Che

 

Che

María Carla González/La Santa Mambisa

Los hombres singulares, esos que son especiales para la gente, que construyen los caminos y dejan su huella en el futuro, no mueren, son eternos y se multiplican en millones, su ejemplo de humildad y su pasión revolucionaria se funden con el tiempo.

El Che es uno de esos hombres que iluminan Nuestra América y sirve de inspiración a todos los pueblos del mundo en su lucha por alcanzar los derechos sociales arrebatados por las burguesías.

Su forma de poblar las mentes y el alma de los pueblos, y muy especial del pueblo latinoamericano, es muy diversa, incluso en Bolivia se le atribuyen milagros y hasta se le compara con Cristo. Un Cristo que confió su fe en el mejoramiento humano y ofreció su vida a cambio de un futuro decoroso para la Humanidad.

El legado de este hombre extraordinario nos impulsa a continuar trabajando por alcanzar la plena independencia de aquellos pueblos oprimidos todavía y nos recuerda la importancia de defender a toda costa lo logrado, dígase la Revolución Cubana, la Revolución Bolivariana, los gobiernos progresistas como Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y el proceso de integración en consolidación a través de la CELAC y la UNASUR, siendo garantes de la soberanía alcanzada e impidiendo la injerencia de las potencias imperiales en los asuntos internos de nuestras naciones hermanas. Defendiéndonos unos a los otros como ramas de un mismo árbol plantado en la fértil Madre Tierra.

Lo cierto es que fue un hombre de acción y pensamiento, compañero, solidario, valiente, intransigente, humano, fuente de inspiración de lucha, y hasta poética. Muchos y valiosos hombres de las artes se inspiraron en él para realizar sus más sentidas creaciones.

No es necesario haberlo conocido para amarlo porque habló y actuó por nosotros, porque fue nuestro hermano y por eso retoña en cada hoja de nuestro árbol.

El Che es hoy el latir de Latinoamérica viva.

Che

 Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Poema de Julio Cortázar

Publicado el 09/10/2014 en Cuba, Historia y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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