Socialismo y religión: Un sacerdote cubano con estrellas de Comandante

Tomado del sitio digital cubaminrex.cu

El cura católicocomandante del Ejército Rebelde Guillermo Isaías Sardiñas Menéndez nació el 6 de mayo de 1917 en la localidad de Sagua La Grande, en la región central de Cuba, hijo de una modesta familia católica. Cursó estudios en su ciudad natal y a los 12 años ingresó en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio para cursar la carrera eclesiástica, estudió también Teología en la Universidad Gregoriana. Ordenado sacerdote en Cienfuegos el 30 de noviembre de 1941 fue destinado a  la parroquia de Corralillos.

El sacerdote Sardiñas consecuente con su origen humilde, actuaba siempre con modestia y sencillez. Era un vecino más del pueblo, compartía con todo el mundo; jugaba al dominó; montaba a caballo, le gustaba el mar, la música e ir al cine. Organizaba fiestas para los jóvenes; hacía cuentos; jugaba al béisbol con  los niños y con los adultos en la novena del pueblo; visitaba a los campesinos, bautizaba a sus hijos, sin aceptar recompensa alguna. 

Trasladado a Palmira (actual provincia de Villa Clara) es precisamente allí, que el sacerdote Sardiñas por el cariño y respeto que se había ganado entre la población –ya en época de la dictadura de Batista–  es postulado por los vecinos para la alcaldía pero el obispo no lo autoriza. El padre Sardiñas no ocultaba en público su admiración por Guiteras ni sus simpatías por Chibás y la Ortodoxia.

En 1953, los acontecimientos del Asalto al Cuartel Moncada y la represión posterior lo conmueven profundamente. En 1954 es designado párroco en Nueva Gerona, Isla de Pinos. Por esa época conoce a Melba Hernández y comienza a militar en el “Movimiento Revolucionario 26 de Julio”. Combate la tiranía desde el púlpito. Hasta que decide acompañar al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra en 1957; ofició su primera misa en las montañas el 26 de julio de ese mismo año;  allí, se desempeñó como capellán del Ejército Rebelde. Fidel le encomienda enseñar a leer y escribir a los campesinos de la zona y a los miembros de la fuerza guerrillera.

Sus opiniones a favor de la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización y de otras medidas revolucionarias, su apoyo a Fidel y a la Revolución, le granjearon enemistades en el clero, hasta el punto de que algunos de ellos solicitaran al monseñor Evelio Díaz, que sancionara al padre Sardiñas, le pidiera su renuncia al sacerdocio o simplemente lo expulsara.

Después del triunfo revolucionario de 1959, el sacerdote-comandante de sotana verde olivo,  interrogado por un periodista que le formulara la pregunta de por qué se unió a los rebeldes respondería: “Me ofrecí porque sabía que eran cubanos necesitados no sólo de ayuda espiritual, sino porque yo me sentía parte del pueblo, que sufre y desea su liberación”.”Nuestro país tenía que reconquistar su libertad. Y no cabía la vacilación. Por eso partí para Oriente el 6 de junio de 1957″.

Y a otro periodista de Bohemia confesaría en 1959 sus sentimientos cuando conoció del triunfo revolucionario: “Por mi rostro descendían lágrimas cuando recibí la noticia. Me hallaba en las minas de Charco Redondo. Los hombres, las mujeres y los niños se abrazaban. Es imposible explicar lo que sentimos en ese instante. ¡Cuba era libre! (…) La guerra ha terminado. Cumplimos con nuestro deber de sacerdote y de cubano”.

Pero nada mejor para conocer quién fue esta persona singular que las opiniones de aquellos que le conocieron.

En las páginas del libro Fidel y la Religión, el Comandante en Jefe narra que: “…Se le dio el título de comandante en reconocimiento a su jerarquía y sus méritos. Cuando la reacción y el imperialismo trataron de utilizar la religión en contra de la Revolución, el padre Guillermo Sardiñas apoyó la expulsión de los sacerdotes que participaron en actividades provocativas y contrarrevolucionarias. El padre Sardiñas vistió hasta sus últimos días, una sotana verde olivo con los grados de comandante diseñada para él por Camilo Cienfuegos”.

Del padre Sardiñas diría Melba Hernández: “Él no ocultaba su pensamiento revolucionario, el pueblo y todo el mundo lo conocía (…) Usó el púlpito para condenar la tiranía”. “Ya fundado el Ejército Rebelde, nos planteó incorporarse a la Sierra y nos razonó lo útil que podía ser allí”.

El capitán Jorge Enrique Mendoza lo calific´´o como: (…) “afable, simpático, muy inteligente, con mucha agilidad mental, algo tímido y retraído a veces. Jaranero, bromista, pero cuando se ponía bravo, era de armas tomar”. “El padre Sardiñas era un compañero admirado y querido por todo el  Ejército Rebelde  comenzando por Fidel y Celia. Al Che y Camilo les vi gestos de inmensa admiración y amistad hacia él”. “No conocí jamás a un compañero del Ejército Rebelde que se expresara mal de él ni que lo rechazara”.

Juan Emilio Friguls, periodista y destacado laico católico lo reconoce como “un revolucionario que para servir a la Revolución no tuvo necesidad de abjurar ni de sus principios religiosos ni de su condición de sacerdote”.

Monseñor Fernando Prego, obispo de Santa Clara afirmó que el padre Sardiñas “logró compaginar las dos cosas y vivirlas a plenitud. No dejó de ser cura por ser revolucionario ni dejó de ser revolucionario por ser cura”.

Universo Sánchez, su primer jefe: “Inmediatamente que llegó fue asignado a mi escuadra. Aunque tenía pistola, no era un soldado de combate (…) Compartía totalmente nuestras ideas, incluso aquellas más radicales y profundas. Se fue ganando el cariño de la tropa por su modestia y sus cualidades personales”.

Cary Diego, jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité del Central del Partido Comunista de Cuba, al hacer uso de la palabra en el acto de conmemoración del 40 Aniversario del fallecimiento de Sardiñas expresó: “Llegó a convertirse en el primer sacerdote católico que se incorporó a una guerrilla revolucionaria en América Latina y tenía la sólida  convicción de que era necesaria una transformación radical que solamente podía realizarse a través de una Revolución y una extraordinaria confianza en Fidel Castro para lograrla, (…) Fue un soldado de la fe, un combatiente revolucionario y un cristiano verdadero que defendió a los desposeídos y para servir a la Revolución no tuvo necesidad de renunciar ni a sus principios religiosos ni a su condición de sacerdote, (…)”

El 21 de diciembre de 1964, el Comandante del Ejército Rebelde,  padre Guillermo Sardiñas Menéndez dejó de existir.

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