Por el alma de una ciudad

Por el alma de una ciudad

Nunca se extraña tanto como cuando se siente lejos, cuando sus olores solo se respiran en la memoria, cuando su sonido se esboza en la mirada…Nunca se quiere tanto como cuando cantarle se torna deseo, porque se agolpan las emociones desde dentro y la música palpita.

La Habana es una ciudad que tiene alma propia, a pesar de todo. Es el punto de llegada para muchos y el punto de partida para otros. Es la ciudad que seduce, que amarra, que estremece, que encadena…Difícilmente quien la vio una vez no vuelva a ella, difícilmente quien en ella nació o vivió gran parte de su vida, no la necesite.

No es la misma ciudad que conocieron mis abuelos…aquella que vibraba de noche como si fuera de día, y no es la misma que conocerán mis nietos. Y aunque temo que pueda descuidarse algo en ella, estoy convencida de que cambiar es parte de su esencia, sin que pierda las huellas del pasado. NO se concibe a La Habana sin su magia de los años 50 pero no se puede soñar si la encuadramos en una época. No imagino una Habana sin recuerdos, sin nostalgia pero menos aun, sin esperanza.

De los inicios de esta Ciudad Maravilla se habla mucho por estos tiempos. Son 500 años de la primera misa y el primer cabildo, de la moda de andar en trajes con corbata o en vestidos con aros y encajes. De pasear por el Prado y comunicarse, discretamente, con el abanico. De tratarse de usted, viajar a España o comprar esclavos. Épocas en las que las diferencias sociales laceraban la vida pero en las que, desde el sentido más puro, se forjaba nuestra identidad.

Después de cinco siglos de historia, de vivencias, de dolores, de alegrías…la urbe sigue creciendo, se inunda de gente y a ratos, sufre. Los tiempos son otros, algo hemos ganado y otro tanto hemos perdido. Pero la ciudad se muestra, aún viva, mucho más grande y más poblada, con aspiraciones fabulosas y todo el empeño de un pueblo para lograrlas.

Le debo mucho a La Habana, y agradezco que así sea. Soy consciente de cuanto puedo hacer por ella, y cuanto más debo propiciar que otros hagan. Me siento orgullosa de las galas que vestirá este ano, con motivo de la celebración de su quinto centenario, pero quiero continuarlas. Quiero que La Habana sea la ciudad de la constancia, de la entrega total, de la calidad, de la exquisita terminación…Quiero que siga siendo mía, tuya, nuestra.

A la otrora Villa de San Cristóbal de La Habana le dedicaremos un espacio semanal en esta revista, en el que todos pueden sugerir, opinar, proponer, acompañar. Desde la humilde inspiración de una habanera enamorada, la invitación está hecha.

Escrito por

Ana María Domínguez Cruz

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