El convite de un supuesto “salvador”. #Cuba

Antonio F. Verdut*

El pasado 22 de marzo escuchamos con atención las palabras del Presidente Barack Obama.

Una primera mirada a su muestra de histrionismo político, pudiera haber revelado en los televidentes una capacidad impresionante para un presidente estadounidense, que intentó presentar un discurso bien elaborado, de forma improvisada o sin acudir a la lectura.

Los que no estuvieron en el Gran Teatro “Alicia Alonso”, acostumbrados a la maestría de nuestro líder histórico, el siempre Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien se caracterizó por pronunciar largos y profundos discursos sin ayuda de material impreso o de otro tipo, solo con las palabras que brotaban de su corazón e intelecto inigualables, no podíamos exigir menos del hombre que ocupa, según su propias palabras y cito “el más alto cargo de la tierra”, fin de la cita.

Posteriormente conocimos “desilusionados” que el Presidente Obama se hizo acompañar de un “teleprompter” y de un discurso fabricado por sus asesores, con el cual obtuvo, en no pocas ocasiones, el aplauso cortés de los allí presentes, pero también el oído y la mirada atenta de los que los escuchamos entre líneas.

El visitante dio muestras de sinceridad y agradecimiento al gobierno y pueblo cubano, que en todo momento intentó mostrar como algo separado, según su propia experiencia.

La estrategia discursiva se inició explotando al máximo las profundas raíces martianas del pueblo cubano al evocar al maestro en tres ocasiones; la migración, a la que llamó exilio, y la confrontación histórica, sin llegar a sus raíces.

Acudió a los sentimientos de familiaridad, patriotismo y la capacidad de resistencia de la que tanto se enorgullece el pueblo cubano. Introdujo historias de vidas y expresiones del imaginario popular, para acercarnos más sus palabras, a la vez que introdujo otros temas como el racismo, el ejercicio de la democracia, los derechos humanos y sobre todo la incitación al cambio, línea de mensaje fundamental dirigida, sobre todo, a los jóvenes.

Finalmente, a qué nos invita Obama en su discurso de paz y amistad: ¿A olvidar? Solo le faltó decir “borrón y cuenta nueva” o “pasemos la página y volvamos a empezar”, como todo buen cubano.

¿Cree realmente el señor Obama que los familiares de las víctimas del atentado terrorista al avión de cubana de aviación CU-455, perpetrado el 6 de octubre de 1976, que murieron en un acto de tal barbarie y cuyo autor principal cuenta con el abrigo de Washington, podrán olvidar?

¿Podrá el pueblo cubano, al que tanto acudió en su discurso, olvidar las víctimas del atentado terrorista al vapor La Coubre el 4 de marzo de 1960?

¿Podrían olvidar las madres cubanas los 101 niños muertos por la Epidemia de Dengue Hemorrágico en 1981?

¿Podría olvidar la juventud cubana tantos años de agresiones y bloqueo de los cuales han sido víctimas durante sus años de vida?

¿Es que ningún asesor del Presidente le explicó que fue precisamente José Martí quien predijo y alertó con mayor claridad la amenaza que constituían los Estados Unidos para América y en particular para Cuba?

¿No leyó Obama el Poema Abdala, que ha guiado la posición de resistencia del pueblo cubano?

Resalta en el discurso del Presidente Obama su alusión en tres ocasiones a la fecha de 1959 como punto de inicio de la confrontación entre los dos países, olvidando que desde la guerra de independencia ya se presentaban tales diferencias, a partir de que, el entonces naciente imperio estadounidense, dirigió su mirada a Cuba mediante políticas anexionistas e intervencionistas como la de la “Fruta Madura”.

El visitante Presidente nos presentó su experiencia personal de éxito a la americana, desde que en 1959 su padre, inmigrante Kenyano, logró casarse con una mujer blanca estadounidense y siendo él un afroamericano, alcanzó la presidencia de la mayor potencia del mundo, que hoy se debate entre un candidato demócrata y social demócrata, incluyendo a una mujer.

En este caso, el simbolismo del discurso no va dirigido solamente a mostrar el “progreso como democracia” de su país, sino a dejar entre líneas, lo “poco que se ha avanzado” en Cuba desde 1959, fecha que marca el Triunfo de la Revolución Cubana, según la percepción del mismísimo Obama.

Al abordar el tema migratorio, Obama confunde en la palabra “exilio” a la turba de torturadores batistianos y burgueses corruptos que encontraron abrigo en Miami, junto a la migración cubana actual alentada por una ley y una política a la que por supuesto, no hizo alusión, y que tantas muertes a costado a la familia cubana, ya sea en su intento por cruzar el estrecho de la Florida tras “el sueño americano”, como por los actos de piratería y secuestro, sobre los que tampoco se pronunció.

¿El Presidente de los Estados Unidos habla de reconciliación entre cubanos? ¿Nos pide reconciliarnos con la mafia de Miami, incluyendo a Posada Carriles, Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz Balart, Ted Cruz, entre otros ejemplos de “hombres y mujeres de éxito” a partir de las posibilidades que brinda la “democracia” y “libertades” del sistema estadounidense?

