¿Quién es José Martí?

 

Por Ania Terrero

¿Quién es José Martí? ¿Cómo resumir en tan poco tiempo y espacio sus múltiples facetas, su personalidad apabullante, sus reflexiones, temores y aciertos? Hay que contar al hombre, al héroe, al revolucionario, al periodista, al poeta… Aún más, hay que hablar sobre Martí recuerdo, herencia y deuda. ¿Cómo escapar entonces del error frecuente y no sacralizarlo, simplificarlo, anularlo? Escogemos partir de un hecho, una realidad definida por otros tantos: no hay un único Martí en Cuba; hay cientos, miles, millones.

Hay un Martí en el catedrático que estudia su obra para entender, con el paso de los años, viejas reflexiones que resurgen como nuevas. Hay un Martí en el artista que busca en su figura la inspiración para pintar, escribir o filmar -pero siempre cuestionar- la realidad que le circunda. Hay un Martí en el delincuente de barrio que entre tablas de dominó sentencia, con el único lenguaje que conoce, “lo escapa’o que estaba el tipo”. Hay un Martí en el investigador que descubre en la universalidad de la ciencia puntos de contacto con las sentencias martianas. Hay un Martí en los niños de una Colmena que cuentan “en secreto de pandilla” los bienes de la semana. Hay un Martí tatuado en la piel de un joven fotógrafo que desanda el mundo. Hay otros, muchos, tantos.

Tratamos de contar esos Martí, al menos algunos de ellos; porque la suma de todos construye la verdadera esencia del hombre complejo y polifacético que Cuba asume como Héroe Nacional. Para ello preguntamos a más de quince cubanos, jóvenes y experimentados, artistas y científicos, escritores y profesores. Buscamos las causas de su universalidad, los recuerdos, herencias y enseñanzas que dejó, las deudas con sus sueños y proyectos. Más de ciento sesenta años después parecen las mejores historias por contar, el mejor homenaje posible.

Cubano del mundo

Monumento de José Martí en el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Uno de los más grandes misterios tras la figura de Martí, sino el más, es de dónde sacó tiempo en sus escasos 42 años de vida para hacer tantas cosas distintas, productivas, y lograr con ellas trascender fronteras de tiempo y espacio para convertirse en el más universal que ha parido esta Isla. Algunas señales apuntan hacia la riqueza e integralidad de su pensamiento, a su fidelidad a la Patria como concreción cercana del sueño eterno de libertad y a la capacidad para proyectar sus aspiraciones, las de Cuba, hacia el mundo. Pero sobre todo, a su habilidad para vivir desde la perspectiva del  poeta, que ve hermosura en todas partes y aprende a transmitirla en cada acción.

Carlos Alberto (Tin) Cremata, teatrista y director de la Compañía de Teatro Infantil La Colmenita: “Su universalidad forma parte del misterio Lezamiano y para siempre, como escribiera Fina. ¡¿Cómo pudo hacer tanto y tan bien?! Como hijo, padre, compañero, amigo, poeta, periodista, editor, traductor, orador, maestro, teatrista, crítico de arte, diplomático, conspirador, jefe revolucionario y mambí fue, es y será siempre el Maestro inspirador y artista mayor… Como escribiera el poeta cubano Eliseo Diego: ´El notable novelista inglés, David Herbert Lawrence, dijo una vez que un país no cobra vida hasta que alguien lo ame como un hombre ama a una mujer. Los cubanos tenemos la suerte de haber tenido un hombre así entre nosotros. Su nombre es José Martí´”.

Luis Alberto Montero, químico y coordinador de ciencias naturales y exactas de la Academia de Ciencias de Cuba: “Si hubiera sido francés, o inglés o americano, que son de los países con más trascendencia informativa del mundo occidental, su universalidad sería mayor que la de Diderot, Churchill o Jefferson. Cuba y Martí son nombres universales, uno reforzando al otro, mutuamente”.

