Piratería gringa.

Vigilancia y persecusión de buques. Una actividad ilegal de Estados Unidos contra Cuba

Pedro Etcheverry Vázquez

bandera-estados-unidos-bandera-pirata-volando-asta-bandera_19485-28690En abril de 2019 el Gobierno de Estados Unidos puso en práctica la vigilancia y persecución de buques cargueros de petróleo y las sanciones a las compañías navieras, empresas de seguros y gobiernos, para impedir el suministro de petróleo a Cuba. Al cabo de cinco meses las medidas impuestas por la Oficina de Control de Activos Financieros (OFAC) habían sancionado a dos compañías, la Ballito Shipping Incorporated con sede en Liberia y la ProPer in Management Incorporated en Grecia, más 34 buques de la compañía venezolana PDVSA. En diciembre dieron un paso más en su agresividad contra Venezuela y Cuba, al adicionar otros seis buques a su listado de entidades sancionadas por transportar el hidrocarburo. En esta ocasión las embarcaciones afectadas fueron Ícaro, de bandera panameña, y Luisa Cáceres de Arismendi, Manuela Sáenz, Paramaconi, Terepaima y Yare, de bandera venezolana.[1]

La historia de agresiones contra las transportaciones marítimas contra Cuba relacionadas es de larga data. En 1960 el Gobierno estadounidense, sus servicios de inteligencia y las organizaciones terroristas que actuaban bajo sus órdenes, comenzaron a desencadenar una intensa agresividad contra los buques mercantes cubanos. En esa ofensiva, que ha llegado hasta nuestros días, agredieron también embarcaciones de otras naciones fletadas por las autoridades cubanas, ocasionando pérdidas humanas, daños materiales y grandes afectaciones a la economía nacional.

El 19 de octubre de 1960, el Departamento de Estado anunció las primeras medidas generales de control, a fin de impedir las exportaciones norteamericanas a la isla y prohibir la venta, transferencia o contratación de cualquier barco de su país al Gobierno de Cuba o ciudadanos cubanos. El representante republicano por California, Craig Hoesmer, propuso una enmienda según la cual los barcos y aviones norteamericanos podrían detener cualquier navío que se aproximara a Cuba.[1]

En marzo el carguero estadounidense Janet Quinn embistió en el Estrecho de Gibraltar al buque tanque soviético Trud cuando navegaba hacia la isla cargado de petróleo. En agosto de 1961 la motonave Bahía de Nipe zarpó de la capital cubana con un cargamento de azúcar con destino a la Unión Soviética, pero en aguas internacionales fue desviada por un buque de guerra norteamericano hacia el puerto de Norfolk, en Virginia, donde fue sometida a una arbitraria inspección. Al comprobar que todo estaba en orden le permitieron continuar su rumbo. Estos hechos constituyeron solo el comienzo, de una cadena de agresiones que se ha extendido durante más de medio siglo.

A principios de septiembre de 1962 se conocieron las gestiones del secretario de Estado Dean Rusk ante los gobiernos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para que los buques de esas naciones no transportaran mercancías a Cuba, mientras tanto, comenzaron a negar el acceso a los puertos norteamericanos de aquellas embarcaciones de cualquier nacionalidad que hubieran cargado mercadería hacia la isla.

El 1ro de octubre en cumplimiento de las disposiciones del bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, el Departamento de Estado envió un memorando al presidente John F. Kennedy, precisando las medidas que debía aprobar para fortalecer las agresiones contra las transportaciones marítimas, donde se indicaba cerrar todos los puertos estadounidenses a cualquier barco que estuviera siendo utilizado en el comercio de Cuba con los países socialistas. También recomendaba explorar las vías de obtención de cooperación de otros países, y restringir el uso de sus barcos en dirección a la isla.

Para endurecer el bloqueo económico a Cuba la Administración Kennedy solicitó a los gobiernos de América Latina y a los países miembros de la OTAN poner en práctica las siguientes medidas:

  • No elegibilidad de buques involucrados en el comercio con Cuba para llevar cargas de ayuda exterior de Estados Unidos.
  • No participar en el comercio con Cuba a todos los buques de esa nación, aunque operaran bajo registro externo.
  • Excluir de los puertos estadounidenses a cualquier barco que en el mismo viaje fuera utilizado o estuviera siendo usado en el comercio con China y la URSS.
  • Cierre de sus puertos a todos los buques de cualquier país si al menos uno de los barcos bajo su bandera fuese descubierto llevando armas a Cuba.

Al mismo tiempo la “Comisión Federal Marítima de Estados Unidos” recibió la indicación de establecer una denominada “lista negra” donde se incluyeran todos los buques de cualquier nación que se encontraran activos en el comercio con Cuba. Desde este momento esas embarcaciones no podrían atracar en ningún puerto estadounidense, lo que constituyó una violación del derecho internacional y obligó a las autoridades cubanas a desplazarse hacia mercados muy distantes, donde tuvieron que realizar cuantiosos gastos adicionales por pagos de fletes y transporte marítimo.

