Descubrirse en un nuevo cuerpo

Por Mayte María Jiménez

Como en cada experiencia y escenario de la vida, —cambiantes y diversos—, una nueva historia de amor trae consigo sus propios retos, no solo en el plano espiritual, sino también en la sexualidad, pues no siempre es sencillo dejar atrás y recomenzar el descubrimiento íntimo de esa otra persona, en toda su complejidad.

Se dice que quien aspire a dar el máximo en el terreno erótico, no debe iniciar sus futuras relaciones de parejas pensándose una lumbrera, sino que debe ser un curioso explorador de la sensualidad, los olores, sabores y la textura de la piel de ese nuevo amante, y sus respuestas ante una caricia, una mirada o un beso.

Sostienen los psicólogos, que luego de una relación larga e intensa, tiende a hacerse difícil explorar otros rumbos y nuevas personas en la intimidad, pues la lealtad de los sentidos es más constante que la fidelidad acordada en el plano social, y mientras se siente impregnada de la presencia del anterior ser amado, resulta difícil abrirse a nuevas aventuras.

Receptivo y cauteloso, el cuerpo tiene su memoria, de ahí que lo más inteligente sea aprovechar el caudal de experiencias anteriores para enriquecer el nuevo vínculo, y agradecer, más que repudiar, el conocimiento y el placer adquirido en cada experiencia de vida.

De ahí que en situaciones de ruptura y continuidad, depende de la madurez de ambos, y de cuán al tanto han estado de las historias previas, que el diálogo transcurra antes o después de iniciar relaciones.

Por otra parte, tampoco hay que avergonzarse de los resabios heredados o los placeres que antes nos negamos y ahora aprendemos a incorporar, ya que siempre hay tiempo para deconstruir prejuicios y levantar conocimientos nuevos.

UN NUEVO COMIENZO

Si el amor terminó con la pareja anterior, la opción más honesta, —advierten los psicólogos— es abordar a alguien totalmente nuevo, aunque a veces se dilate ese momento por temor a que los viejos hábitos de alcoba paralicen y terminen luciendo poco diestros en el amor.

Esa es una duda natural en el proceso de duelo que genera toda relación perdida. Lo importante es respetar los tiempos para sanar heridas, y cuando se decida retomar el curso de la vida sexual se debe apelar a la honestidad y hablar sobre las expectativas de ambos hacia el acto amoroso.

Entonces se hace oportuno saber incorporar las viejas experiencias a la relación sin herir sentimientos, ni alardear de los recursos aprendidos con tal o más cual amante y, sobre todo, sin dudar de la autenticidad de las caricias recibidas o las sensaciones que despertamos en la otra persona.

Lo mejor es tantear el camino con flexibilidad, ceder y probar, seducir con novedosos abordajes, ajustarnos a sus gustos e invitar a compartir también sus fantasías y experiencias de un modo que no resulte incómodo para ninguno de los dos.

Claro que, ello no significa que a mayor número de parejas se aprenda más, sino que cada quien debe lograr autenticidad en esa búsqueda de la sensualidad propia y vivir tan intensamente como lo crea propicio.

Tampoco está bien prometerse que empezarán de cero, porque siempre quedan huellas, modos de hacer y de entregarse, rutinas a las que no tiene sentido renunciar si el cuerpo sabe cuánto le funcionan y tarde o temprano las demandará como algo necesario y placentero.

Una vez dado el paso de continuar, lograr una pareja sexualmente plena no es don que se herede ni habilidad que fluya de inmediato. En materia de sexo nadie nace sabiendo, por tanto, fingir maestría o castidad para no herir susceptibilidades perjudica el desempeño de ambos.

SIN CULPAS NI PREJUICIOS

Las trabas para comprender el erotismo y experimentarlo sin culpa son reminiscencias culturales, en las que la pureza espiritual se asociaba a la negación del placer, con la intención de identificar la sexualidad humana solo con el plano básico de la reproducción de la especie.

Sin embargo, la plenitud exige disposición para recibir caricias sin remilgos ni condicionamientos, y también para colmar las fantasías ajenas. No se aspira a la cima sin tantear las sinuosidades de la montaña, o sea, nadie puede aventurarse a descubrir otro ser sin demostrarle día a día una prudente complicidad para adaptarse a sus necesidades, e incluso despertarle nuevas.

Toda pareja debe ser, en esencia, un espacio de confianza, un ambiente donde no hace falta forzar las apariencias ni esconder defectos o ventajas por miedo a sentirnos incómodamente vulnerables, expuestos al abandono, la comparación y el ridículo.

Descubrirse ante ese otro ser, sin tabúes ni prejuicios, sin reproches ni temores, no será solo parte de la continuidad de la vida, sino un “mágico” puente para reencontrar el placer, y llegar a la intimidad desde una forma auténtica y profunda. Y por qué no, reencontrar también el amor.

Publicado el 18/11/2013 en Salud, Sociedad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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