El más grande de Cuba, por La Habana

 

Cuando recorremos las calles de La Habana, los nacidos en esta región de la Isla o naturalizados por adopción, muchas veces olvidamos la historia que se agrieta bajo la suela de nuestros zapatos.

Por eso rescatar, sino todos, al menos una parte de nuestros valores patrimoniales, es la tarea de la corporación Cimex, que trabaja desde diciembre de 2016 en la restauración de una de las obras de más impacto social, con reconocida historia y estratégica ubicación en la capital.

Justo donde los municipios de Centro Habana, Cerro y La Habana Vieja se abrazan, hoy renace como ave Fénix el Mercado Único de Cuatro Caminos, una entidad con 99 años de existencia.

Cuentan los más longevos que en sus inicios, la también conocida como Plaza de Cuatro Caminos, bajo sus elevados puntales albergó el andar de transeúntes deleitados con los olores de comidas deliciosas que no necesitaban pregón, porque con un solo respiro calaban hasta las entrañas.

Hasta allí llegaron figuras de renombre como Albert Einstein, cuando en diciembre de 1930 recorrió la ciudad. Además, el expresidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, recorrió el mercado en dos ocasiones, una antes de ser mandatario y otra ejerciendo esas funciones. Incluso el gran músico Benny Moré trabajó allí vendiendo frutas y hierbas medicinales, antes de alcanzar la gloria con sus canciones.

Lamentablemente, algunos años atrás esta nave que ocupa toda una manzana y tanto tiene que ver con la identidad y cultura de los oriundos de esta capital, estuvo cerca de terminar en la ruina, mas, por fortuna hoy su realidad es bien distinta.

A propósito de su rescate, BOHEMIA recorrió los extensos pasillos de la obra en reconstrucción e intercambió con varios de los obreros que allí laboraban, casi sin descanso, con el objetivo primordial de finalizar los trabajos y fusionar los resultados con las celebraciones por los 500 años de La Habana.

En medio del constante ajetreo y el polvo opresivo, la ingeniera Dolores Díaz Álvarez, inversionista principal del proyecto, confesó su satisfacción y explicó: “Tenemos los recursos y la fuerza de trabajo para culminar en tiempo. Este era un sitio que hacía muchos años carecía de esplendor, aproximadamente un 80 por ciento de la estructura estaba dañada, por lo que al inicio tuvimos que trabajar en las columnas, en toda la cubierta, en el patio, en los techos. Muchas personas han cuestionado el tiempo, pero olvidan que el trabajo de regeneración estructural es mucho más complejo que levantar un edificio nuevo”.

Utilizar elementos modernos para salvar valores patrimoniales requiere de un estudio previo. En tal sentido la ingeniera refirió que este es un edificio categorizado como de Segundo Grado de Protección (bienes cuya conservación está subordinada a previas alteraciones parciales o a su carácter no excepcional y que, por lo tanto, podrán sufrir modificaciones o adaptaciones controladas), por lo que todo lo que se ha intervenido aquí ha sido colegiado antes con Patrimonio.

“Hemos preservado lo antiguo, a pesar de que los materiales de ahora son diferentes a los de aquella época. Esta compatibilización fue analizada por la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas (ENIA), encargada de decidir los recursos que deberíamos utilizar, todos importados. En una reparación de este tipo se utilizan cuatro y cinco productos de regeneración estructural, para lograr una secuencia constructiva.

“También hemos conservado toda la estructura y el piso de granito blanco de la planta baja. Mantendremos las cuatro puertas de entrada y salida del personal, así como los cuatro relojes de tecnología suiza moderna, y que en cuanto a diseño son muy similares a los que tuvo la instalación en sus inicios”, afirmó Dolores Díaz.

Servicios y novedades

Desde la misma etapa de reconstrucción del inmueble ya se conocía la lista de servicios con la que contaría, la cual atrae de solo mencionar algunos.

La instalación contará en la planta baja con un agromercado de mobiliario moderno. La venta de cárnicos estará hacia la esquina de Arroyo y Cristina, mientras que un mercado de Cimex se ubicará en la de Monte y Arroyo. En el segundo piso se concentrarán todos los artículos para el hogar, con una gama extensa que incluirá desde puertas, ventanas, cocinas o equipos sanitarios, hasta herramientas de jardinería y artículos de oficina.

