El cáncer del neofascismo invade a Costa Rica

 

Dragos Dolanescu (de chaqueta) en su visita a Miami. Junto a él los congresistas republicanos Lincoln y Mario Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtienen.


Por: Juan Reverter-Murillo

Para el 30 de mayo, en el Salón de Expresidentes de la Asamblea Legislativa de Costa Rica, el diputado Dragos Dolanescu Valenciano, ha convocado a un foro titulado “Adoctrinamiento de los pueblos a través de la educación castrista cubana”; actividad que parece ser el culmen de la campaña de desinformación generada a partir de la firma de un convenio de cooperación en materia educativa entre los gobiernos de Costa Rica y Cuba.
Esta actividad podría pasar por un simple hecho anecdótico, un pelo en la sopa, de no ser porque se han conjugado en la misma un conjunto de actores y eventos políticos que nos deberían poner en estado de alerta. Porque tal parece que cada día, con más desparpajo y poca sutileza, personas vinculadas al neofascismo latinoamericano despliegan sus esfuerzos por convertir a Costa Rica en un feudo de sus oscuras intenciones.

¿NOS ALCANZÓ LA METÁSTASIS NEOFASCISTA?
En realidad, el neofascismo no es un fenómeno nuevo en Costa Rica. Desde los años 50, cuando se inicia la ofensiva anticomunista en el mundo, especialmente en Latinoamérica, de la mano de los gobiernos estadounidenses, existieron núcleos de personas, vinculadas muchas de ellas al gran capital costarricense, que optaron por tratar de instaurar en el sentido común social valores y formas de ver el mundo vinculadas con el fascismo, lo que se ha dado en llamar el neofascismo.
Este anticomunismo, que en la práctica no era sólo contra la militancia comunista, alcanzaba a ver como enemigos que debían ser eliminados, simbólicamente y si era necesario físicamente, a cualquier simpatizante o militante de organizaciones sociales y partidos políticos, bastando tan sólo que insinuaran que el sistema capitalista era la génesis misma de los problemas sociales que vivían nuestros pueblos. La primera vez que vemos este neofascismo en acción es en la Guatemala de Jacobo Arbenz, en 1954, cuando se le tilda de comunista aunque estaba siquiera lejos de pretender desarrollar un modelo de sociedad afín a este cuerpo de pensamiento político.
En este marco es que en Costa Rica surge una organización que hasta mediados de la década de los años ochenta fue el reservorio del neofascismo costarricense. Se trataba del Movimiento Costa Rica Libre (MCRL), una organización de carácter paramilitar que desarrollaba acciones en contra de los partidos de izquierda y de los movimientos sociales más activos en esos años (sindicatos bananeros, estudiantes universitarios y campesinado que reclamaba tierras, principalmente.). De manera constante les señalaba como “enemigos de la democracia”, “servidores de Moscú” y otros epítetos similares.
Contando con el apoyo del periódico La Nación, que llegó en algún momento a cederles una página completa semanal y de Taiwan, se dedicaron por casi 30 años a tratar de instaurar valores propios del neofascismo; anticomunismo visceral, odio a cualquier forma de organización social que reinivndicara justicia social, nacionalismo exacerbado rayando en el chovinismo, xenofobia y exaltación de lo militar. Desgraciadamente tantos años de accionar dejaron su huella, aunque nunca lograron un apoyo masivo en la población.
Ese neofascismo se mantuvo en el cuerpo social costarricense como una especie de tumor maligno, encapsulado y localizado, pero que al no hacer metástasis, no representaba un peligro inmediato. Pero tampoco se hizo ningún esfuerzo por eliminarlo, ya que quienes auspiciaban al MCRL también se encontraban en las listas de donantes y financistas de los principales partidos políticos de la época (Liberación Nacional y Unificación Nacional, que da origen con otros partidos menores a la Unidad Social Cristiana). Desgraciadamente, en los últimos años, parece que el tumor ha comenzado a expandirse y de forma agresiva.
Al igual que las células cancerígenas, podríamos ver esta metástasis favorecida por factores de orden ambiental. Y han sido tres los factores externos que están influyendo, al menos desde mi punto de vista. El primero, sin lugar a dudas, el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, basado en un discurso políticamente incorrecto y apelando a dos de los valores más preciados del neofascismo: xenofobia y nacionalismo chovinista.
