Nuestro antiimperialismo no se negocia.

bandera-estados-unidos-cubaRicardo Estévez*

Ya ha pasado casi una semana, desde que el Secretario de Estado John Kerry dejara oficialmente inaugurada la embajada estadounidense en Cuba, y todavía se oyen los ecos de estos sucesos en cuanto espacio exista para exponer un comentario. No es para menos pues estamos viviendo un momento trascendental en la historia de ambos países, a pesar de los ladridos que aún se oyen en la Casa Blanca en boca de un pequeño grupo de extremistas anti-cubanos.

Yo, por supuesto, quiero ser parte de este momento y exponer mi opinión sobre estos y otros hechos que se han venido sucediendo en estos memorables días. Quiero, ante todo, compartir el sentimiento generalizado que existe hoy en el pueblo cubano de satisfacción por compartir estos momentos junto a nuestros líderes históricos, Fidel y Raúl, quienes sembraron las semillas de los frutos que hoy estamos recogiendo.

A nadie le quepa duda, que si hoy estamos en este punto en las relaciones diplomáticas con EE.UU., es por nuestra intransigencia y apego a nuestros principios a los largo de estos 57 años de Revolución, es lo que los ha llevado a reconocer públicamente su fallida política contra nuestro pueblo.

No creo que hayamos dejado de ser antiimperialistas como ya varios medios han publicado, dejándose arrastrar por las matrices de opinión creadas y puestas en boca de alguien como parte del descrédito hacia nuestro país.

Primeramente decir que nuestro país siempre ha estado en disposición de normalizar las relaciones con los EE.UU. siempre y cuando se respetara nuestra soberanía e independencia, sin espacios para concesiones de principios; hay que estar claro que este proceso es indispensable dar solución a un grupo de problemas que afectaron o afectan a nuestro país, estamos hablando de la eliminación del bloqueo económico, comercial y financiero, la devolución del territorio ocupado ilegalmente como Base Naval en Guantánamo, el regreso de nuestros Cinco hermanos luchadores antiterroristas, el enfrentamiento a los principales delitos internacionales o la compensación por las víctimas del terrorismo y los daños económicos hechos a nuestro pueblo, por citar algunos ejemplos.

Tampoco se puede dejar atrás los lazos que siempre han unido a nuestros pueblos, desde el aporte dado por las mujeres cubanas a la Guerra de Independencia de las Trece Colonias hasta el valor del joven norteamericano, Henry Reeve, quien se unió a la causa emancipadora cubana hasta convertirse en General de Brigada del Ejército Libertador.

Nunca hemos sido enemigos del pueblo estadounidense, por el contrario Fidel siempre nos enseñó a respetarlos y conservar esos lazos que nos unen en la historia, muy diferentes a las políticas que sus gobiernos han dirigido contra Cuba. Ejemplos hay muchos, solo recordemos cuando el huracán Katrina azotó la ciudad de Nueva Orleans en el estado de Louisiana que nuestro país fue el primero en brindar ayuda humanitaria, para lo cual se creó el contingente de médicos internacionalistas Henry Reeve, o los cientos de ciudadanos estadounidenses de las clases más bajas que estudian hoy, gratuitamente, en la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Tampoco olvidar la solidaridad mostrada hasta nuestros días por la organización Pastores por La Paz para con nuestra nación, encabezado por el Pastor y activista social Lucius Walker o el movimiento de solidaridad con Cuba en el propio territorio norteño que fue pieza clave en la lucha para la liberación de nuestros Cinco Héroes. A la memoria de Lucius Walker y a quienes como él fueron baluartes de solidaridad con Cuba y han batallado históricamente por la unión de nuestros pueblos, todo el respeto.

Kerry no recibió una ovación negativa, como suele ocurrir en la mayoría de los países a los que acude un funcionario del gobierno estadounidense, porque su visita no tenía como objetivo conspirar contra algún gobierno en la región, ni trazar tratados internacionales que favorezcan a las transnacionales, ni coordinar el asentamiento de bases militares, por solo citar algunos ejemplos; por el contrario su visita tenía como objetivo restablecer las relaciones entre dos países que llevaban 54 años sin relaciones diplomáticas.

Sólo agregar que nuestros principios son invariables y así se los hemos dejado claro al gobierno en cuanto diálogo previo se haya realizado para llegar a este punto clímax. Si hemos llegado hasta aquí ha sido precisamente por ser antiimperialista y el prestigio ganado en la región. No se equivoquen.

*Administrador Blog Miradas Encontradas

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