Objetivo imperial: Reconvertir la región en su traspatio

eeuuArsenio Rodríguez/Bohemia

Sin lugar a duda la palabra cambio se ha puesto de moda en América Latina y el Caribe, en especial entre los políticos y sobre todo durante campañas electorales. Es como si no hubiera cambiado aquello que recordamos todos los que peinamos canas en nuestro país y que decían nuestros politiqueros “agua, camino y escuelas”, a lo que se agregaba una cama en el hospital, un turno para operarse, en fin, lo que gracias al proceso revolucionario triunfante se eliminó de nuestra vida cotidiana.

En los tiempos actuales, la derechización en el Cono Sur latinoamericano acabó con una de sus democracias, Argentina; arremete contra otra, Brasil, y junto con sus aliados imperiales intentan por todos los medios incrementar la política de tierra arrasada que aplican contra Venezuela desde hace años, alentados por su mayor presencia en el Parlamento y en espera de que la política de desabastecimiento haga mella entre las filas chavistas. En los tres casos, la presencia y efectividad de la guerra mediática, ha ayudado a la desinformación de las grandes masas, incapaces de delimitar hasta dónde podían ser o no mentiras las argumentaciones de los líderes de la oposición.

Nadie puede negar, ni los más reaccionarios, las estadísticas que organizaciones internacionales han dado a conocer en los últimos lustros acerca de significativos avances en la lucha contra el hambre, el desempleo, el analfabetismo y otros males que toda la vida afectaron a la mayoría pobre de los latinoamericanos y caribeños. Con la guerra contra el hambre de los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil, reconocida mundialmente, millones de personas pudieron alimentarse. Igualmente se crearon en ese país miles y miles de viviendas, se mejoró la salud pública y la educación.

Los que han estudiado la historia argentina, recordarán que era casi un cliché aquello del país que tenía todos los climas, todas las riquezas… casi el paraíso en la Tierra. Sin embargo, después de las dictaduras militares y varios gobiernos neoliberales, la imagen de este país tan rico casi daba lástima. Ya no eran los obreros de la construcción asando un muslo de res en medio de la calle como un rutinario almuerzo, sino niños hambrientos y mendigos. Llegaron entonces los dos gobiernos de los Kirchner y el país fue recuperando dentro de los marcos burgueses, su capacidad productiva y comenzaron a desaparecer los males mencionados.

En el caso de Venezuela, los cambios que llevó adelante el eterno comandante Hugo Chávez, salvando de la extrema pobreza a un 80 por ciento de la población, en un país inmensamente rico, y convirtiéndolas en personas con derechos a una casa, a educación y a salud pública. Sin embargo, la derecha logró llegar al Parlamento y desde esa instancia cuestiona, hace resistencia, frena la labor del Gobierno y provoca un mayor desabastecimiento de alimentos, de medicinas e incluso de gasolina, en un país petrolero por excelencia.

Cada una de estas situaciones con sus particularidades, tienen iguales intenciones: desestabilizar a los gobiernos democráticamente elegidos e imponerse, apoyados en mentiras y conspiraciones, palaciegas en el caso brasileño y de todo tipo en Argentina y Venezuela. No debe olvidarse que los hoy conocidos como golpes de Estado blandos, fueron experimentados primero en Honduras y en Paraguay, para aplicar luego, exitosamente, en Brasil, siempre “democráticamente”.

Lo que se intenta es volver a domesticar a los gobiernos de la región y lo que la derecha no pueda conseguir en las urnas intentará alcanzarlo por cualquier vía, aunque sea necesario empeñar a sus respectivos países, ya sea a los intereses europeos o norteamericanos, que les pretenden retornar a sus antiguas posiciones de parásitos a costa de los pueblos. Estos hechos fueron considerados por el presidente de Ecuador, Rafael Correa, como la restauración conservadora, es volver a los orígenes de una América Latina y el Caribe convertida en traspatio de Estados Unidos.

En la región se estima que en el presente año el desempleo urbano suba a más de un 7.9 por ciento, muy por encima de lo registrado el pasado año, debido al deterioro económico, agravado por las recientes medidas antipopulares tomadas por los actuales gobiernos de Brasil y Argentina, según estimados de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dados a conocer a mediados de mayo. Ambas organizaciones internacionales fueron categóricas en su evaluación.

Incluso el papa Francisco alertó sobre los conflictos económicos y políticos de Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina, donde “se puede estar pasando a un golpe de Estado blando”. Para el Papa y otras muchas personalidades, los reveses en las urnas de los gobiernos progresistas y revolucionarios, responden a una crisis inducida, en la que se han puesto en juego grandes intereses para boicotear, o por lo menos desacreditar, los logros que alcanzaron.

Las situaciones imperantes en estos países están en pleno desarrollo. En Brasil la maquinaria creada por la derecha sigue su paso triunfal y todo indica que resultará muy difícil a su pueblo conseguir que lo avanzado no se pierda. En Argentina el panorama es más claro, en solo seis meses el neoliberalismo mostró su real cara y de ello pueden dar fe los miles y miles de desempleados y los millones de personas afectadas por los cambios, no los prometidos durante la campaña presidencial, sino los que responden a intereses de las oligarquías y las transnacionales, y que han permitido que nuevamente sobrevuelen el país los llamados fondos buitres.

En el caso de Venezuela la situación resulta extremadamente delicada, porque el pueblo chavista está demostrando su capacidad para mantener las múltiples conquistas alcanzadas desde el inicio del primer gobierno de Hugo Chávez hasta el que encabeza actualmente Nicolás Maduro. Mientras, sus enemigos externos e internos mantienen las medidas desestabilizadoras del país, e incluso está latente hasta la posibilidad de una agresión militar a la nación, tal como denunciara a principios de junio el mandatario venezolano. Pero los chavistas, organizados, reiteran en las calles su apoyo al proceso.

Ante tan compleja situación y como afirmara el presidente cubano de los consejos de Estado y de Ministros , general de ejército Raúl Castro Ruz, “no podemos permanecer indiferentes ante las turbulencias que tienen lugar en América Latina y el Caribe, como consecuencia de la contraofensiva imperialista y oligárquica contra los gobiernos populares y progresistas tras el fracaso de la ola neoliberal, lo que constituye una amenaza a la paz, la estabilidad, la unidad y la imprescindible integración regional”. Y ratificó la incondicional solidaridad con el hermano pueblo venezolano, con el gobierno legítimo del Presidente Nicolás Maduro Moros y con la Revolución Bolivariana, iniciada por el Comandante Hugo Chávez Frías.

Son muchas las maniobras y las amenazas que surgen cada día para acabar con el chavismo en esta nación. Aquí los cambios prometidos sí se cumplieron y se cumplen, por lo que hace mucho más difícil a la burguesía local alcanzar sus objetivos.

Se pretende retrotraer a estas naciones y al resto que conforman nuestra región a la situación anterior de traspatio de EE.UU. En manos de sus pueblos está defender los cambios logrados en las calles, en cada oportunidad que se presente. Solo ello impedirá volver atrás.

 

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