El segundo factor ha sido, el auge que ha tenido el vínculo entre neopentacostalismo y política. Si el anticomunismo, desde una perspeciva amplia, se cebó en los años 60 y 70 en contra de los partidos de izquierda y los movimientos sociales tradicionales (sindicalismo, campesinos y estudiantes), los postulados de conservadurismo religioso de los neopentecostales han enfilado baterías en contra de los llamados nuevos movimientos sociales, especialmente el feminismo y el movimiento de personas LGBTI. El término “ideología de género” resume mucho de esto, donde incluso se le ha llegado a achacar ser el caballo de batalla de la izquierda moderna.
Por último, está el triunfo de Bolsonaro en Brasil. Aunque en el fondo mucho de su discurso no se aleja para nada del elaborado por Trump, si es cierto que sus propuestas no tuvieron ya ningún tapujo en plantear claramente su veta neofascista. Y mandó una señal muy fuerte a sus adláteres latinoamericanos de que es posible que el mismo sistema democrático liberal permita que sus enemigos declarados puedan acceder al gobierno de un país.
Con estos ejemplos, tres figuras políticas costarricenses parecen estar compitiendo por ser el más neofascista nacional. Por un lado tenemos a Juan Diego Castro, ex ministro de Seguridad Pública de José María Figueres que debió abandonar el cargo al hacer desfilar la Fuerza Pública por el centro de San José y rodear la Asamblea Legislativa, según él, para “saludar a los diputados”, pero que en la práctica se vió como una amenaza velada de lo más cercano al aparato militar costarricense. Vale señalar que si bien no contamos con un ejército permanente, el poder de fuego estatal (poco o mucho, eso tiene poca importancia ahora), está en manos de la policía, por lo que una demostración de este tipo no es poca cosa. Candidato presidencial en el 2018, basó su campaña en cargar contra los extranjeros.
El segundo en discordia es Sergio Mena, otro abogado que irrumpió en la escena política con un partido llamado Nueva Generación, que ha demostrado una maleabilidad impresionante para acomodar su forma y discurso a las tendencias “main stream” de la opinión pública. Y como detectó que las posiciones autoritarias de derecha parecen ser la tendencia, pues las ha asumido de manera fanática. Por primera vez un político costarricense se declaró abiertamente de derecha, dorando la píldora al decir centro derecha, pero derecha al fin y al cabo. Y nuevamente se ceba con los extranjeros, llegando a proponer una suerte de Leyes de Nuremberg 2.0. Su gran propuesta ha sido que los hijos de personas extranjeras que nazcan en territorio nacional no sean considerados costarricenses. ¿No les suena parecido a lo que hicieron con los judíos en la Alemania nazi?
Y el tercero, y en mi concepto el más peligroso de los tres, es el actual diputado Dragos Dolanescu Valenciano, representante de un partido escindido de la Unidad Social Cristiana que se denomina Republicano Social Cristiano, y del que es su presidente nacional.
Con poses ególatras, Dolanescu Valenciano cada vez más se trata de posicionarse ante la sociedad costarricense como el “hombre fuerte” que salvará a la nación. En lo que respecta a política exterior, no ha dudado en asumir como aliados y amigos a compañías por demás cuestionables. Especialmente ha estrechado lazos con una autodenominada Comisión Internacional Justicia Cuba.
Esta organización ha usado a Dolanescu, de manera muy hábil y explotando su egolatría, para irse infiltrando en Costa Rica. El 21 de febrero de este año, por ejemplo, prácticamente le tendió una emboscada al Canciller de la República, el señor Ventura. Ese día, según mencionan fuentes internas del Ministerio de Relaciones Exteriores, el diputado Dolanescu Valenciano solicitó una reunión con el Canciller, la cual le fue concedida. Al momento de ingresar al despacho ministerial, no era sólo él, le acompañaba un activista contrarrevolucionario cubano llamado Orlando Gutiérrez Boronat, cuyos antecedentes de intentar desestabilizar a la sociedad cubana son ampliamente documentados. El montaje y la emboscada fueron, claramente, un intento de propaganda que les funcionó a medias. Porque en las notas de prensa, especialmente de la prensa anticubana de Miami, nunca se consignaron declaraciones del Canciller Ventura, ya que nunca las dió. Si no le echó simplemente fue por un acto de cortesía.
