Helms-Burton, los sueños de la bestia

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Como por arte de magia se ha querido resignificar el idioma, desde el poder, así por ejemplo la intervención armada es «ayuda humanitaria» y, en el caso del engendro legal Helms-Burton, el aplastamiento de un país se coloca bajo el «inocente» nombre de Ley de Libertad y Solidaridad con Cuba. Todo un proyecto acerca de un futuro distópico, con una república aún más irreal que la surgida en 1902.

Si los patriotas debieron aprobar el apéndice de la Enmienda Platt, bajo la amenaza de que la ocupación nunca terminaría y no se daría paso a la elección presidencial y el inicio de la tan anhelada independencia; ahora con la Helms- Burton el escenario, aunque similar, busca atar a Cuba para siempre. Las sanciones económicas, las demandas judiciales arbitrarias, así como la expulsión de los cubanos de sus propiedades, no cesarían hasta tanto la Casa Blanca no considere «todo en orden».

Y con ese orden se refieren a una «democracia» que no tendría el aval internacional, según los principios de Naciones Unidas, sino el sambenito caprichoso de la derecha cubanoamericana más recalcitrante, oportunista e hipócrita, dispuesta a lucrar con la sangre de una «Cuba transicional», luego de que durante 60 años vivieran del presupuesto erogado por sus amos norteamericanos.

Imagine usted el escenario, se encuentra sentado en la acera de su casa, o vuelve a su vivienda al culminar la jornada diaria, para encontrarse un sello en la puerta y varios extraños que se dicen cubanos «expropiados» y dueños del inmueble.

EL ORIGEN DEL MAL

La administración de Eisenhower había calculado mal la llegada de los revolucionarios al poder en 1959. Existen estudios serios donde se evidencia la creencia de que el proceso contra Batista estaba bautizado bajo el viejo adagio de la novela El Gatopardo, aplicado hasta entonces en las revoluciones burguesas: «cambiarlo todo, para no cambiar nada». Pero las primeras medidas en Cuba, ya apuntaban hacia la construcción de una soberanía sin precedentes en el archipiélago.

Rápidamente se criminalizó al joven Gobierno revolucionario de La Habana y, junto con una campaña de descrédito en torno a las medidas tomadas con los esbirros batistianos, se comenzó a generar el bulo de que «Cuba roba nuestras propiedades». Se sabe que el proceso de nacionalización contó con un sistema de compensaciones, el cual fue aceptado como lógico y justo por múltiples empresas europeas. Solo cuando Eisenhower eliminó la cuota azucarera, para afectar el 70 % de las exportaciones cubanas, los revolucionarios aceleraron el proceso de expropiaciones.

Tengamos en cuenta que eliminar la cuota era una forma de guerra económica, que buscaba descapitalizar el corazón de la economía cubana, sin embargo, el mundo siempre ha sido mucho más grande y el naciente Gobierno buscó alternativas de comercio con Europa Occidental y los países del bloque socialista. Tras la ruptura de relaciones, realizada de forma unilateral e injustificada por Washington, se comenzó a tratar a Cuba como mismo se hizo con la Alemania del Káiser en 1917, una potencia que sí tenía una política marinera agresiva, de hundimientos de barcos mercantes y civiles.

Esa «ley de comercio con el enemigo» trataba a Cuba como un paria mundial, una vieja política que aún hoy se aplica a aquellos países cuyos gobiernos la Casa Blanca desea remover. Aquel embargo, decretado por J. F. Kennedy, se refería solo a productos norteamericanos.

LA HORA DE LA CACERÍA FEROZ

Cuando la economía del bloque socialista comenzó a mostrar fracturas, ya de una manera temprana a inicios de la década de los 80, Cuba comenzó las medidas para diversificar aún más su modelo hacia una forma mixta.  Estados Unidos ideó entonces un contraplan con el objeto llano de «cazar» a Cuba en el plano internacional.

La Isla aprobó en 1982 un Decreto-ley para regular las actividades relacionadas con la inversión extranjera  y la política laboral también se modificó en 1990 para permitir el asiento de empresas turísticas. Además, en 1992 algunos artículos de la Constitución se adaptaron para permitir mayor flexibilidad en cuanto a las formas de propiedad existentes en el país.

