Sobre las demandas y los demandantes al amparo del Título III (I)

Por: Dunia Torres González

El “último cartucho”, así han denominado los medios de ultraderecha a la arremetida del Título III de la Ley Helms-Burton contra Cuba de los pasados días. Su propósito ha sido muy bien definido: “ahogar al régimen cubano”. La artillería de Trump, aunque sin sentido, se complementa con todo aquello que pueda dañar al pueblo y al Gobierno de la Isla, sin importar la naturaleza de sus orígenes, ni la justeza ni la verdad.

Las noticias anunciaron, recientemente, que Michael Behn y Javier Bengochea consideran lógicas sus reclamaciones relacionadas con los puertos de La Habana y Santiago de Cuba, que se interpusieron en contra de la compañía de cruceros Carnival, con sede en Florida. Nick Gutiérrez, presidente de la mal llamada Asociación de Hacendados Cubanos, expresó: “Habrá decenas más de estos casos en los próximos meses, eventualmente habrá centenares”, pero lo cierto es que la realidad impondrá un cambio en esta planificación.

Michael Behn y Javier Bengochea realizaron su demanda con 30 días de antelación, una formalidad que, de acuerdo con las leyes norteamericanas, les permitirá litigar por tres veces el valor de la indemnización. Según las palabras del mismo Gutiérrez, estos litigios pueden ser “muy largos, costosos e inciertos”.

Al parecer, la nominación de “último cartucho” no se refiere al hecho de que se le acaban los recursos a Trump para atacar a Cuba. Parece que no ha percibido que está enfrentando a un país acostumbrado a lidiar con políticas hostiles donde imperan la manipulación y las amenazas.

Ya se trata tan solo de un capricho más, y esta guerra fría se alimenta constantemente de la mafia de Miami. Cualquier instrumento le es válido al presidente norteamericano en estos momentos que se ha propuesto que en su administración ocurra el tan “deseado” cambio político en Cuba. Su estrategia: la presión para desmotivar a las empresas extranjeras a invertir en la isla y cumplir su meta de dominación.

EL ILÓGICO CASO DE MICKAEL BEHN

“Con lágrimas en los ojos” —cito de las palabras de los medios afectos al Gobierno de Estados Unidos— salió Mickael Behn del juzgado del distrito sur de Miami, luego de haber impuesto su demanda a un grupo de compañías de cruceros por emplear instalaciones portuarias que fueron confiscadas por el Gobierno cubano y reclamar el edificio del muelle Sierra Maestra, frente a la Lonja del Comercio de La Habana.

Después de 60 años de Revolución y de pérdidas millonarias cuantificadas en varias ocasiones en Cuba, el heredero de una familia originaria de Kentucky y antigua dueña de la compañía Havana Docks Corporation, ve un aliento en sus aspiraciones de una supuesta indemnización, que es solo parte de los actos que ha montado Trump en su circo de acciones contra la Mayor de las Antillas.

Havana Docks Corporation poseía tres muelles y varios edificios, construidos por la Port of Havana Docks Company. El bisabuelo de Behn, Sosthenes Behn, compró el terreno en La Habana y edificó el muelle en 1920. Esa propiedad se transfirió a William Behn en 1940 y fue nacionalizada el 21 noviembre de 1960, al amparo de la Resolución No.3 del 24 de octubre de ese mismo año (Nacionalización de empresas mercantiles e industriales norteamericanas).

En sus declaraciones, el heredero de los Behn usa indistintamente los términos “confiscación” y “nacionalización”, esto habla de cuán manipulado está el caso y la falta de sustento legal de esta demanda, que forma parte de las medidas de carácter extraterritorial y violadoras del Derecho Internacional.

Desde la década de 1960 en Cuba no existen propiedades estadounidenses, pues todas fueron nacionalizadas en conformidad con las leyes cubanas, que contaron con un amplio respaldo popular y obedecieron a una necesidad pública dictada por los requerimientos del desarrollo económico y social del país. En estos casos de nacionalización, no de “confiscación” (se aplica “ante hechos o situaciones de ilegalidad, o penalidades, o por haberse adquirido los bienes de manera ilícita”), se ofrecía compensación por el valor de los bienes y se acordaban las condiciones en que se efectuaría, así como la provisión de los medios financieros.