La instalación se concibe como un edificio inteligente, pues entre el 50 y 60 por ciento de la energía que consumirá será procedente de paneles fotovoltaicos ubicados en los techos, también remodelados.

Cinco elevadores harán más cómodo el acceso al piso superior, como también lo será el hecho de poder pagar en cualquiera de las cajas los artículos adquiridos, sin importar el área donde se realizó la compra. Además de que no existirán fronteras físicas entre un establecimiento y otro.

Otra novedad será el acondicionamiento de un parqueo para autos, pues el mercado nunca lo había tenido. Este se habilitará en la cercana calle Omoa, con capacidad para 60 vehículos, y se espera recuperar otro sitio –aún en estudio– para el mismo uso.

Una deuda pendiente

La zona donde se ubica el Mercado de Cuatro Caminos es famosa por su deficiente drenaje, situación que la convierte en una auténtica piscina cuando arrecian las lluvias, habituales durante varios periodos del año en Cuba.

En el afán de resolver ese gran problema, el experimentado arquitecto José Mosquera Lorenzo, de 79 años, ha gastado no pocas neuronas. Precisamente, al momento de nuestra visita cargaba una libreta de planos al pie de la obra y realizaba mediciones en correspondencia con la altura de la edificación, para intentar prevenir inundaciones en la zona de las escaleras del centro comercial que dan a la calle Monte.

“Nosotros no podemos resolver el problema del drenaje, pero al menos subimos el nivel del piso para que el agua no entre. Esto, unido a un sistemático mantenimiento del alcantarillado aliviará la situación, aunque no es una solución definitiva. Estas escaleras requieren un acople con respecto a la inclinación que tiene la calle. Es un trabajo que hay que hacer obligatoriamente, porque a medida que pasa el tiempo los niveles van subiendo”, aseveró Mosquera Lorenzo.

Hasta el propio Alejo Carpentier describió el Mercado en una de sus crónicas de finales de los años 30 como un sitio “colorido y lleno de vida”, pero no sería para nada absurdo pensar por estos días que el esplendor que irradia la remodelada instalación no se compara con el que tuvo en ninguna etapa precedente durante sus 99 años de existencia.

Aunque hoy contrasta profundamente con buena parte del entorno que le rodea, el remodelado edificio se levanta una vez más sin olvidar sus preceptos arquitectónicos de estilo ecléctico. Con sus 11 000 metros cuadrados, el siempre admirado Mercado Único de Cuatro Caminos –el más grande de Cuba– resalta como ese sitio que en épocas futuras seguirá abasteciendo, con más o menos productos, a buena parte de la población capitalina, pues su ubicación geográfica así lo garantiza.

Será preciso entonces, no solo preservar la obra constructiva, sino el servicio que brindará. Una pincelada más para la ciudad de todos, esta Habana que recobra poco a poco sus colores, tras 500 años de historia.

Los orígenes

Casi un millón 200 000 pesos, cifra considerable para la época, costó la edificación del Mercado General de Abastos y Consumo, inaugurado en 1920. El Ayuntamiento de La Habana concedió la obra a Alfredo Hornedo y Suárez, con derecho a operarla durante tres décadas. También se denominaba Único porque un decreto prohibía la construcción de un negocio semejante en dos y medio kilómetros a la redonda, ni instalar tarimas de viandas y frutas a una distancia menor de 700 metros.

Por aquel entonces los comerciantes eran chinos en su mayoría, dedicados a las verduras y frutas; y españoles que controlaban la carnicería y los tejidos. Luego se instalaron trabajadores judíos y aumentaron los carretilleros negros que se movían con sus mercancías de menor calidad por los alrededores del mercado.

El inmueble no solo fue espacio para negocios pequeños y medianos. También hubo allí oficinas de compañías comerciales como la Cooperativa de Armadores de Barcos, la Asociación Nacional de la Industria y Comercio de la Pesca de Cuba, la Chomer Fruit Company (de Estados Unidos) y la Compañía de Mercados Públicos, dueña de la concesión del coloso.

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

 

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