A los pocos días reaparece Dolanescu del brazo de sus nuevos compañeros de causa -triste causa-, en Miami, invitado por el Directorio Democrático Cubano. Momento de éxtasis neofascista: Fotos por doquier, discursos a cual más encendido y, para cerrar, un multitudinario (poco más de 100 personas si nos atenemos a las fotos) mitín en la Calle 8 de la ciudad floridiana. En el marco de esa visita, inflamado de fervor neofascista, Dragos mencionó que en Costa Rica él y sólo él era quien tenía las agallas para apoyar los intentos de derrocamiento de los gobiernos que llama de “Comunismo del Siglo XXI”, léase, llevar la guerra y el terrorismo a Cuba, Nicaragua, Venezuela e incluso Bolivia. ¿Será que le tiene una vela encendida a Ion Antonescu?
Y como no hay almuerzo gratis, y para demostrar que él, que se ve como presidente de Costa Rica en el 2022, es el adalid de la “libertad” en Costa Rica, organizó el mentado foro con el que inicié este artículo.
Un foro que, según Dolanescu, servirá para hablar sobre la “perversa” educación cubana, pero en el que no va a participar ni un sólo pedagogo o especialista en educación. Todo el panel son connotados representantes de la contrarrevolución cubana. Sin excepción, todos pertenecen a organizaciones financiadas directamente por los más radical y descarnado de la colonia cubana en Miami. Varios de ellos han sido juzgados y condenados en el pasado por sus intentos de introducir armas y explosivos a Cuba para efectuar atentados y sabotajes. Hay un español, un abogado, que además de estar vinculado a Justice Cuba, tiene vínculos con Vox, la expresión fascita y franquista de la derecha española.
Esa legión de terroristas, sea por acción directa o bien por instigadores, pone en entredicho a Costa Rica y su política exterior. Son bases fundamentales de la política exterior costarricense el rechazo al uso de la violencia como mecanismo para la resolución de conflictos internos y, sobre todo, el apoyo a las salidas negociadas y fundadas en el diálogo. ¿Cómo podrá presentarse ante la comunidad internacional el gobierno de Carlos Alvarado si no hace, al menos, un reproche a la actividad? Y la Asamblea Legislativa de Costa Rica, sede del poder legislativo, ¿estará favoreciendo con su silencio y complacencia a organizaciones cuyo objetivo manifiesto siempre ha sido el uso de la violencia armada en contra del pueblo cubano para alcanzar sus perversos objetivos?
Por otro lado, ¿está conciente el gobierno de Costa Rica de las posibles actividades fuera del foro que vayan a desarrollar estos cubanos terroristas? Nuestras fronteras son bastante porosas, casi como un queso suizo. Y es conocido que el tráfico de armas ilegales por nuestro territorio es cosa de casi que todos los días. ¿Cómo puede estar tranquilo nuestro gobierno sabiendo que, con los antecedentes de estos cubanos, podrían aprovecharse de la situación para crear una infraestructura subversiva contra Cuba en nuestro país?
Asimismo, los y las colegas de Dolanescu, deberían estar preocupados con este foro. Es conocido que el diputado organizador del mismo considera que tanto el PUSC como el PLN son fantoches que no merecen respeto. Del primero ya lo ha declarado a la prensa. Del segundo poco fala para que lo haga. Y es que si bien puede que no los ubique como izquierda, podría estar tratando de repetir la fórmula discursiva de Vox en España: él es la derecha “valiente que plantará cara a la izquierda” mientras que el PUSC y el PLN son la “derecha cobarde”.
Y, ¿estarán tranquilas las diputadas costarricenses sabiendo que uno de los foristas es representante de una agrupación que rechaza cualquier acción tendiente a reinvindicar a la mujer, que son un partido abiertamente misógeno? Y los diputados afrodescendientes, ¿aceptarán sin más que un abogado español, vinculado a Vox, que rechaza absolutamente a los migrantes, sobre todo los del Africa subsahariana, se mueva tranquilamente por los pasillos del edificio del primer poder de la República? Yo esperaría, al menos, que haya una protesta y una repulsa a la presencia de estos oscuros personajes.
No queda más que, ante esta acometida del neofascismo, imbuirnos del espíritu de los defensores de Madrid al combatir las hordas franquistas en 1936 y hacer nuestro ese grito de ¡No pasarán!

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