Evo Morales y la reelección en Bolivia.

Evo Morales

Alfredo Serrano Mancilla/CELAG

No queda otra que comenzar nuevamente por Angela Merkel. Siempre Alemania aunque esta vez el tema central sea el derecho a la reelección en el Estado Plurinacional de Bolivia. Seguramente hay quién se pregunte qué tiene que ver Alemania en este entierro. Y no le faltaría razón si no fuese porque Alemania, como ejemplo de democracia occidental para tantos analistas, no es cuestionada porque su actual Presidente se vuelva a presentar el próximo año para ser reelegida. Parece que lo que es valido para Alemania no sirve para Bolivia. Y así podríamos encontrar múltiples ejemplos en países que nadie cuestiona que el Presidente acuda a las urnas tantas veces como considere si la mayoría lo avala. Lo particular del caso es que cuando este asunto tiene lugar en Venezuela, Ecuador o Bolivia, se alza la voz en aras de cuestionar el carácter democrático del proceso político. Enseguida, comienza la campaña sobre la perpetuidad en el poder o sobre el populismo pseudo democrático. Todo ello con la única intención de constituir un imaginario lleno de símbolos deslegitimadores de Presidentes que tienen un amplio respaldo popular cada vez que acuden a las urnas.

Lo primero y principal para este caso, el de Bolivia, es aclarar un aspecto crucial que está pasando pretendidamente desapercibido en los medios dominantes. Lo que se está discutiendo hoy en día en Bolivia no es ninguna reforma constitucional aprobada por las cámaras en forma vinculante que permite a Evo Morales presentarse nuevamente en la próxima elección presidencial. No. Es preciso leer bien la letra pequeña. En Bolivia, lo que se acaba de sancionar es un conjunto de cambios a la Constitución Política del Estado que obligatoriamente han de someterse a referéndum el 21 de Febrero del 2016, entre lo que destaca la posibilidad de que Evo Morales se pueda volver a presentar como Presidente. Esta es la verdadera esencia del actual debate político en Bolivia: se propone una consulta popular para aprobar o no este cambio constitucional. Esto es lo que muchos medios están pasando por alto con el objetivo de poner en tela de juicio la huella democrática del proceso político boliviano. Un proceso, dicho sea de paso, que es de los pocos que tiene la valentía democrática de aceptar un revocatorio para el Presidente (o para cualquier autoridad electa) a partir de la mitad de mandato si así lo quisiera un porcentaje significativo de la población. Este hecho demuestra justamente el sentido dinámico democrático que tienen procesos como el venezolano o el boliviano, a diferencia de lo que acontece en otros, en los que ni siquiera las reformas constitucionales pasan por las urnas (véase por ejemplo España donde se cambió el artículo 135 que regaló la soberanía presupuestaria).

Evo Morales, este noviembre, cumplirá el record de más tiempo ininterrumpido como Presidente en Bolivia. Superará en esta marca a Andrés de Santa Cruz (1829-1839). No es un dato menor en un país que presumía precisamente del record contrario, esto es, en el gran número promedio de presidentes por año en las últimas décadas perdidas durante la época neoliberal. Esto es la muestra inequívoca del nuevo sentido común de época en Bolivia que considera a Evo Morales y todo lo que él representa un factor determinante del proceso de cambio a favor de las mayorías. Evo Morales no es un Presidente cualquiera para Bolivia ni para América latina. Quizás este sea el principal error analítico de aquellos que prefieren hablar de perpetuidad en el poder, o de populismo indígena. Evo Morales es indudablemente un presidente-pueblo que no necesita ningún curso de marketing político para parecerse a la gente de a pie. No lo necesita porque salió de las luchas de los ochentas y noventas. Porque fue migrante en su propio territorio como tantos otros bolivianos cuando el capitalismo se dedicó a poner en práctica programas de desestabilización y desajuste económico-social. Evo Morales fue el único que logró cohesionar a todos aquellos sectores sociales (campesinos-mineros-urbanos-indígenas) que venían siendo fragmentados por el capitalismo neoliberal. Así, Evo Morales aceptó ser en el año 2005 el candidato presidencial del instrumento político-electoral (el MAS) en base a dos grandes demandas de la mayoría: asamblea constituyente y nacionalización de los hidrocarburos. Y ganó esas elecciones contra viento y marea con el 53,74% de los votos. Desde ese momento en adelante, el Evo no es simplemente un individuo-candidato cualquiera como a veces lo considera el individualismo analítico. Es mucho más porque cristaliza, simboliza y materializa un amplio y profundo proceso de cambio a favor de la mayoría plebeya y subalterna. Es el principal articulador de un proceso acelerado de reapropiación de los sectores estratégicos. La redistribución del excedente económico a través de políticas públicas es fundamental en el proceso de transformación en favor del Vivir Bien. El Estado ha dejado de ser aquel Estado Aparente Corporativizado heredado para convertirse en un Estado protagónico garante de derechos sociales. La economía boliviana, mal que le pese a los agoreros y a pesar del adverso contexto económico mundial, va por muy buen camino en clave de crecimiento pero también es cada vez más humanizada y democratizada. La recuperación de la soberanía ya no es ningún eslogan. La reapropiación de lo propio es hoy en día un hecho incuestionable.

Por todo ello, desde ese entonces, Evo ganó cada vez que fue a las urnas. Y lo hizo mucho más que cualquier otro Presidente europeo de turno. Venció en el revocatorio del año 2008 (con el 67,43% de los votos); ganó en el referéndum constitucional del año 2009 (61,43%); y ese mismo año también obtuvo la victoria en las elecciones presidenciales (64,22%); por último, en octubre del 2014 Evo Morales fue reelecto Presidente de Bolivia con el 61,36% de los votos; en esta ocasión, se ganó en ocho de los nueve departamentos y se obtuvo más de dos tercios del Legislativo.

Este apoyo continúo que tiene Evo Morales en Bolivia es la verdadera razón, tanto adentro como afuera, de tanta impugnación al referéndum sobre la reelección. Los que no saben ganar electoralmente buscan las excusas y subterfugios para cuestionar a Evo Morales. Los que no tienen un proyecto alternativo para la mayoría boliviana son los mismos que buscan algo a lo que aferrarse que vertebre un discurso hasta el momento vacío en propuestas. Y ahora lo hacen por la vía más absurda: oponiéndose al derecho a votar de los bolivianos para que decidan si quieren que su Presidente se puedan volver a presentar. Es cada día más preocupante y alarmante que ocurra tan frecuentemente que aquellos que presumen de democracia sean los mismos que se opongan a la hora de convocar a la ciudadanía al voto. Hace unos meses, los autodenominados demócratas veían como gran peligro y tragedia que hubiera referéndum en Grecia; hoy, los mismos se manifiestan en Bolivia.

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