La “próspera” Cuba de 1959

Por Ramón Bernal Godoy

¿Cuántas veces ha estado usted en un “debate político” sobre los avances y el impacto de la Revolución Cubana en la isla y su contrincante después de minimizar el mayor obstáculo para el desarrollo que haya tenido una nación en el hemisferio, el bloqueo, y de descontextualizar leyes y momentos históricos, culmina aludiendo a la “Cuba antes del 59”, describiéndola como la más prospera economía de la región? Si el supuesto debate es por internet, recibirá usted como adjunto una imagen o un video en blanco y negro donde una limpia y ordenada Habana parece estar a la altura de las más modernas capitales del mundo del momento.

Y yo me pregunto, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo seguirán mintiendo tan descaradamente, hasta cuando creerán que los cubanos tenemos memoria de elefante y/o que sus mentiras siendo repetidas mil veces se convertirán en la verdad que destruya la obra revolucionaria, hasta cuándo?

Hagamos un repaso sencillo de lo que esconden estos “desmemoriados” y que todavía hoy deja huellas en cientos de miles de familias cubanas.

¿Dónde queda la referencia a dos de los parámetros fundamentales de desarrollo humano, la mortalidad infantil y la esperanza de vida? ¿Por qué no describen esa dura realidad que hacía que fallecieran 60 cubanos por cada mil nacidos vivos y que los nacidos tuviesen una esperanza de vida de apenas 58 años? ¿Dónde queda la referencia a que el 44% de los cubanos no asistió, no pudo asistir jamás, a una escuela o que el 85% de la población carecía de servicio de agua corriente?

Hablan de prosperidad y bodegas abastecidas cuando el alimento fundamental de las familias cubanas era a base de arroz. Solamente un 4% comía carne; un 2% consumía huevos; y un 11% tomaba leche. La alimentación tenía un déficit de más de 1 000 calorías diarias, con ausencia de vitaminas y minerales fundamentales. Existía la desnutrición y la muerte por enfermedades curables.

A la desnutrición, la ignorancia y la insalubridad habría que añadir la enfermedad y el parasitismo. El 14% de los obreros agrícolas de Cuba, nuestra Cuba, padeció de tuberculosis y el 13% sufrió la tifoidea. ¿No les duele ver esas imágenes de pequeños descalzos, semi-desnutridos, limpiando botas en céntricas avenidas o caminando en los campos cubanos?

El país vivía varias realidades, la capital, con el 22% de la población disponía del 65% de los médicos y el 62% de las camas hospitalarias, a pesar de ser Cuba un país de población mayoritariamente campesina. En los campos cubanos, aquellos que no interesaban a los gánsteres, funcionarios corruptos o embajadores gringos, solamente había un hospital rural con 10 camas y sin ningún médico.

¿Dónde queda la referencia al obrero agrícola cubano que disponía de unos pocos centavos diarios para comer, vestir y calzar, 60% de los cuales vivía en bohíos de techo de guano y de piso de tierra, sin servicio ni letrina sanitaria, ni agua corriente, sin conservación de alimentos y sin quinqué o luz brillante para encenderlo (Solo un 3% poseía esos artefactos)?

Existía el desempleo permanente y estacional, el subempleo y el desempleo tecnológico. Según el Consejo Nacional de Economía de la época, el total de personas desocupadas en 1958 alcanzaba la astronómica cifra de  738,000 en una población de poco más de 6 millones.  Apenas existían 2,400 industrias no azucareras, la mayoría con menos de 100 trabajadores y ubicadas en los alrededores de La Habana. Difícil, eh?

¿Dónde queda la referencia a las 400,000 familias urbanas que vivían hacinadas en barracones, cuarterías y ranchos sin las más mínimas condiciones higiénico sanitarias y los más de 2 millones de personas que se veían obligadas a pagar alquileres que sobrepasaban  un quinto y un tercio de sus ingresos, casi 3 millones carecían de luz eléctrica (3 millones de 6 millones, casi la mitad, poquito, eh?

Sumemos a esta disparidad y diferencia social, sumemos a esta cruda realidad, el racismo, el regionalismo, los asesinatos, la persecución, el gansterismo, la cacería de brujas o macartismo, los toques de queda, las desapariciones, las torturas, los cuerpos mutilados aparecidos en calles y cunetas… ¡Por favor!

¿Y me hablan de la Cuba antes de 1959?

Pero la economía funcionaba bien… (Infamia!)

Aparentemente y solo de manera macroeconómica, gracias a ser el patio trasero de EE.UU y sin ningún impacto en la calidad de vida de la inmensa mayoría de los cubanos.

Todo “funcionaba”, entre otras cosas, porque había paridad del peso con el dólar gringo, paridad que se estableció “artificialmente” y “convenidamente” porque favorecía a los intereses norteamericanos y a la burguesía criolla importadora. Paridad ficticia, así cualquiera.

Económicamente hablando, digámoslo claro: “Éramos pobres y dependientes”, esa es la gran verdad. El capital financiero estadounidense era el propietario de la mayor parte de la riqueza nacional, así como el monopolista del sistema comercial y de crédito, lo que significó la desnacionalización de la banca del país, el National City Bank de Nueva York sustituyó al Banco Nacional y al Banco Español, como principal banco de Cuba.

La extracción cada vez más intensa de riquezas cubanas, el saqueo de los fondos públicos, la dilapidación de las reservas nacionales, hizo que los 500 millones de dólares que Cuba poseía en 1952 terminaran siendo menos de 100 millones en 1959 (Se transfirieron al extranjero por concepto de beneficios y fraudes más de 200 millones).

Al mismo tiempo la deuda pública se elevaba de $217.7 millones en 1952 hasta más de $1,300 millones en 1958, y lo peor, que esa deuda se generó mayoritariamente en inversiones no dirigidas a obras reproductivas sino a obras monumentales pagadas muy por encima de su valor real para beneficio de funcionarios y contratistas corruptos al servicio del régimen.

Hablan de “agricultura floreciente” cuando en el campo solo se explotaba el 20% de la tierra cultivable mientras Cuba importaba la mayor parte del consumo alimentario. Más del 50% de las mejores tierras del país estaba en manos extranjeras. Cuatro compañías azucareras norteamericanas eran propietarias de 1, 000,000 de hectáreas de tierra. El latifundio ganadero ocupaba 300,000 caballerías poco menos que abandonadas. ¿Entonces?

En fin, dejémoslo ahí… quien desee abundar en la economía de la época tiene mucho material donde abundar, pero por favor, no mientan como tontos.

Mi conclusión.

Hace poco leí algo así: “Los  que en Miami se enorgullecen de que el Capitolio de La Habana es copia del que existe en Washington, son los mismos plattistas que también se enorgullecen de aquella Cuba”, yo agregaría mucho más, yo diría: “Los que en Miami se enorgullecen del Capitolio de Washington (lo dejaría así) son los mismos anexionistas a los que apuntaba Martí, son los mismos reaccionarios, o sus descendientes, que mienten con desfachatez espantosa sobre el crimen y la miseria de la Cuba de 1959, son aquellos que protegieron por décadas a batistianos asesinos y terroristas pagados por la CIA, son los que hoy intentan pulverizar los logros de una sociedad cubana obligada a desarrollarse en una trinchera con un cerco alrededor, son los que en nombre de la paz y libertad dividen a los cubanos y exacerban el odio entre las dos orillas, son los que piden hambre y necesidad para el pueblo cubano, son los que se alegrarían con una invasión militar, son los tipos del pasado que se intentan perdurar en el presente”.

Así lo veo.

 

Publicado el 02/06/2020 en Variado. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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