América Latina, prohibido olvidar

Por: Juan Carlos Díaz Osorio

En Internet, donde las informaciones se superponen unas a otras en fracciones de segundos debido al poder de la inmediatez, hace 72 horas que un suceso no deja de ser titular: los resultados del balotaje en Argentina. Con la elección del presidente Mauricio Macri, pareciera que se ha puesto en jaque al peronismo y con ello a la izquierda latinoamericana.

“Tiempo al tiempo” dicen los que peinan canas. Imagino que así mismo hayan pensado los oligarcas de Clarín, cuando 12 años atrás vieron a un Néstor Kirchner convirtiendo al segundo pulmón de América Latina (Brasil el primero, obviamente) en un país más equitativo e integrado dentro de la región.

Desde el domingo el panorama es otro. Por estrecho margen, pero diferencia al fin: regresa la derecha a la Casa Rosada tras vencer al Frente Para la Victoria (FPV). Como ha planteado el reconocido politólogo Atilio Borón “se abren las puertas al neoliberalismo salvaje”.

“Macri” o “Kacri” (me gusta más este nombramiento que le ha dado el conductor de Dossier, Walter Martínez) es, sin lugar a dudas, un demagogo. Su partido, su slogan y toda su campaña resumida en una palabra: CAMBIO.

Pero, ¿verdaderamente de cuál cambio habla Macri? ¿Cambio para los pobres a los que Néstor y Cristina les ofrecieron educación, salud y comida a precios asequibles? ¿Cambio para lograr una mejor distribución de las riquezas?

Por supuesto que no. El Cambio de Macri y de Clarín (recordemos que el que paga, manda) no es otro que más dinero y empoderamiento para ellos mismos que son minorías, ni siquiera para la clase media que lograron confundir con la misma palabra: cambio, cambio, cambio.

Si a Kirchner no le tomó tiempo unirse al llamado de Hugo Chávez, para barrer los vestigios de una dictadura cruel, de la que todavía existen desaparecidos, Macri tampoco perdió oportunidad y en menos de 24 horas de ser presidente, lanzó la primera flecha (que viene desde EEUU, bien lo sabemos), para arremeter contra Venezuela, y salir en apoyo de los opositores, y el malgastado Leopoldo López, a quien también ¡vaya coincidencia! lo hemos visto reiteradamente decir: “yo soy el Cambio”, “yo ofrezco el Cambio”.

Macri venció y pretende oxigenar con su victoria a la maltrecha oposición venezolana. A fin de cuentas, él, Capriles y Leopoldo son millonarios, y reciben la plata y las órdenes del mismo amo: EEUU.

Aunque vive una derrota la izquierda latinoamericana con lo sucedido en Argentina, todavía resta el 6D de Venezuela para sentir que quedan fuerzas, que la historia no se olvida, y que los sueños de Kirchner y Chávez, como los de Bolívar, no araron en el mar.

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