Un nuevo momento americano

Por Francisco Arias Fernández/Razones de Cuba

El presidente Donald Trump al resumir su primer año de mandato, dijo el 30 de enero de 2018 que se estaba viviendo “un nuevo momento americano”, que había un “progreso increíble” y un “éxito extraordinario” en su desempeño.

Sin embargo, al amanecer del siguiente día The New York Times, uno de los periódicos más importantes de EE.UU., dedicó un editorial a demostrar que el mandatario “no entiende el verdadero estado de la unión”, mientras muchos otros diarios y espacios noticiosos del mundo compitieron en tratar de descifrar la cantidad de mentiras del mandatario durante el discurso y desde muchos días antes organismos internacionales y analistas habían llenado páginas acerca del disparatado período de arrancada del magnate.

El matutino newyorkino asociaba el “nuevo momento” a la peculiaridad de un presidente que “ataca permanentemente a las cortes estadounidenses y sus agencias de seguridad e inteligencia”; “que ha defendido a neonazis”; protagonizó insultos racistas, “ha llevado a cabo la política doméstica más despiadada y convencionalmente conservadora en la historia reciente de EE.UU.”, y “atrincherándose en sus demandas maximalistas de limitar la migración legal y de dividir a familiar migrantes, Trump dijo que traería al sistema migratorio al siglo XXI, pero en realidad está llevándolo hacia atrás, a un pasado penoso por lo intolerante que era”.

En ese sentido, el Informe Mundial 2018 de Human Rights Watch publicado el pasado mes de enero afirma que “las políticas de Trump han convertido a todos los inmigrantes deportables en blanco de deportación”. La administración amplió los abusivos procedimientos de expulsión acelerada y los procesos penales por delitos de inmigración y tomó medidas para aumentar la detención prolongada de inmigrantes. Trump también derogó el programa de Prórroga de Procedimientos Migratorios para Personas Llegadas en la Infancia (Deferred Action for Childhood Arrivals, DACA), poniendo a los cientos de miles de inmigrantes que llegaron a EE.UU. siendo niños en riesgo de deportación. En octubre, la Casa Blanca publicó principios y políticas de inmigración que debilitarían las protecciones para los niños migrantes y refugiados.

En los primeros siete meses del gobierno de Trump, las detenciones de inmigrantes en Estados Unidos aumentaron un 43 % respecto de la cifra que se había registrado durante los mismos meses de 2016 en la gestión de Obama, de 68.256 a 97.482. En muchos casos, se trata de personas desarraigadas de las comunidades donde tienen sus familias y vínculos sólidos. Este aumento se ha debido, en parte, a un drástico incremento en las detenciones de inmigrantes sin ninguna condena penal.

El aumento de las deportaciones durante el gobierno de Trump está afectando a personas que vivieron durante décadas en Estados Unidos, a menudo sin condenas penales, o que sólo tienen antecedentes de infracciones inmigratorias, de tránsito o relacionadas con drogas, incluida su tenencia. Algunas han crecido en ese país. Tienen hijos, cónyuges, padres y abuelos que son ciudadanos estadounidenses.

El gobierno también emitió nuevas y severas medidas de selección para el programa de refugiados y estableció el límite anual para admisiones de refugiados para 2018 en 45.000, el más bajo desde que el Congreso aprobó la Ley de Refugiados en 1980.

El propio informe de Human Rights Watch destaca que el primer año de la administración Trump estuvo marcado por un fuerte retroceso en las funciones del gobierno de proteger y promover una amplia gama de derechos humanos. Señala que hizo cambios de política que han perjudicado a refugiados e inmigrantes, menoscabado la rendición de cuentas de la policía por abuso y restringido los derechos de las mujeres, incluido el acceso a importantes servicios de salud.

El documento describe que las políticas y declaraciones del gobierno también amenazaron o menoscabaron los derechos humanos de otras maneras. Por ejemplo, la reticencia de Trump a repudiar a los grupos de odio podría alentar una conducta discriminatoria y racista y lo elude de su responsabilidad como presidente de defender los principios fundamentales de igualdad y no discriminación. Añade que las reiteradas denuncias del mandatario de que los periodistas son deshonestos y que tienen una agenda en su contra, además de los comentarios y videos que los denigran, generan inquietudes sobre un efecto de relajación de la libertad de expresión en EE.UU.

Por otra parte, el repentino despido por parte de Trump de James Comey, director del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), y sus críticas a los jueces que han bloqueado algunas de las acciones de su gobierno corren el riesgo de socavar el Estado de derecho y el control sobre el poder presidencial, según el citado informe. Añade el capítulo dedicado a EE.UU. que la presunta revisión por parte del gobierno de la política de ataques con drones fuera de las zonas de guerra convencionales permite actuar contra sospechosos de terrorismo de menor nivel en más países, con menos supervisión y mayor secretismo.

El “nuevo momento americano” es el de los 41 millones de pobres (13.3 millones de niños incluidos); 553 000 personas sin techo, 16 millones que no saben leer; de los 23 millones de potenciales afectados con la reforma sanitaria de Trump; los cientos de miles que huyen de Puerto Rico a la Florida, Nueva York o Pensilvania como consecuencia del desamparo del que han sido víctimas tras el paso de los recientes huracanes, mientras para tener garantizada a “América Primero” se piden 700 000 millones en gastos militares para el año fiscal.

Es también la hora de los botones nucleares y las amenazas de exterminio, de los magnates del negocio de la guerra, de la negación del cambio climático, y del condicionamiento económico de la causa palestina y la complacencia al aliado israelí, de las investigaciones secretas y despidos en la propia Casa Blanca; del chantaje y las sanciones al por mayor; de los 623 grupos de odio, paramilitares y extremistas criados con sucesivas políticas nacionalistas y hegemónicas, que aplauden los más de 167 mil deportados en los primeros meses de la nueva administración, mientras tiroteos e incidentes terroristas internos forman parte de la cotidianidad.

Es además, la vergüenza de la mayor población penitenciaria del mundo (2,3 millones) marcada también por el racismo; donde en 31 estados todavía se permite la pena de muerte y 2 900 personas viven la pesadilla de la espera de su ejecución.

En el misterioso, turbulento e impredecible escenario el Presidente de menos respaldo popular de los últimos 70 años en la historia de EE.UU., quien ha logrado reducir a escombros la diplomacia estadounidense en 12 meses, olímpicamente es propuesto por no se sabe quién como candidato al Premio Nobel de la Paz. Sin dudas es un “nuevo momento americano”.

 

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