Henry Colina, economista y profesor de la Universidad de La Habana: “Nunca he estudiado su obra con la profundidad que merece, pero he leído lo suficiente para comprender que el pensamiento de Martí es más que un sistema de citas. No debe zanjarse un debate con una frase del Apóstol como si su pensamiento sobre un tema fuera el final del análisis: tanto su obra como su vida quedaron truncas. Por ello es el más universal: su razón provoca más que determina”.

Julio César González, historiador y director de la Red Iberoamericana de Masculinidades: “En el pensamiento martiano hay muchos de los dilemas universales de ayer y de hoy, pleno siglo XXI. Cuando utilizamos sus frases en cualquier contexto parece que está viviendo ese momento. No estuvo ajeno a ningún sufrimiento humano, independiente de su raza, sexo, etnia  o nación”.

Fernando Luis Rojas, historiador, ensayista y especialista en ICIC Juan Marinello: “El antimperialismo y latinoamericanismo de Martí son profundamente universales. Constituyen fórmulas para responder a ese amplio espectro que recorre los polos colonialismo (o pudiéramos decir con mayor amplitud: dominación)-independencia (soberanía). Ello nos lleva a otro registro de su universalidad: pensar la revolución en una doble vía. Encontrar salidas a una situación nacional y articular estas salidas con la internacionalización de la lucha”.

Antonio Herrada, geógrafo, poeta e investigador de la Universidad de La Habana: “Me gusta pensar en Martí como el más cubano de los hombres universales. Martí pertenece a un linaje que lo separa de cualquier porción de tierra y al mismo tiempo lo une indisolublemente a la humanidad como hijo imprescindible de la raza. Hemos tenido la suerte de que ese hombre y nosotros compartamos la misma patria, porque Martí y Cuba son la misma cosa, pero al mismo tiempo Latinoamérica y el mundo entero pueden tenerlo como suyo, no solo porque en su acción y pensamiento hubo lugar para luchas e ideas de libertad más allá de su dolida Cuba, sino porque en Martí se realizaron todos los sueños del hombre común, que es decir de todos los hombres”.

Fernando Pérez, director de cine y escritor: “Martí  es conocido entre nosotros y más allá de nuestras fronteras como patriota acendrado, pensador visionario, político sagaz,  inspirado escritor. Pero creo que su verdadera trascendencia se debe a que fue un poeta. No únicamente un poeta de versos, sino un hombre que interpretó y vivió la vida a través de su sensibilidad poética -que es la manera más ecuménica y profunda de entender las complejidades del ser humano”.

Martí nuestro: las herencias

Ronquillo, el periodista, piensa en la nobleza de sus ojos y la mano sobre el pecho. Rescata, de entre muchos otros recuerdos, los detalles del retrato de Martí firmado por Jorge Arche que presidía los honores cotidianos del amanecer en la humilde escuela del Batey de Pueblo Nuevo, donde cursó los primeros grados. Invoca también a un compañero que, durante el cumplimiento del Servicio Militar en las Fuerzas Armadas, nunca dejó de tener al fondo de su litera una imagen del Apóstol a la que jamás le faltaban las flores.

En otro tiempo y otro lugar, una Hermanita de Jesús escogió el camino espiritual inspirada por Dios y por los versos humildes de Martí: “con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”. Lizette Vila recoge la historia en su documental Confesiones. También la documentalista confiesa: desde la entrevista a aquella monja en Pinar del Río, entiende y ve a Martí con otros ojos, como un hombre extraordinario, carnal.

Tanto tiempo después, el Héroe Nacional aún se mezcla entre la gente y saca lo mejor de ellos. O al menos, los insta a esforzarse y reinventarse cada día como personas de bien. Cada cual lo entiende y lo cuenta a su modo. Construyen entre todos muchas imágenes de Martí. Todas ciertas. Lo enriquecen, lo reafirman en una de sus facetas: la de Maestro.