No tiene ningún fundamento el alegato esgrimido por Estados Unidos de que este proceso fue ilegal y discriminatorio: países como Francia, Suiza, Gran Bretaña, Canadá y España adoptaron una posición respetuosa y establecieron negociaciones con las autoridades cubanas.

Además, hay que destacar que esta ha sido una herencia de ignominia, arrastrada desde los Acuerdos de Reciprocidad Comercial (1902 y 1934) que ofrecían privilegios a Estados Unidos y le permitieron adueñarse de las riquezas del país y dominar la economía cubana, poder, que llegado el triunfo de la Revolución, usó para llevar a cabo agresiones cada día más inescrupulosas y criminales.

Actualmente, en lo que era Havana Docks Corporation radican las Oficinas de la Aduana General de la República, de Inspección General del Puerto y las de Inmigración, también existe un enorme parqueo que presta servicio a las instituciones de la Lonja del Comercio. Este sería un punto estratégico, y de pertenecer a Estados Unidos afectaría la seguridad de la nación.

En el muelle Sierra Maestra se vela por el cumplimiento de la política comercial, el enfrentamiento a la evasión fiscal y otros fraudes económicos. A este sitio llegan diariamente embarcaciones procedentes de países de América Latina, Centroamérica, Estados Unidos, Canadá y otros destinos.

Todavía en la mente de estos cubano-americanos no ha muerto la esperanza de convertir a Cuba en una seudorrepública, que nada tiene que ver con la abundancia, sino con la subordinación y el crecimiento abismal de las diferencias entre los más ricos y los más pobres. Y es que desde sus inicios el puerto de La Habana ha constituido una importante vía comercial entre la isla y el resto del mundo. En el plan de 1958 se encontraba la intención de convertir a La Habana en un emporio turístico hotelero, como parte de la cadena Las Vegas-Miami.

UN PUERTO DE CRUCEROS EN AMPLIACIÓN

Lo que es hoy la terminal Sierra Maestra se encuentra en proceso de ampliación y restauración, gestión que desarrollan, desde el año 2018, la corporación turca Global Ports Holding (GPH) y la empresa cubana Aries, entidad adscrita al Ministerio de Transporte, como parte del proyecto de restauración de la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC).

Este programa de inversión se hace cumpliendo los términos de la concesión, mediante un sistema de empresa mixta con una duración de 15 años. Entre sus acciones se plantea aumentar a seis terminales de cruceros para 2024. Orlando Inclán Castañeda, jefe del departamento de urbanismo de la empresa Restaura explicó: “Redefinir el uso de la bahía, restaurar antiguos almacenes y convertir este espacio público en un factor generador de oportunidades, desarrollo e intercambio económico, social y cultural, son los principales objetivos del proyecto”.

El análisis de Trump es evidente: no puede dejar que pase desapercibido que La Habana sea el mejor destino de cruceros en el Caribe y la Riviera Maya, en los Cruisers’ Choice Awards, y que en este año hayan arribado a la isla por esta modalidad más de 400 000 visitantes. Según datos del Ministerio del Turismo, en Cuba, solo en el primer trimestre de 2018, operaron 17 compañías de cruceros con 25 barcos, con un crecimiento del 28,6 %.

El tiempo definirá el desenlace de estas demandas que los mismos voceros norteamericanos han calculado en miles de dólares, pues el Gobierno estadounidense ha incrementado dramáticamente sus costos legales a 16 veces más, sin contar los honorarios de los abogados. Además, estos casos sin antecedentes jurídicos pueden demorar décadas.

El terrorista Orlando Gutiérrez Boronat ya había anunciado 16 de abril la arremetida contra compañías de cruceros estadounidenses. Eso habla de la confidencialidad de personajes como este con el tan “humanitario” gobierno de Trump…

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