Habla de confrontación entre dos gobiernos, cuando la historia demuestra la existencia de una guerra asimétrica, en la cual la mayor potencia del mundo ha agredido y agrede constantemente a un país pequeño que ha sabido resistir, precisamente gracias a la interrelación existente entre el pueblo y su dirigencia histórica; y sobre lo cual trata de marcar diferencia en su discurso, especialmente en estos momentos en los que apuestan por un cambio generacional en la dirección del país.

Resulta que ahora, es responsabilidad de los cubanos haber mantenido una posición de firmeza ante tanta hostilidad, que condujo a que nos “quedáramos estancados en una confrontación aparentemente interminable”. ¿Es que se acabaron las agresiones contra Cuba?

“Yo he venido aquí a enterrar los últimos remanentes de la Guerra Fría en las Américas”. “Yo he venido aquí para extender una mano de amistad al pueblo cubano”– expresó el Presidente Obama en su discurso. ¿Por qué no extender una mano de amistad al gobierno y pueblo cubano? ¿Será que lo ve como algo diferente?

¿No son los cubanos los que deben dirigir el destino y por lo tanto gobernar en Cuba, como él mismo alude? ¿No es el bloqueo un reducto de la Guerra Fría? ¿Incluye el mensaje de paz, el cese al apoyo de los programas subversivos y la fabricación de una presunta oposición interna, para la cual el Congreso y el propio Presidente aprobó recientemente 20 millones de dólares? ¿Por qué no se ha podido designar un Embajador de los Estados Unidos en Cuba, a pesar de que se abrieron las embajadas en ambos países?

“La gente de nuestros dos países han cantado con Celia Cruz, Gloria Estefan y ahora escuchan el reggaetón de Pitbull”, volvió a exponer en su discurso. Me pregunto si la gente en Miami y los Estados Unidos, pese a la oposición de los recalcitrantes miamenses, no han bailado o deleitado también, la música de los Van Van, el Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, Chucho Valdés, Leo Brouwer, Silvio Rodríguez y el Septeto Santiaguero, entre otros ganadores de los Premios Grammy Latinos.

“Cuba tiene un sistema de partido único; Estados Unidos es una democracia multipartidista” nos volvió a espetar. ¿Es que no es democrático escoger un partido único, que una a todos los cubanos como lo concibió el mismo José Martí, por el que Obama apostó en su discurso?

Percibo que los asesores de Obama reconocen la cultura política del pueblo cubano al incluir en el discurso una breve alusión a Martin Luther King, Jr. al expresar “Yo siempre he creído en lo que Martin Luther King, Jr. llamó “la feroz urgencia del ahora”.

Lo que no le dijeron al Presidente es que fue la “democracia y los principios basados en los derechos de la persona individual” los que condujeron al asesinato de este luchador por los derechos civiles en los Estados Unidos el 4 de abril de 1968, y que no fue hasta el 16 de octubre de 2011, que se erigió un monumento en Washington para perpetuar su memoria.

Cuando Obama compartió con los cubanos sus creencias sobre la igualdad ante la ley, el derecho a la educación, a la salud y comida en la mesa, y un techo sobre sus cabezas; la libertad de decir lo que piensan, de organizarse y criticar a su Gobierno y de protestar pacíficamente, me dije, ¡Qué bueno!, pero de quien habla, de Cuba o de los Estados Unidos.

Me impresiona como un Presidente en su discurso puede desprenderse con tal facilidad de la realidad de su país, y recordé de inmediato a los millones que quedaron sin hogar como resultado de la crisis del capitalismo. Evoqué en mi memoria los actos de represión ante las protestas del movimiento “Ocupa Wall Street”; los concurrentes tiroteos en escuelas e iglesias, desafortunadamente perpetrados por niños y jóvenes víctimas de un sistema enajenante y exclusivo.

Vinieron a mi mente las imágenes sobre la violencia policial contra la clase pobre, negra o inmigrante; los presos del “terrorismo” ubicados en la Base Naval que ocupa, de forma ilegal e inmoral, un territorio en la provincia de Guantánamo y que por cierto, es el resultado de un “llamado a la paz americana” en 1898, cuando los mambises cubanos tenían ganada la guerra contra la metrópoli española.

Si el Presidente no es responsable de estos desmanes que atentan contra la democracia y la libertad, entonces ¿De quién es la culpa, del Congreso o del sistema capitalista?; palabra que por cierto no se emplea en ninguna parte del discurso.

Sí señor Presidente, el cambio que venga dependerá del pueblo cubano, no porque usted lo diga, sino porque así lo hemos decidido hace muchos años atrás, guiados por el concepto de REVOLUCIÓN, que nos enseñó Fidel. Como también nos enseñó a luchar un mundo mejor para Cuba y la humanidad, que también ¡Es posible!

Solo concuerdo con el señor Presidente en su opinión de que Internet debe estar disponible en toda la isla, aún cuando no explica, por qué Estados Unidos nos negó ese derecho por tantos años y ahora se apura por desbordarnos de información a través de las redes.

Gracias a Internet señor Presidente, tuve la posibilidad de puntualizar algunas de las fechas y datos aquí expuestos, aunque no renuncio a los libros de historia publicados por nuestras editoriales y que hoy más que nunca son tan necesarios, en esta guerra de pensamiento que se nos hace.

Para finalizar, atraigo al debate y el convite que nos propone el Presidente Obama, un pensamiento de la misma persona con la cual inició su discurso, nuestro Héroe Nacional “José Martí” y cito:

“Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!

*Colaborador del Blog Miradas Encontradas

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