Liliam Marrero, profesora de Periodismo: “Es Cuba el anhelo que me une a Martí. Martí aparece como una raíz, una pertenencia, una afirmación de lo que ha sido mi país, de lo que he sido yo; y es también la melancolía de lo que no he podido ser yo, de lo que aún no es Cuba. Digo melancolía en el sentido de lo posible todavía, en el sentido de reconocer, saber, querer y hacer una nación más inconforme consigo misma, una nación más con todos. Martí es un modo de mirarme a mí misma, una especie de arcilla que voy moldeando, en franca rebeldía con las lecciones estáticas de algunas clases de Historia. (…) Nadie podría considerar más que Martí aquello por lo que me reafirmo con orgullo como cubana; pero tampoco podría nadie apuntar con más firmeza aquello por lo que me duelo como cubana. No hay condescendencia, hay premura, hay exigencia, hay una discusión sobre el presente y el futuro en ese Martí que me acompaña. Que sea más humanidad la Patria, me digo, me dice. Que sea más humana Cuba. Que lo sea yo”.

Fernando Luis Rojas: “Su práctica es para mí un referente fundamental. La coherencia entre producción intelectual y práctica política. En Martí, la esencia que define su condición revolucionaria radica en su ética humanista. Esta debía ser un elemento regulador hoy, por la prevalencia de un alejamiento de ella y la naturalización de este proceso. También me guía la manera en que se orienta su obra y acción para superar contradicciones emergidas de la práctica política. En rigor, todavía Cuba y sobre todo el mundo, tiene grandes deudas con esos dos aspectos: la ética humanista como regulador, y la práctica política como superación permanente”.

Josefina Vidal, diplomática y embajadora de Cuba en Canadá: “Una de las tantas esencias del pensamiento martiano que trato me acompañe siempre es la Honestidad. Y digo honestidad con mayúscula, la que se debe tener con todo, para con los demás y para consigo mismo, en cualquier aspecto de la vida, incluyendo las ideas en las que creemos”.

Henry Colina: “De su escrito “Maestros ambulantes” sobre la enseñanza elemental científica sin distinciones ha sido frecuentemente citada la frase: “Ser culto es el único modo de ser libres”. Sin embargo, ese mismo texto continúa más allá hasta decir que en lo común de la naturaleza humana se necesita ser próspero para ser bueno. El artículo completo nos muestra a un escritor preocupado por la bondad de los hombres y el camino de la educación y la prosperidad productiva que la ciencia genera para transformar a los seres humanos de: “máquinas de comer… a una antorcha”. Ese es un principio que debe seguir la Universidad, a medida que se extiende a todas partes y se hace accesible a todos”.

Luis Montero: “Precisamente su universalidad me acompaña. En los tiempos actuales lo multidisciplinar y global, que es universalidad, debería estar presentes como conceptos primarios y formas de actuar en cualquier ciudadano consciente del siglo XXI. La ciencia actual no podría existir sin ser universal”.

Julio César González: “Tengo el honor de que mi tatarabuelo José Pérez Cabrera sea el hermano de Leonor, la madre de Martí. Toda mi vida está marcada por la filosofia martiana de estar “con todos y para el bien de todos“. Mi pensamiento, accionar y vida diaria esta dedicado a mi país Cuba, la tierra que el tanto amó y defendió. Hay mucho de esta prédica cuando apoyo desde mis posibilidades a los grupos más vulnerables de nuestra sociedad”.