Esas medidas demostraron su rápida eficacia, ya que en 1989 solo el 5,7 % del intercambio se hacía con las Américas, pero en 1994 ascendió al 34,7 %, en tanto que ya para ese mismo último año el 45 % del comercio se realizaba con Europa. Dicho éxito apuntaba hacia la existencia de una Cuba socialista y soberana posterior a la caída del «socialismo real», una que no pasaría por el proceso de «reformas democráticas de corte político» que le interesan a Washington.

El 23 de octubre de 1992, el entonces presidente estadounidense George  H. W. Bush aprobó la Cuban Democracy Act, en cuyo acápite más agresivo se sancionaría a aquellos barcos que tocaran puertos cubanos, como si de un estado de guerra se tratara.

La victoria republicana en las legislativas de 1994, convierte al senador Jesse Helms en presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta.

De inmediato y alentados por el reciente fin del socialismo en Europa, los lobistas cubanoamericanos usaron al nuevo funcionario para endurecer la Cuban Democracy Act, así nacía el 12 de marzo de 1996 la Ley Helms-Burton, con un carácter extraterritorial sin precedentes.

UNA LEY «IMPRACTICABLE»

Cierto que la suspensión del Título III de la Ley ha estado marcada por las demandas interpuestas por poderosos socios comerciales cubanos, sobre todo de la Unión Europea, sin embargo, el carácter político de la Helms-Burton la separa de ser practicada con sensatez en Estados Unidos, ya que no habría manera de controlar la legitimidad de los supuestos demandantes cubanoamericanos o estadounidenses, lo cual daría paso a una rapiña de las riquezas de Cuba basada en componendas. Los abogados apuntan que el volumen de «demandas» sería tan alto, que muchos tribunales colapsarían, para dejar como conclusión que dicha ley es inconstitucional por impracticable.

Además, como ley, entra en contradicción con la letra de la Constitución estadounidense, en su Quinta Enmienda, que garantiza la libertad de viaje de los norteamericanos. Pone en contraposición los poderes del Estado, al enfrentar la justicia con lo legislativo, conflicto que en la letra de la política doméstica de Estados Unidos se considera casi un pecado. Pero, sobre todo, convierte un problema local, con una minoría como la cubana, en un asunto mundial, que afecta los intereses económicos de Estados Unidos.

EL FRACASO

Para 1996, Cuba tenía crecientes lazos comerciales con el resto del mundo, una política inteligente que, al llegar la Helms-Burton, en lugar de aislarla, la hizo merecedora de atenciones especiales por parte de las potencias regionales.

En el caso canadiense, dicho país se llegó a situar entre los principales socios comerciales de Cuba, fortaleciendo su política basada en el pragmatismo diplomático, el reconocimiento del Gobierno cubano y la protección mediante leyes antídoto contra las medidas de Washington. La legislación canadiense impidió que las empresas de ese país se plegaran a los norteamericanos.

En la temprana fecha del 28 de mayo de 1996, Canadá y México tomaron acuerdos en torno a la Ley Helms-Burton, como una medida violatoria de sus respectivas soberanías. Así, la Ley puso en crisis el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el cual beneficiaba directamente a la economía norteamericana, lo cual redundó en que la clase empresarial norteamericana repudiara la mentada legislación.

En el caso de México, Cuba recibió además el respaldo político de ese gobierno y su solidaridad en contra de la injerencia económica y política, ya que es política de ese Estado la autodeterminación de los pueblos y la paz.

La otra gran victoria regional, muy temprana, fue la Ley de Protección al Comercio y la Inversión de Normas extranjeras promovida por México, en la que se les ponía freno a las medidas norteamericanas y sentó un fuerte precedente internacional como ley antídoto. El Estado mexicano llevó el caso ante la Corte Internacional de Justicia e impulsó en la Asamblea General de las Naciones Unidas una resolución sobre la aplicación de leyes extraterritoriales.

SIGAN SOÑANDO

Organizaciones fantasmas, financiadas por el dinero federal, se reúnen por estos días en Miami para reclamar propiedades como por ejemplo más de la mitad de la provincia de Cienfuegos (en el caso de uno solo de esos «empresarios»). En otro caso, el terreno del aeropuerto internacional José Martí sería una «finquita particular».

El negocio de la derecha cubanoamericana sería gracias a esto, redondo, pero el precio sería impagable para el imperio. La bestia de la Casa Blanca confunde sus sueños con la realidad, la ficción mitológica con la Historia.

(Publicado en Mi Cuba por siempre)

2 pensamientos en “Helms-Burton, los sueños de la bestia

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