Si quieres caer simpático(a) a los demás

 

Por Dr. Alberto Quirantes Hernández/Cubahora

La capacidad de percibir cómo se sienten los demás y actuar en consecuencia y de manera favorable para nosotros y para el prójimo se conoce con el nombre de empatía y es una cualidad capaz de abrirnos muchas puertas.

Es una preciosa cualidad la de aprender a escuchar y a ponernos en el lugar de los otros; es una de las maneras de acrecentar nuestra capacidad de ser empáticos y colocarnos en sintonía con los que necesitan nuestra ayuda y comprensión.

Es simple, solo se trata de tratar a los demás tal como ellos lo desean; o sea tal “como te gustaría que te trataran a ti”.

EMPATÍA, ¿QUÉ ES ESO?

Indudablemente, es una preciosa habilidad que deberíamos tener, pues nos permite comprender a las personas que nos rodean y ponernos en su lugar con todos sus problemas.

El grado de empatía puede varar según de quién se trate. Así vemos cómo somos más empáticos con gente de nuestro mismo sexo, edad, grupo social o nacionalidad.

Lo que nos hace “parecidos” es lo que nos une. Ha sido demostrado cómo las mujeres suelen ser más empáticas por una cuestión de “instinto maternal”, pues necesitan comprender, casi que intuitivamente, las necesidades del llanto de su bebé.

LAS VENTAJAS DE SER EMPÁTICOS

La capacidad de empatizar nos transforma en buenos amigos, excelente pareja, hijos ideales… Y, por supuesto, tiene aparejadas muchas otras ventajas.

Si comprendes a la otra persona, la escuchas y te pones en su lugar, después se sentirá en deuda contigo, te tomará aprecio y pudiera ayudarte en lo que necesites en otra ocasión.

No se trata de simular empatía para conseguir favores de los demás, pues la base de la empatía es la sinceridad.

OTRAS INNEGABLES VENTAJAS

Un de las más importantes es caerle mejor a la gente y ser más persuasivo. Así como, humanamente, motivar a los demás a salir de su “bache” y de paso ganar en experiencias de la vida cotidiana a través de las vivencias de los otros.

Y lo más encomiable y humano es comprender, reaccionar y ayudar a los abatidos sentimientos ajenos, convirtiéndonos en algo parecido a un experto confesor capaz de ofrecer sabios, sinceros y oportunos consejos.

SE PUEDE MEJORAR NUESTRA EMPATÍA

Una de las claves para poder ser más empático radica en ponerse en el lugar del otro y, por uno momento, olvidarnos de nosotros mismos

La empatía no es algo para mantener de manera permanente y ante cualquier sufrida persona, pues necesitamos tiempo y pensamientos para encargarnos de nuestros propios asuntos.

CUIDAR LOS DETALLES

Para ser genuinamente empático debemos cuidar hasta de nuestro lenguaje corporal, pues muchas veces podemos estar diciendo una cosa, pero con el cuerpo expresar otra completamente diferente. Perdemos el aire de genuino interés.

Los empáticos tienen la apreciada capacidad de observar las señales que ofrecen la postura, el tono, el silencio, la mirada de su interlocutor. Solo es cuestión de dejar de escuchar unos minutos y prestar atención a las otras cuestiones reflejadas en el lenguaje no verbal de la otra persona.

Además, se debe confiar en la propia intuición. Es algo que no falla por lo general. La intuición es certera y se le debe dar su oportunidad.

Debemos pensar en la motivación ajena, ¿Qué problemas ha tenido que enfrentar en los últimos tiempos? ¿Qué cosas lo motivan para hablar con nosotros?

Conociendo y analizando calladamente todo esto será más fácil conseguir empatizar. Es probable que no lo puedas preguntar directamente, pero puedes imaginarlo o pensarlo con solo prestar un poco de atención a todos los detalles.

Porque muchas veces la gente necesita un par de oídos y un hombro para desahogarse y recibir la comprensión y el consejo oportuno. Por supuesto, esto no quiere decir que te pasarás horas escuchando a alguien hablar sobre sus problemas, pero haz la prueba de interesarte genuinamente por su vida.

Se sentirá más que feliz gracias a ti. Y ya esto por si solo es bastante para un alma atribulada. En un mundo donde todos piensan en sí mismos y para sí mismos, ofrecer unos minutos de atención a otro es toda una lección de humanidad.

Seguro lograrás que la persona que tienes en frente se sienta reconfortada, aliviada y entendida. Seguro cambiarás su día para bien y le traerás el poco de la felicidad que tanto necesita.

EMPATÍA EFECTIVA

Para lograr una efectiva empatía se debe evitar exponer tus conclusiones personales sobre aquello que la persona ha compartido contigo. Porque los sermones los escuchamos diariamente y de todo el mundo: los amigos, los padres, la pareja, los vecinos, los maestros… y muchas veces nos sentimos hartos de ellos.

En cambio, tú tienes que enfocarte en hacerle sentirse comprendido. No le digas frases como “tu problema es…”, “tendrías que haber actuado…”, “¿cómo no has hecho nada?”…

Si percibe y se da cuenta que le vas a dar tus puntos de vista desde una mirada crítica se cerrará y dejará de compartir sus sentimientos contigo.

Habla desde el punto de vista de sus emociones. Parafrasea sus palabras y añádeles un toque de la emoción necesaria para que sienta que están en la misma sintonía.

Por ejemplo: “Así que te maltrata cada vez que le hablas (refiriéndose por ejemplo al jefe de la oficina). Creo que eso te hace sentir bastante inferiorizado ¿verdad?”.

Automáticamente la respuesta será afirmativa y el sentimiento que acompaña a esas palabras será “me siento comprendido”. El siguiente paso de esa persona será abrirse aún más y continuar hablando de los hechos.

Aunque parezca una frase hecha y sin sentido es realmente útil para lograr la empatía. Esfuérzate por no pensar en ti, aunque sea unos minutos al día, y mira a tu alrededor.

¿Qué necesitan aquellos que están a tu lado? ¿Cómo puedes ayudarles? ¿De qué manera se sentirían mejor? Te sorprenderán las múltiples e inesperadas recompensas que recibirás por esta humana actitud.

Poniéndote en el lugar del otro harás algo que casi nadie hace y por ello serás positivamente diferente.

NO ES TAN SIMPLE

Quizás todo puede parecer muy simple en la teoría pero en realidad no es así en la práctica. Un hábito que deberías desarrollar antes de querer ser empático, por ejemplo, es evitar estar lleno de prejuicios.

Y no solo de pensamiento, sino también de palabra. Hacer juicios apresurados cierra muchas puertas.

Y, finalmente, y no está de más recordarlo; esa conversación será para ti un hermético secreto, pues no te asiste el derecho de compartir con nadie más las intimidades de alguien que ha confiado en ti sus más íntimos sentimientos.

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