De corazas y acorazados

 

Caramba, recuerdo que en los años en que se debatía muchísimo en torno a la globalización como fenómeno económico, político y sociológico, era frecuente escuchar a los ideólogos del capitalismo defender la tesis de “apertura y trabas desechas” a escala planetaria.  Sin embargo, no pasó mucho tiempo para entender que ese fenómeno inevitable e inherente al desarrollo de la especie humana, era totalmente manipulado para justificar el hostil derrumbe de los pretendidos “modelos totalitarios”, y lo “inevitable” de que una economía y un entramado socio- político de apabullantes cortes asimétricos pudiesen expandirse sin trabas por los cuatro puntos cardinales.

Era el secuestro de una tendencia imparable por los viejos criterios de explotación y poderío unilateralistas, y que muy pronto tendrían de oponentes los criterios sensatos, decentes y equilibrados de lo que  muchos hemos dado en llamar “la globalización de la solidaridad y la justicia.” De manera que ni creer “tantico así” de los cuentos gringos de “bienvenida al sueño americano” y amabilidad infinita del “país de las oportunidades”.

Inexorablemente todo debe adaptarse a los intereses muy particulares de las clases dominantes norteamericanas, y por estos días “cerrarse al mundo” de mil maneras diferentes es la palabra de orden, de manera de “salvar” a la nación de “delincuentes, oportunistas, inconscientes, vagos, degenerados y violentos” que solo quieren medrar a costa de lo que la primera potencia imperial y sus hijos supuestamente más preclaros “forjaron en siglos de esfuerzos”  Por tanto, blindar las fronteras de la Unión es hoy tarea de orden de la Casa Blanca, y mientras el sello pretende fraguar entre tormentas, bretes y deshumanización, los “seres cien por ciento Made in USA” aposentados en los niveles de gobierno fabrican todos los días más obstáculos para que ningún indeseable foráneo atraviese la divisoria.

Desde luego, habría que preguntarse si apellidos como Trump, Bolton o Pompeo, entre otros muchos “puros” dentro de ese equipo, pertenecían a alguna de las originarias y masacradas tribus indígenas “descubiertas” en América del Norte, o estuvieron siquiera entre los primeros “colonizadores” blancos llegados al territorio siglos atrás.

    Pero bien, el asunto es que, hace pocas horas, el Departamento de Estado anunció a los posibles migrantes o visitantes a los Estados Unidos, que para obtener un visado norteamericano deberán complementarse nuevas disposiciones que obligan a los aspirantes a declarar “su nombre de usuario en las redes sociales, así como sus direcciones de correo electrónico y números de teléfono  en los últimos cinco años”  previos a la solicitud de marras. Además, el procesado tendrá que entregar “su estatus de viajes internacionales realizados y los casos de deportaciones que haya enfrentado, así como especificar si algún miembro de la familia se ha visto involucrado en actividades relacionadas con el terrorismo.”

Estas medidas, que se justifican como actos en “defensa de la seguridad nacional”, se suman a las recientes disposiciones del presidente de los norteamericanos, Donald Trump, que indican que en lo adelante el otorgamiento de vistas privilegiará a solicitantes contratados para trabajar en los Estados Unidos, con solvencia económica, y que posean buen dominio del idioma inglés.

Según medios digitales, la reforma adicional anunciada ahora por el Departamento de Estado “afectará a unos quince millones de extranjeros que anualmente piden un visado para entrar en los Estados Unidos, incluidas 710 mil personas que gestionan visados permanentes y 14 millones que aspiran a visas de duración limitada.” Las mismas fuentes especifican que este tipo de información que hoy se exige solo era una salvedad indispensable para las personas que requerían de un escrutinio adicional en las fronteras norteamericanas, y cuya cifra promedio suma unas 65 mil por año, “provenientes fundamentalmente de zonas controladas por organizaciones terroristas o que han visitado en el pasado estas regiones.” De manera que, en lo adelante, el asunto ya no solo es de muros de  hierro, alambres acerados y concreto, sino también de muros de exigencias, trámites, papeleo…y caprichos.

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