Cómo alimentar a una persona con la enfermedad de Parkinson

Por Dr. Alberto Quirantes Hernández/ Cubahora

La enfermedad de Parkinson fue descrita por vez primera por el médico inglés James Parkinson en el año 1817. Es el trastorno neurodegenerativo más frecuente después de la enfermedad de Alzheimer.

Pudiera llegar a ser una enfermedad muy invalidante, con serias consecuencias para la calidad y la esperanza de vida de los afectados, donde la sana nutrición y las formas de suministrarla juegan un papel muy importante.

EN SUS COMIENZOS Y DESPUÉS

En sus comienzos, en ocasiones es difícil identificar esta patología pues no existen pruebas de laboratorio químico o un estudio radiológico concluyente. Por eso el paciente pudiera estar en observación de dos a tres años aproximadamente.

Las cuatro manifestaciones clínicas más significativas son el temblor, la bradicinesia, la rigidez o resistencia al movimiento y  la inestabilidad postural o deterioro del equilibro.

El primero de los mencionados, el temblor, se caracteriza por tener un movimiento rítmico de adelante hacia atrás a una velocidad de 4 a 6 movimientos por segundo, y habitualmente comienza con una mano, aunque también puede afectar primero a un pie o la mandíbula. Puede mejorar con el sueño o cuando el enfermo realiza algún movimiento intencional.

Cuando hay  rigidez o resistencia al movimiento, uno de los síntomas principales, los músculos del paciente permanecen constantemente tensos y contraídos debido a lo cual puede sentirse algún dolor.

La bradicinesia consiste en la disminución de los movimientos espontáneos y automáticos;  muchos pacientes se sienten frustrados pues las tareas diarias y muy sencillas se vuelvan difíciles de hacer, como son simplemente  vestirse o bañase por sí mismo. Como la alimentación es dificultosa por la imposibilidad de realizar movimientos finos como los requeridos para utilizar los cubiertos, necesitan asistencia y tiempos de comida prolongados.

Con la inestabilidad postural o deterioro del equilibro, los enfermos se caen más fácilmente.

Este cuadro clínico es la manifestación de la desaparición y afectación progresiva de determinadas neuronas cerebrales.

NUTRICIÓN EN LA ENFERMEDAD DE PARKINSON

Los enfermos de Parkinson son particularmente vulnerables desde el punto de vista de la nutrición, con una incidencia de malnutrición de hasta el 24 por ciento según algunas investigaciones.

Los factores de riesgo vinculados con la malnutrición de estos enfermos son la pérdida de peso, tiempo de tratamiento con medicaciones específicas para la enfermedad, la ansiedad, pero también por la presencia de manifestaciones tales como la dificultad al tragar, estreñimiento, secreción de saliva por la comisura de los labio o severidad del cuadro clínico.

Aunque la enfermedad de Parkinson no se cura con la dieta, la alimentación es muy importante para prevenirla o mitigar algunas de las molestias presentes en los pacientes aquejados con ella.

Pueden presentar dificultades para ingerir alimentos, manipular la comida y tendencia a padecer estreñimiento. Constituyen un motivo muy importante para cuidar el aspecto dietético del paciente con el fin de mejorar su calidad de vida o evitar su deterioro.

Es importante en ellos mantener una dieta balanceada con la ingestión de frutas y vegetales, legumbres, alimentos integrales, carnes blancas, lácteos descremados, 25 o 30 gramos diarios de fibra vegetal y abundantes líquidos. Para evitar interferencias con el tratamiento se han propuesto patrones de dieta donde se restringen la ingestión de proteínas a lo largo del día, completando los requerimientos proteicos diarios en la cena; son las llamadas dietas de redistribución proteica.

COMESTIBLES A EVITARSE

Entre ellos se encuentran las carnes rojas, ahumadas, salchicha, jamón, vísceras, alimentos salados, manteca de coco o de palma y otros de la misma ralea, debido a su elevado contenido de colesterol y grasas saturadas o trans.

También en ellos debe evitarse las bebidas alcohólicas, café o refrescos energéticos y/o estimulantes. Asimismo, las meriendas y productos de comida rápida como las hamburguesas, perros calientes, pizzas, productos de dulcería con rellenos o bañados en soluciones azucaradas entre otros, también están contraindicados cuando una persona padece el mal de Parkinson.

VIGILAR LOS CAMBIOS

A lo largo de la enfermedad muchos de los pacientes experimentan una pérdida de peso significativa debido a un desequilibrio entre la ingesta y el consumo energético. A menor peso, más riesgo de deterioro general y subsiguientes complicaciones.

Desde etapas tempranas hay una disminución del apetito. Esto se ha atribuido a diversas causas; en parte a la alta incidencia de  trastornos del ánimo: hay una elevada presencia de depresión y ansiedad, así como apatía, con el consiguiente abandono de pautas de autocuidado y alimentación. Asimismo se afecta el olfato desde etapas muy tempranas de la enfermedad, lo cual repercute en el apetito.

El estreñimiento, definido como menos de tres deposiciones cada semana, está presente en el 50 al 80 por ciento de estos pacientes. Junto con los trastornos de la motilidad gástrica e intestinal también hacen que se reduzca la ingesta, puesto que los pacientes experimentan reflujo y molestias abdominales relacionadas con la dificultad para evacuar. También puede estar favorecido por una escasa ingestión de fibra y una reducida actividad física.

La medicación antiparkinsoniana  puede causar trastornos digestivos. Otros medicamentos asociados también pueden provocar estreñimiento y sequedad de la boca.

La dificultad al tragar, o disfagia, aparece con frecuencia. Puede implicar riesgo aumentado de malnutrición y deshidratación, neumonía e incluso la muerte. Lamentablemente, en algunos pacientes ancianos la existencia de cierta dificultad para tragar se justifica como parte del envejecimiento, sin entender que puede ser debida a esta enfermedad.

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología indica en su documento de consenso que cualquier método de análisis nutricional ideal en estos casos, debería recoger: a) índice de masa corporal (IMC); b) pérdida de peso; y c) cambios en la ingesta.

Favoreciendo la desnutrición en estos enfermos, en el Parkinson puede presentarse limitación para aproximar el alimento a la boca, dificultad en la masticación, aumento de la secreción salival, imposibilidad de formar bolo alimentario cohesivo, disminución del reflejo deglutorio, etc.

APOYO NECESARIO

El objetivo del importante apoyo nutricional es cubrir las necesidades de energía y nutrientes del paciente de manera segura. Por su bien es preciso evitar y/o tratar la desnutrición y sus complicaciones, adaptándose los familiares a la situación del paciente en cada momento de su evolución y teniendo en cuenta las circunstancias clínicas y personales.

Si las circunstancias lo ameritan, incluso pensar en un soporte nutricional artificial para estos pacientes, bien sea por sonda nasogástrica o colocación de un sistema de alimentación a más largo plazo, como la llamada gastrostomía endoscópica percutánea.

Todo ello con la finalidad de mejorar su calidad de vida y prevenir la morbi-mortalidad. El vital apoyo nutricional debe estar dirigido a evitar la malnutrición y mejorar la calidad de vida de estos enfermos.

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