Dazra Novak, narradora y promotora cultural: “Hace algunos años, en una entrevista que me hicieron para la televisión brasileña, Eric Nepomuceno me preguntó: ¿Qué es Latinoamérica para ti? Y yo le respondí: mi casa, mi barrio. Latinoamérica, duele. Yo creo que esa sensación de lugar al que siempre se regresa porque sí, porque está/estará en nuestra sangre, viene justamente de ese pensamiento y sentir de Martí. Es un legado, también, de dolor, un profundo dolor que arroja a su vez resultados hermosísimos. Pródiga contradicción que ya él advertía, como tantas otras cosas que advirtió sabiamente Martí: ´¡Y todo ese veneno lo hemos trocado en savia!´”

Eduardo Heras León, escritor, crítico y profesor: “El hecho de que Martí dedicara prácticamente toda su vida a la tarea de liberar a un pueblo pudiera hacer pensar que fue ese su único propósito, sin tiempo para otras actividades. Pero cuando descubro todo el tiempo que dedicó a la labor literaria, a ejercer con suma brillantez la labor de crítico literario y de arte o de corresponsal para tantos importantes periódicos de la época, me doy cuenta de que la esencia de su vida, su admirable ejemplo, influye en mi vida, lo acerca a mi vida, no como un dios sino sencillamente como un hombre cercano a mí, que me ayuda a pensar y a sentirme un hombre de mi tiempo”.

Antonio Herrada: “Si algo me une a Martí más que nada es la esencia que atraviesa toda su vida y su obra: la poesía. Hay en él poesía mucho más allá de sus versos, hay poesía en la forma en que vivió, en sus discursos políticos, en sus artículos periodísticos sobre adelantos de la ciencia, hay poesía en su muerte de cara al sol. No es casual que pertenezca a ese linaje de hombres grandes que unieron patria y poesía. De Martí me interesa el afán de libertad, su impresionante ética humanista, su asombro por la naturaleza y su amor incondicional por Cuba”.

Fernando Pérez: “En el prólogo a “El poema del Niágara” de Pérez Bonalde, reflexionó Martí sobre la libertad. Allí vislumbraba al hombre  rodeado por la pasión de los padres, las filosofías, las religiones, los sistemas políticos para colocarle al recién nacido una venda en los ojos y guiarlo en la vida como a un caballo embridado.  Y concluía aseverando que el hombre nunca sería libre mientras no se asegurara la libertad espiritual de cada individuo. Esa reflexión martiana me acompaña siempre en mi cine y mi vida”.

Corina Mestre, actriz: “En Martí está la esencia de lo que somos y debiéramos ser los cubanos: por su vocación de servicio con el resto de los seres humanos, por los valores que nos aportó, por la dignidad que nos legó, por el amor que dedicó a la Patria. Martí vivió para los demás sin importarse en lo más mínimo; aun cuando escribió lo hizo para los demás, para intentar que todos los seres vivieran mejor. Ese dar todo sin esperar nada a cambio y el amor por Cuba son las cosas que llevo más cerca”.

Ricardo Ronquillo, periodista y presidente de la Unión de Periodistas de Cuba: “Hay una frase suya muy reconocida a la que, lamentablemente, se le amputa la segunda parte, y a la que rindo un culto especial. Ser culto es el único modo de ser libre, se proclama siempre, pero se olvida que agregó: ´Ser bueno es el único modo de ser dichoso´”.

René González, Héroe de la República de Cuba y vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí: “La idea, que recorre su obra, de que la maldad es la inteligencia del estúpido. De que la generosidad, la bondad y las ideas, encierran en sí una fuerza física indestructible. El concepto de que todos merecemos ser tratados con la misma dignidad y merecemos ser felices. La  idea, también esbozada por el Che, de que un crimen en cualquier parte del mundo es un crimen contra nosotros mismos”.

Aylin Febles, cibernética y presidenta de la Unión de Informáticos de Cuba: “La esencia del pensamiento martiano más cerca de mi vida diaria y forma de pensar es El AMOR. El amor a la familia, a la patria, a los humildes, a los amigos…”.

Tin Cremata: “La Colmenita tiene un principio de vida: ´Los niños debían juntarse, una vez a la semana, para ver a quien podían hacerle algún Bien todos juntos´. Varios días de cada semana de la vida, La Colmenita se reúne para contarnos como cumplimos con la práctica constante y consciente del Bien. Tratamos de salir todos los días a vivir con la sed y el hambre de hacer buenas acciones, que luego nos contamos como secreto de pandilla. ¿Por qué?, porque Martí también dijo que ´Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un Bien…´”.

