Agradecer a papá

Amanece tercer domingo de junio y el almanaque indica que es Día de los padres. El primer año en que mi esposo y otros muchos papás primerizos recibirán un abrazo y felicitación por la dicha de haber traído a un hijo al mundo. Un año más para el tuyo, para el mío, para los abuelos, tíos y familiares que durante toda su vida han escuchado de sus hijos la palabra «Papá».

Es Día de los padres, un cake sobre la mesa dice “Felicidades en tu primer día papá”, y comienzo a sospechar que a partir de hoy esta será una fecha diferente. Sé que el mejor regalo será cuando nuestro pequeño despierte y le regalé una vez más esa palabra que lo cura todo, cuatro letras combinadas que en su lenguaje a veces llevan tilde y otras no, pero que siempre dicen clarito «P-A-P-A». Sí, mi pequeño lo dijo hasta primero que mamá, pero me llena de alegría cuando lo escucho repetirla mientras caminamos y ve de reojo a su padre. No puedo evitar emocionarme en una fecha como esta, pero no voy hablar de mí.

En “De madre y de padre”, este es un pequeño homenaje a los padres cubanos, a los casados o divorciados, los que están cerca o lejos, pero aún donde quiera lo son todo por sus hijos. A esos que cargaron a sus bebés en brazos cuando pequeños, los durmieron, se los echaron al hombro para que mamá pudiera preparar la comida o adelantar trabajo y corrieron al hospital en cada susto. A los que más de una vez les quitaron el sueño las responsabilidades paternales y económicas y se rompieron la cabeza por estirar el salario y llevar comida a la mesa; a ese que ha vivido y vive con miles de preocupaciones, pero ha descubierto que el abrazo del hijo lo calma, y que ser padre es mucho más que todo lo que le pudieron haber contado antes.

Ser papá es correr tras un niño que da sus primeros pasos, es discutir sobre sus animados favoritos, aprender nuevamente a leer, preocuparte por la tarea escolar que una vez hiciste de pequeño… Es descubrir que por tus hijos eres capaz de hacer todo: desde pintar con una crayola a un perro, un gato o un extraterrestre o cantar Vinagrito y Barquito de papel, y sonreír porque hay una personita en el mundo a quien no le importa si desafinas.

Gracias a los que han ido más allá de cualquier estereotipo de género y más de una vez se han puesto el delantal para trabajar en casa, a los muchos que conozco que tomaron la licencia de paternidad y ejercieron durante todo un año la responsabilidad que generalmente vive la madre; y a los que no la tuvieron, pero al llegar en la noche dieron un beso en la mejilla su hijo, o calmaron su llanto interminable con un paseo por los alrededores de la casa.

Al papá primerizo, al tres veces papá, al papá de jimaguas, al que le dicen papi, pero en realidad ocupó el papel de un padre ausente, al que lo ha sido toda la vida y no se cansa de acompañar a un hijo: Gracias. Es difícil ser papá, pero los que conocen la experiencia, saben que se aprende sobre la marcha, sobre las huellas de los errores, y que la paternidad es una escuela que no solo forma, sino que también gratifica de muchas maneras.

Gracias a los que han estado ahí— no detrás, ni delante—, sino justo al lado de los hijos, y han entendido que la paternidad es la tarea más maravillosa que podrán desempeñar en la vida. Felicidades papás cubanos y el agradecimiento gigante a los que, sin dejar de ser ellos mismos, son y serán todo por sus hijos.

 

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