Ramón Saúl, el “Corsario del Caribe”.

Luis Miguel Rosales

Una vez más el “Corsario del Caribe” se queda en tierra sin poder surcar sus aguas con sus “flamantes naves”.

Al parecer, Ramón Saúl Sánchez, Presidente de la organización contrarrevolucianaria Movimiento Democracia y promotor de la “Flotilla Democracia”, finalmente no zarpará desde Miami hacia aguas cubanas el próximo 21 de marzo como había prometido y vociferado con estridente tono de desafío al Servicio de Guardacostas de Estados Unidos que le negó el permiso para concretar “tamaña travesía”.

Realmente, se sabe que hacerse a la mar no es la prioridad del Corsario sino el “teatro” y la “guapería barata” para poder sacarle dinero a los más fieles creyentes de sus “aventuras” y tratar de sobresalir como “líder intransigente” de la extrema derecha cubano-americana de Miami que anda de Capa caída y llorando por los rincones por la visita de Obama a Cuba.

Tanto ha sido el desconsuelo de los grupos retrógados de Miami, que el llamado Consejo por la Libertad de Cuba le reclamó hace unos días al exsecretario de Comercio de EE.UU., Carlos Gutiérrez, que devuelva la medalla “Héroes de la Libertad” por su cambio de postura con relación al tema de Cuba, según publicó en un artículo la agencia EFE el pasado 16 de marzo. Mientras, otros andan suspirando y resignándose calladamente.

Ramón Saúl nos tiene acostumbrados a su Circo, pero cada día le cuesta más trabajo seguir timando a sus coterráneos con aventuras de navegante, para las que no está pudiendo reunir dinero ni para el mantenimiento y combustible de sus maltrechos galeones.

Tres cosas me gustaría anotar en esta breve reflexión:

Primera e importante: Agradecemos al Servicio de Guardacostas de EE.UU. su gentileza en custodiar nuestros mares, pero creo que no le toca autorizar la entrada o no de Ramón Saúl en nuestras aguas jurisdiccionales.

Segunda: si DPA, NOTIMEX, EFE y otras agencias no se hicieran eco de estas magras noticias de impacto microlocal, que solo interesan a muy pocos cubanos en Miami y prácticamente a ningún cubano en Cuba, Ramón Saúl sería menos payaso y estaría menos interesado en intentar presentarse cual vedette ante los medios de prensa que le dan difusión a sus “aventuras”.

Tercera: esto no es sino una temporada más de Ramón Saúl y su Flotilla. Como lo de él es aprovechar los escenarios de visibilidad política, para intentar sin resultados ganar en protagonismo; en un próximo evento por determinarse cuál, estaremos viendo una nueva temporada, aburrida y repetitiva con poca creatividad de la puesta en escena.

Digo, eso si finalmente no lleva a juicio al Servicio de Guardacostas como prometió, nada menos que por no dejarlo entrar a Cuba.

Veremos qué nueva fecha escoge el Corsario para su próxima travesía.

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