloqueo, o establecer una licencia específica por parte del ejecutivo que permita la normalización de las relaciones comerciales en la esfera de las comunicaciones y las tecnologías de la información, posibilitaría que Cuba desarrollara, además, la infraestructura necesaria para dotar de acceso a sectores más amplios de la población.

La única manera de expandir límites es eliminando pretextos.  Aunar voluntades, buscar el camino, eliminar brechas de conflicto y normalizar una relación de vecinos.  Cuba ha dado muestras de querer dialogar, pública y reiteradamente. Los de aquí, bueno, los de aquí mantienen a Carlos García Perez, y se inventan una cosa a la que llaman, “Conecta Cuba”.

 

Publicado el 12/11/2013 en Bloqueo, Política y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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