Kaloian Santos, fotoperiodista y docente residente en Argentina: “Me quedo con la esencia del trotamundo y, en ese bregar, llevar y sentir como Martí más cerca de dónde vengo, mi identidad y mis luchas que son colectivas. La esencia de que el amor a la patria no “es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas”; sino es una amalgama de las personas que amas, los olores, sabores, paisajes, mi barrio, lugares donde fui feliz, que me marcaron, la maestra de primer grado que me enseñó a leer o mi papá que me presentó a Martí.  Un Martí que llevo tatuado en la piel como santo y seña de lo que soy”.

Deudas con Martí, cuentas pendientes con el futuro

Martí soñó un país que ha sido pero que tiene que seguir siendo. Foto: Modesto Gutiérrez

Martí ha sido muy estudiado. Su obra escrita ha sido analizada desde múltiples perspectivas por miles de académicos, políticos y cubanos en general, que han encontrado allí consejo, enseñanza y guía. Probablemente ese sea uno de sus méritos más grandes: la cantidad de información, análisis e indicaciones que dejó por escrito como complemento clave de sus acciones, para las generaciones de cubanos que vinimos después. Tal hazaña supone más que un favor, un desafío: el de cumplir con él, el de aprender a aprenderlo para poder incorporarlo en profundidad, más allá de citas imprecisas, y llevar finalmente a la práctica sus tantos sueños, para que perduren, para que Cuba crezca.

Josefina Vidal: “Como nación no creo que Cuba tenga deudas con Martí. Creo que el propio Martí no aceptaría tal idea. Todos le debemos a Cuba. Por el contrario, sí creo que todos los cubanos tenemos, al menos, una deuda con él: tratar de parecernos, acercarnos y absorber su pensamiento y, en particular, su ética”.

Fernando Pérez: “Más que deudas, agradecimiento. Agradecimiento por ser la fragua que nos une como cubanos y por revelarnos, al mismo tiempo, lo importante que resulta, dentro de esa unión, la diversidad, el criterio propio, el derecho a elegir y el valor espiritual de cada individuo”.

Dazra Novak: “Una gran deuda con Martí y su pensamiento es la necesaria conciliación de las partes. Martí en su momento supo entender ese divisionismo como una de las causas de nuestra derrota en la Guerra de los Diez Años, algo que luchó por erradicar, y lo logró, en buena medida y con su esfuerzo enconado, al organizar la del 95. Lamentablemente su desaparición prematura no le permitió lograr todo lo que habría podido lograr en ese sentido”.

Kaloian Santos: “No sé si el enfoque sería que tenemos deudas con él. Pienso que es importante tener presente su ideario y su literatura pero sin “muela“. No hay que recitar frases fuera de contextos; hay que desacralizarlo, bajarlo del pedestal y el mármol; tener en la mira el tiempo que nos toca vivir y hacer lo nuestro”.

Aylin Febles: “Cuba siempre estará en deuda con el pensamiento Martiano. Debemos echar más la suerte por los pobres de la tierra, hacer cada cual lo que debe hacer para que no nos venzan nunca y no dejar caer lo logrado en la educación, que nos ha hecho libres. Enseñar más y mejor la obra Martiana también es una deuda”.

Henry Colina: “Cuba y yo compartimos la misma deuda: estudiar más a Martí. Compartimos el reto de hacerlo más accesible. Martí para mí no es un oráculo, ni un semidiós. Fue un cubano que consagró su enorme inteligencia y su energía a que nos reconozcamos como pueblo y que como tal tuviéramos libertad y soberanía. Decirle humano no lo hace menos”.

Tin Cremata: “Todas, todas las deudas… para no ´surfear´ sobre Martí, como a veces hacemos los cubanos. Él mismo escribió en “Maestros ambulantes”: ´Los hombres son todavía máquinas de comer y relicarios de preocupaciones. Es necesario hacer de cada hombre una antorcha´”.

