Cuba: el sendero de la paz.

Félix Edmundo Díaz/La Mala Palabra

“Cuba está de moda”, “Cuba es la vedette” o “Cuba es la novia del mundo” son algunas de las frases que, desde hace algún tiempo, deslizan suspicazmente o no de forma tan suspicaz editoriales o comentarios de determinados medios para acuñar la que, en el supuesto de algunos, es una efímera condición.

Contra todo sentido de justicia, mi país fue incluido por sucesivas administraciones norteamericanas en la espuria Lista de países patrocinadores del terrorismo hasta que no tuvieron más remedio que “sacarnos” de allí sin que tuviéramos que movernos un milímetro de nuestra posición; jamás negamos nuestro apoyo a los movimientos de liberación nacional de Latinoamérica,   jamás renegamos la gesta cubana en África, y, siendo profundamente martianos y marxistas o lo que es igual: fidelistas, creemos firmemente, aunque a veces la historia haya puesto un arma en nuestras manos, en el diálogo como camino seguro a la paz.

Es la Cuba que, cual mediadora por excelencia, ha facilitado los reconocidos avances en el entendimiento entre el gobierno colombiano y las FARC-EP en la búsqueda de poner fin al conflicto armado más prolongado, sangriento y doloroso del hemisferio para alcanzar una paz duradera, es la misma que hoy, después de silenciosas diplomacias, se engalana para el histórico encuentro entre Su Santidad el Papa Francisco y el Patriarca KirilI de Moscú y Toda Rusia.

La Cuba socialista, la Cuba de Fidel y Raúl es hoy el puente entre la fe católica y la ortodoxa, y, por inverosímil que parezca, el rol protagónico en este acercamiento lo jugó el último, igualito de comunista y ateo que su hermano mayor, como para que “revienten” por envidia y malsana lujuria las vesículas de agnósticos y creyentes fundamentalistas , o las de aquellos que pretenden atribuir el carácter pasajero del boom Cuba, sin detenerse a pensar que el faro de libertad, igualdad y esperanza, que prendió hace medio siglo y alumbró desde 1959 el hemisferio tiene una vida útil que superará la de la bombilla de Edison que lleva ya un siglo dando luz a la salida de un cuartel de bomberos en Estados Unidos.

La luminosidad de Cuba está por encima de filamentos al vacío, mercurio, halogenuro metálico, sodio a alta presión y LEDs, o lo que venga detrás, la luz de Cuba es el fruto de la lucha por el hombre contra las injusticias todas en cualquier parte del mundo, es la lucha por la igualdad, el respeto y la verdad, y es precisamente esta virtud de luchador incansable del pueblo cubano, amén de su sabiduría, calidez y alegría, la que parió la visibilidad de Cuba antes los grandes y poderosos.

Es la virtud de la mirada franca y esperanzadora, del entendimiento por sobre cualesquiera que sean las barreras, la que hoy acerca a los líderes de las iglesias católica y ortodoxa, quienes también vieron en Cuba el lugar ideal para su encuentro… el seguro sendero de la paz.

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