Presidente cubano Miguel Díaz-Canell llega mañana a Vietnam en visita oficial

Desde Al día.cu

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, llega este jueves a Vietnam en visita oficial y amistosa, su primera desde que asumió el cargo en abril de este año. Será la segunda de todos los tiempos, porque ya antes estuvo aquí en junio de 2013, cuando aún era primer vicepresidente de la isla. Desde entonces han transcurrido cinco años y cualquiera diría que es poco tiempo para advertir cambios muy notables en la fisonomía económica y social de la nación indochina.

Y aunque realmente un lustro es apenas un tris en términos de la vida de un país, lo cierto es que a Vietnam le ha bastado para hacérsele irreconocible a quien no pasó por aquí durante un lapso como ese. Las cifras a veces ocultan realidades, pero no es el caso: en los últimos cinco años el Producto Interno Bruto creció a un promedio anual superior al seis por ciento y los síntomas son visibles por doquier que uno camine. Por no ir más lejos, tómese a Hanoi como espejo del dinamismo de la vida nacional: donde antes había una carretera o un puente en mal estado, ahora hay un vial nuevo; los rascacielos de los barrios residenciales siembran lo que antes eran terrenos baldíos; y la producción de bienes de consumo en general aumentó apreciablemente.

Son cosas que el presidente Díaz-Canel sabe, pero a otro no advertido de la situación vale la pena contarle que por las calles vietnamitas no verá niños vendiendo periódicos, mendigos pidiendo pan, ni gente harapienta, pues hasta los recogedores de basura llevan pulcros uniformes. Ninguna hora mejor que temprano en la mañana para darse cuenta de cómo vive Vietnam. Desde mucho antes de salir el sol los comerciantes abren sus establecimientos y los que menos, arman sus puestecitos de flores, de frutas o de lo que sea, o salen a vender café y otras infusiones. Aquí, al que madruga Buda lo ayuda… O al que no duerme de madrugada, porque lo usual es que los constructores y los trabajadores de obras públicas trabajen durante esas horas.

Así que renuncie también el visitante desavisado a encontrar gente sin trabajo: el país mantiene el desempleo por debajo del dos por ciento y no pocos tienen más de una ocupación porque algunos salarios dan para comer, pero no para cubrir el más mínimo gasto superfluo. Los sueldos no les alcanzan a muchos, es cierto, pero la buena noticia es que suben. Así, si en 2016 el salario promedio mensual estaba en seis millones de dongs (unos 263 dólares), el año pasado escalaron a 6,6 millones de dongs (alrededor de 290 dólares).

Lo cierto es que los resultados de la batalla del gobierno contra la pobreza son tangibles. Del año 2000 al 2017 la tasa de hogares pobres se redujo del 27 al nueve por ciento y las cosas siguen encarriladas en ese curso.
Todo lo anterior tiene que ver con la seguridad con que uno anda por las calles vietnamitas. No digo que no haya robos o hurtos al descuido, pero de ahí al asalto con violencia… Más hay que cuidarse del tráfico desbordado de autos y motos, cuyas crecientes ventas, dicho sea de paso, también son reflejo de algo.
La intensa vida social y cultural del país; la tranquilidad de los padres de ver corretear a sus hijos por parques y plazas sin más preocupación que una rodilla despellejada; la sed de lectura entre los jóvenes y su afán por ser alguien en la vida; la libertad de escoger y cultivar la religión que uno desee…

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