Ricardo Ronquillo: “La Cuba martiana que comenzó a erigirse con la sangre de la Generación de su Centenario es aún un proyecto inconcluso. El sueño de una patria Con todos y para el bien de todos que preside la Carta Magna desde 1976, y puede seguir presidiéndola si los cubanos lo reafirmamos el próximo 24 de Febrero, busca florecer entre las punzantes espinas del siglo XXI. Lo salvaremos si, como buenos discípulos, sabemos interpretar la hermosa inmanencia universal de este archipiélago”.

Eduardo Heras León: “Le debo aprender cada día (algo que intento hacer a diario); a ser mejor sobre todo como ser social y mantenerme siempre como el creador que he pretendido ser. Como nación, Cuba le debe terminar su tarea de fundar una república como pedía él, con todos y para el bien de todos, y que su proyecto de nación se perfeccione para hacer realidad su sueño, o lo que es lo mismo, su utopía”.

René González: “Como nación, tenemos el deber de seguir luchando por el mundo que él soñó. Como individuo, profundizar en su obra, leerle más y tratar de entenderle mejor. Cuando Fidel nos advirtió que la Revolución podría perderse por nuestros propios errores, creo que se refería a que la sumatoria de debilidades de quienes la construimos pudiera dar al traste con este proyecto, que es el de Martí. El revolucionario que infla un globo, el revolucionario que prioriza su cargo al objeto de su tarea, el revolucionario que promueve a sus amigos, el revolucionario que alimenta el formalismo en detrimento del espíritu, el revolucionario que vive por la ley del menor esfuerzo. Cada uno, individualmente, pudiera estar cometiendo un pequeño pecado, pero la sumatoria de todos esos pecados puede poner en peligro a la Revolución. Todos, juntos, debemos a Martí que la esperanza que representa Cuba no se pierda”.

Fernando Luis Rojas: “Reducir el sueño martiano solo al 1ro de enero de 1959 nos inmoviliza, porque Martí también es parte de una cultura de liberación que se ha desarrollado después. Por tanto, no tener un país justo y sin desigualdades -no viéndolo en comparación con la mayoría delos países del mundo, si no con nuestra aspiración- es una deuda. Ponerle cortapisas a la lucha anticapitalista y antimperialista porque tenemos que insertarnos en mundo económicamente hostil, es una deuda. Las deficiencias en la formación educacional -partiendo de la aspiración revolucionaria cubana- es una deuda. No tener a “La Edad de Oro” como material fundamental en la educación institucionalizada de nuestros niños, es una deuda”.

Antonio Herrada: “La deuda mayor con Martí es desacralizarlo, volverlo palpable, más humanas y cercanas sus ideas. Martí soñó un país que ha sido pero que tiene que seguir siendo. Y para eso, hay que revisitarlo, hay que pensar desde nosotros en las líneas que él trazó y que siguen siendo la base de nuestro pensamiento, no por mandato, sino por impresionante coherencia. Cuba nunca tendrá deudas con Martí, porque Cuba es, como lo fue para él, la expresión más grande. Los hombres que hemos nacido en esta tierra, y que compartimos esa extraña sensación que nos reúne, somos los que debemos hablarle y ser, sobre todas las cosas, como los hombres que él mismo fue. Siempre me gusta pensar en nuestro billete más común, en la imagen de Martí todos los días en miles de manos, aparentemente con el menor valor monetario, pero en esencia, como la imagen más repetida y siempre entre las más humildes manos”.

¿Quién es José Martí? Es la suma de los muchos Martí que andan hoy por esta Isla, por este mundo. Hay un Martí en cada cubano, una construcción del Héroe Nacional que se conforma a partir de las aspiraciones y aprendizajes del que lo estudia y lo entiende. Estas son las miradas de algunos de ellos. No son ni de cerca suficientes.

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