Cuando un país piensa en sus niños

 

Por Ana María Domínguez Cruz/Cubahora

Poliomelitis, paludismo, tosferina, rubéola, tétanos neonatal, difteria, sarampión, síndrome de rubéola congénita y meningoencefalitis posparotiditis… son enfermedades infecciosas que en muchos países constituyen un problema de salud. En Cuba, estas y también el tétanos, las infecciones por Haemophilus influenzae tipo B, tuberculosis, hepatitis B, la lepra y meningitis meningoccócica, entre otras, reportan menos de un caso por millón de habitantes, es decir, tasas muy reducidas.

Ha sido un logro de la Revolución Cubana en materia de salud la erradicación a través de vacunas de muchas de estas enfermedades, y eso hace de este país un lugar seguro para todo niño que aquí nace. En otros, e incluso la propia Cuba antes de 1959, no existen estrategias diseñadas ni la voluntad política para ejecutarlas, y muchos infantes mueren aunque su padecimiento pudiera ser prevenible.

Además, si sumamos el hecho de que la industria biotecnológica cubana cada día tiene mejores resultados investigativos y, por consiguiente, mejores resultados en la producción, la posibilidad de que constituyan un problema de salud en el país estas enfermedades es nula.

Cuando triunfó la Revolución se registraban altas tasas de morbilidad y mortalidad por enfermedades inmunoprevenibles, y por ello fue un asunto de primer orden desplegar un sistema de vacunación para la población. Fue entonces que en la década de los 60 se incorporaron las actividades de vacunación en la atención primaria de salud.

Gracias a estas acciones, a las que se sumaron las organizaciones de masas, Cuba se convirtió desde 1962 en el primer país del continente y uno de los primeros del mundo en estar libre de la poliomielitis. En 1972 se eliminó el tétanos neonatal, en 1979 la difteria, y en la década de los 90, el sarampión, la rubeola, la parotiditis y la tos ferina.

Ha sido un reconocimiento merecido, entonces, que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) destaque a nivel mundial el programa de inmunización de Cuba. Por ello, desde hace años los niños cubanos disfrutan de la protección segura de su salud a través de vacunas que, para su garantía, muchas de ellas son administradas en los centros educacionales, de forma masiva.

A través de 11 vacunas, ocho de ellas de producción nacional y tres importadas, la familia de los infantes cubanos puede despreocuparse de 13 afecciones que son perfectamente prevenibles. Cuando hay interés gubernamental, apoyo y conciencia sanitaria en la población, programas como el de Inmunización, sin dudas, avanzan para el bienestar de todos.

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