Unidad y Consenso para encarar desafíos comunes en Nuestra América

Por Daniel Guerra Domínguez

Una gigantesca movilización y marcha desde la Universidad de la República al Obelisco aviva la Jornada Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo, que se estará celebrando hasta el 18 de noviembre en Montevideo, Uruguay. Es sin dudas una demostración del vigor conque resurge y se renueva la lucha en nuestro continente, es reafirmación inequívoca de que las políticas neoliberales no podrán tener cabida en la América Nuestra, porque chocarán siempre contra la resistencia, el consenso y la unidad de los pueblos, que no es más que la garantía única de su plena libertad.

En este evento convergen una amplia representación de los sectores populares del continente, como parte de un proceso construido por movimientos sociales, sindicatos, articulaciones y organizaciones populares, campesinas, feministas, ecologistas y otras expresiones organizadas; cuya capacidad de movilización los reúne en un momento cumbre antes de finalizar el año 2017, como parte de la jornada de articulación de luchas que nació, justamente, cuando en noviembre de 2015 se celebraron en el encuentro de La Habana los diez años de la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Los pueblos, obstinados ya de la diversidad de modalidades e instrumentos que los despoja y agrede, buscan por medio de sus actores sociales fortalecer la unidad y el consenso en la articulación de la acción y la movilización popular para enfrentar la ofensiva conservadora e imperialista que se aviene en el continente.

El encuentro de Montevideo es fundamental para la continuidad de la lucha y resistencia desde la diversidad de criterios y la cosmovisión de los fenómenos sociales que les atañe, es el escenario donde se socializarán experiencias por el fin común, en defensa de la democracia, la soberanía e integración; e idóneo para impulsar acciones conjuntas contra los acuerdos del libre comercio y el poder de las empresas transnacionales, entre otras causales que atentan contra los más elementales derechos de los pueblos.

Razón tuvo el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, cuando en la clausura del IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, celebrado en La Habana en 1993, reiteró la importancia de lograr la integración: “…¿Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo. Aquellos que piensen que el socialismo es una posibilidad y quieren luchar por el socialismo, pero aun aquellos que no conciban el socialismo, aun como países capitalistas, ningún porvenir tendríamos sin la unidad y la integración…”

En el libro titulado Los desafíos de la integración en América Latina y el Caribe, del joven doctor en Ciencias Políticas Abel Enrique González Santamaría (La Habana, 1972), se consigna magistralmente desde una visión histórico-política lo vital que resulta la integración para el desarrollo próspero e independiente de los pueblos, esfuerzos bicentenarios que no triunfaron debido a la constante hostilidad de los gobiernos de Estados Unidos, en sus ansias de aupar para sí todo el continente, pero que a su vez encontraron siempre férrea resistencia.

En lo más excelso de sus principales hijos, siempre se ha encumbrado la voluntad integradora de la región, como sucedió con la Carta de Jamaica de Simón Bolívar, el ensayo Nuestra América de José Martí, la Segunda Declaración de La Habana de Fidel Castro, y otros relevantes propósitos que han trascendido hasta nuestros tiempos para germinar y concebir la necesidad de continuar la lucha permanente para alcanzar el fin de tan anhelado propósito. En este empeño destaca la visión de construcción conjunta de los países de la región y sus pueblos y naciones originarios, separados artificialmente por los imperios españoles, portugueses e ingleses que los ocuparon.

De Martí —apóstol universal y de todos los tiempos— también se han nutrido muchos de los hacedores de conciencia integracionista y conformadora del consenso y la unidad, para promover todo lo que acerque a los pueblos y detestar todo lo que los aparte, su pensamiento trasciende y cobra vigencia: “…Pueblo, y no pueblos, decimos de intento, por no parecernos que hay más que uno del Bravo a la Patagonia. Una ha de ser, pues que lo es, América…”.

Cuba y Uruguay, países donde ha prevalecido la solidaridad, las tradiciones de lucha y excelentes lazos entre sus organizaciones de masa, como la sindical uruguaya PIT-CNT (Plenario Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores) y la cubana CTC (Central de Trabajadores de Cuba), basta citar un ejemplo de esa plena identificación, y es que a los actos por el Día Internacional de los Trabajadores en La Habana siempre la uruguaya ha enviado a la delegación más numerosa de entre todas las que asisten, y también destacados dirigentes sindicales de su país intervienen en los actos de solidaridad que se realizan en la isla, asimismo los cubanos tienen espacio en sus tribunas y eventos para arengar sobre los resultados y experiencias del trabajo sindical en la mayor de las Antillas. El PIT-CNT posee el mérito histórico de haber luchado e impedido que fructificara la ola de privatizaciones en su país, al calor de la implementación del fracasado proyecto del ALCA.

Otro elemento a resaltar y que ha calado hondo en las relaciones entre los dos pueblos está en el terreno de la salud, en esencia con el despliegue de la Operación Milagro en 2005, como parte de un acuerdo con Cuba para revertir la primera causa de ceguera reversible. En noviembre de 2007, con la colaboración de una brigada médica de especialistas cubanos, comenzó a funcionar el Hospital de Ojos “José Martí”, que ha beneficiado en los últimos diez años a más de 75 000 uruguayos con cirugías oftalmológicas (más de 50 000 operaciones de cataratas).

Según datos aportados por Sandra Medina, directora de este prestigioso centro, se realizan cada mes unas 600 intervenciones quirúrgicas y asisten a consultas 4500 pacientes afiliados a la Administración de Servicios de Salud del Estado. Aseveró que en la última década se atendió a más de 450 000 uruguayos de bajos recursos y se pesquisó a 175 000. Ya en Cuba se habían realizado antes 2027 cirugías de esa patología a pacientes de ese hermano país.

En este evento continental y, en lo adelante, tanto los participantes cubanos como los anfitriones uruguayos serán activos y consecuentes con el mérito alcanzado y trabajarán conscientes de que los pueblos, mediante una participación popular comprometida y crítica, se articularán para frenar el ascenso de la derecha en el continente, para continuar accionando en la construcción de una estrategia de lucha para el 2018 a nivel continental, y asegurar así una integración y democracia verdaderas y en contra del libre comercio y de las trasnacionales que los socavan.

Estos días en Montevideo no van a ser descuidados, son tribuna de dignidad y de defensa para abrir los brazos a salvadoras y fértiles ideas. Conciencia hay entre los representantes de los pueblos de que los unen lazos de fraternidad y amor; en su actuación están depositados la ventura y el espíritu público en la búsqueda de toda conciliación que los acerque y también las esperanzas de que se lograrán las victorias futuras porque prevalecerá la unidad y el consenso para encarar los desafíos comunes en Nuestra América.

Tomado de Cubahora

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