Siete verdades sobre el bloqueo: una guerra solapada

bloqueo-22-09Alina Pereira, Juana Carrasco/Razones de Cuba

El bloqueo es una guerra. Así lo ha definido Joel Ortega Dopico, de 45 años de edad, quien preside el Consejo de Iglesias de Cuba (CIC) desde el 2012. «Solapada, dice, pero guerra cuyo objetivo es la muerte».

«Como iglesia y como cristianos estamos en contra de ese bloqueo que es una guerra contra un pueblo y que ha causado muchos daños: personas han muerto, han sufrido, otras no han tenido acceso a un medicamento por una sola razón: haber nacido en Cuba. El bloqueo es una mancha contra la humanidad, y tengo la esperanza de que cuando los años pasen los jóvenes del futuro no puedan encontrar esa palabra ni siquiera en los diccionarios».

A sus 24 años de edad y recién graduada del Instituto Superior de Relaciones Internacionales «Raúl Roa García», Heidy Villuendas Ortega, quien participó en el foro en representación de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE), considera que «el bloqueo es una política que afecta todos los días al pueblo cubano, a la sociedad, incluyendo a las organizaciones de carácter internacional o regional que tienen su sede en Cuba».

Ella repara en que más del 70 por ciento de la población cubana ha nacido bajo los efectos del bloqueo: «Solo conozco el desarrollo del pueblo de Cuba y el mío bajo los efectos de esa política». A su juicio es una gravitación que ha sido permanente durante más de 50 años, de la que tal vez no se habla con más intensidad justamente «por los logros que ha alcanzado el país por un sistema socialista, por una Revolución que ha garantizado conquistas para todos por igual».

Pero ahí está, afirma Heidy, «como expresión de doble moral por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que mientras vive un proceso de restablecimiento de las relaciones con Cuba mantiene una política que es anacrónica, hostil y perjudicial para el pueblo cubano, y destina millones de dólares para la subversión».

Sobre las recientes propuestas de becas hechas por el país norteño a los estudiantes universitarios cubanos, la joven recién graduada esgrime una verdad que encierra una lógica irrebatible: «Si supuestamente se está promoviendo el desarrollo de los jóvenes, de los estudiantes, ¿por qué no eliminar el principal obstáculo (o sea, el bloqueo) que tiene el país y que tenemos los jóvenes para poder desarrollarnos libremente?

«Los estudiantes sienten que han sido limitados sus derechos en sectores de la vida social, cotidiana, que pasan por el transporte, las telecomunicaciones, incluso por sectores tan sensibles como la salud. Todos los días los jóvenes cubanos se ven de alguna manera afectados por el bloqueo, a pesar de las conquistas logradas. La respuesta de Cuba ante esta política hostil ha sido la de resistir y la de abrir las puertas de sus centros educacionales, particularmente las universidades, a los más afectados de Asia, de África, de América, incluyendo los Estados Unidos».

Heidy se hace una pregunta inmensa, que llevaría también una respuesta inmensa: «A pesar de las conquistas alcanzadas, ¿cuánto más no se pudiera lograr en Cuba si no existiera el bloqueo?».

Voces en la escuela

Karolina Antelo Alvisa tiene 11 años y cursa el sexto grado en la escuela primaria Juan Triana del municipio capitalino de Plaza de la Revolución. Su percepción del bloqueo es una sensación dolorosa y bien tangible. Eso trasluce cuando le preguntamos: ¿En qué se traduce para ti la palabra bloqueo?

«Es algo muy fuerte. No debería existir. Estados Unidos debería quitárselo a Cuba. Es fuerte porque, por ejemplo, en Estados Unidos hay medicinas que le hacen mucha falta a Cuba, y por culpa del bloqueo esas medicinas no pueden llegar hasta aquí. Yo, por ejemplo, soy muy alérgica. He tenido problemas con algunos medicamentos porque me han hecho falta y no han podido llegar hasta aquí».

De la misma escuela de Karolina, Alberto Martínez Machín, de 11 años de edad y alumno de sexto grado, igualmente siente que el bloqueo «es fuerte»:

«Nos afecta mucho. Ya Karolina puso el ejemplo de las medicinas, otro es el de las mercancías: Cuba no puede comprarlas directamente a los Estados Unidos sino que debe ir a terceros países, por lo cual le salen más caras. Cuba gasta mucho dinero en mercancías, alimentos, tecnologías».

Alberto no siente que el bloqueo le impacte tan directamente «porque el gobierno se esfuerza para que los niños tengan escuelas, medicinas gratuitas, para que no sufran traumas en sus infancias». Pero sabe que sus padres, quienes deben cuidar de él, y mantenerlo, sienten sobre sí el peso de una política asfixiante.

Bien sabe Illaíma Lahera Chamizo, de 44 años y maestra hace más de dos décadas en la escuela de los niños entrevistados, cuánto duele y pesa el bloqueo. Allí siente todos los detalles (las meriendas, los calzados, los sueños y frustraciones de los pequeños) : «Soy madre de dos hijos, uno de 20 y otro de doce años. Sufro esa política absurda como madre, como maestra, como cubana. El bloqueo es una situación muy difícil en el sentido de que se hace difícil mantener a la familia. No lo sufría tanto de niña porque mis padres eran capaces de mantenerme, pero ahora como madre lo siento, sobre todo cuando un hijo desea tener algo y no es posible dárselo».

La elección de la estrella

Lorien Rodríguez Sánchez tiene 16 años y estudia en el preuniversitario Saúl Delgado en el municipio capitalino de Plaza de la Revolución: «Como estudiante y dirigente estudiantil, afirma, el bloqueo no ha permitido que el país adquiera los medios necesarios para las diferentes enseñanzas que hoy se ven muy afectadas.En mi caso, los laboratorios carecen de muchos materiales y el país no puede adquirirlos. Muchas veces olvidamos, cuando sufrimos limitaciones, que el bloqueo, que incluye lo mediático, también existe. Y a pesar de todo seguimos soñando».

Yusuam Palacios Ortega, presidente del Movimiento juvenil Martiano, con 29 años de edad, ha sentido en su vida personal el ensañamiento de la política enemiga: «he sido sometido a varias operaciones por problemas de salud, por malformaciones congénitas. En mi caso, el bloqueo ha impactado desfavorablemente en que una operación no haya contado a tiempo con una especie de minerva de protección para una recuperación más rápida.

«La vida nuestra, nuestra propia salud, nuestro desarrollo espiritual, se ven afectados por el bloqueo. Nos afecta en cómo llegamos a nuestros centros de estudio o de trabajo, en cómo tenemos que hacer sacrificios personales —y la patria los necesita obviamente—; pero la vida nuestra pudiera ser mucho más viable si no tuviéramos esa política criminal que nos ahoga, que intenta derrumbarnos, llevarnos a la desesperación.

«La vida de los seres humanos tiene que ser una vida donde no haya cabida para este tipo de yugos. Martí tuvo ese desafío, nos lo trasladó con esa convicción de que, ante el yugo, se impone la firmeza, estar de pie, resistir, porque esa es la elección. Hemos elegido la estrella que ilumina y mata y hemos podido resistir ese embate tan terrible que es el bloqueo».

 

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4 pensamientos en “Siete verdades sobre el bloqueo: una guerra solapada

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