El 8 de octubre, William K. Harvey,  alto oficial de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ante la Operación Mangosta dirigida por el gobierno estadounidense, presentó un memorando al director de operaciones Edward Landsdale, para sabotear los buques cubanos aprovechando su estadía en puertos de países capitalistas.[2]

Durante la Crisis de los Misiles en 1962, el Gobierno estadounidense decretó el bloqueo naval contra Cuba y en la Organización de Estados Americanos (OEA) obtuvo el apoyo casi unánime de los países latinoamericanos para poner en práctica esta medida.[3] Cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro hizo pública la Declaración del Gobierno Revolucionario exponiendo cinco puntos para la solución de este peligroso conflicto, el tercero reclamaba el “cese de los ataques piratas” refiriéndose a las agresiones contra buques mercantes cubanos y otros objetivos en nuestras costas.

El 4 de diciembre de 1962, durante una reunión del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional donde discutieron un documento secreto  titulado “Política futura hacia Cuba”, arribaron al consenso de que debían llevar a cabo nuevas acciones anticubanas. Las medidas de guerra económica que se anexaron referidas a las acciones encubiertas expresaban en el punto 5: “Sabotear cargas y embarcaciones cubanas, así como cargas y embarcaciones de países del campo socialista, dirigidas a Cuba.”[4]

En febrero de 1963, cuando la goleta cubana de cabotaje Joven Amalia se desplazaba entre Santiago de Cuba y la Punta de Maisí transportando víveres, fue perseguida y embestida en aguas cubanas por el destructor norteamericano Harold J. Ellison, ocasionándoles serias averías en la banda de babor. El ministro de Relaciones Exteriores Raúl Roa García emitió una enérgica nota diplomática por este nuevo incidente.

La prensa cubana publicó una declaración del Comandante en jefe Fidel Castro Ruz en la que expresó refiriéndose al hostigamiento contra los buques soviéticos y las embarcaciones cubanas: “[…] de proseguir estos ataques, Cuba se verá en la situación de considerar la adquisición de bombarderos de largo alcance, así como los equipos navales necesarios para escoltar a nuestros barcos mercantes, proteger nuestras rutas de abastecimientos y repeler a los agresores.”[5]

Un comité presidido por Sterling Cottrell coordinador de Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado trató el tema de las operaciones encubiertas contra Cuba, incluyendo el sabotaje a los buques cubanos mediante el uso de minas magnéticas, provocando incendios en los cargamentos y colocando sustancias abrasivas en los motores.[6]

En octubre de 1964 el Departamento de Comercio prohibió que barcos extranjeros llegaran a puertos norteamericanos para abastecerse de combustible, si su pretensión era llegar a puertos cubanos o habían estado allí después del 1ro de enero de 1963.

El 8 de noviembre el buque M.V. Magdeburg de la República Democrática Alemana, con un cargamento de 42 ómnibus Leyland con destino a Cuba, fue embestido por la banda de estribor, después de salir del muelle Dagenham, en el río Támesis, por la embarcación Yamashiro Maru de bandera japonesa, perforándole su línea de flotación, quedando totalmente inclinado y provocando que una parte de la carga quedara sumergida. El historiador John McGarry, citado por el periódico inglés The Observer, aseguró que Gordon Greenfield, piloto del barco atacado, consideraba que la nave japonesa había violado la ley internacional al navegar en dirección contraria y emitir señales engañosas.

En junio de 1965 la organización contrarrevolucionaria Representación Cubana en el Exilio (RECE), fraguó un plan para hundir barcos cubanos y soviéticos en el puerto mexicano de Veracruz. El agente de la CIA Jorge Mas Canosa recibió cinco mil dólares para financiar esta operación, que fue dirigida por el terrorista Luis Posada Carriles.[7]

El 9 de octubre, cumpliendo órdenes de Orlando Bosch Ávila, elementos pertenecientes a la organización terrorista Movimiento Insurreccional de Recuperación Revolucionaria (MIRR), colocaron una mina magnética en el casco del buque de turismo español Satrústegui fondeado en San Juan, Puerto Rico, causando daños de consideración cerca de la línea de flotación. Casi al mismo tiempo sabotearon un grupo de camiones Pegaso que se cargaba en el buque cubano Matanzas.

El 11 de septiembre de 1969, en el puerto mexicano de Veracruz, fue colocada una bomba en un buque inglés no identificado, con el pretexto de que había realizado viajes a Cuba.

El 26 junio de 1974, cuando el camaronero cubano F-12 se encontraba en aguas internacionales a más de diez millas de los límites  territoriales de Texas, realizando sus labores habituales de pesca, fue hostigado por un avión anfibio Catalina matrícula 1311, del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos.

En junio de 1977 terroristas de origen cubano amenazaron a la compañía naviera griega Carras Lines con colocar bombas en sus buques si no suspendían sus negocios con Cuba. Sus directivos no tardaron en complacerlos.

El 30 de enero de 1990 la tripulación del Guardacostas norteamericano Chincoteague pretendió abordar al buque mercante cubano Hermann, al mando del capitán Diego Sánchez Serrano que navegaba bajo bandera panameña, arrendado por la Empresa de Navegación Caribe, con tripulación cubana y una carga de mineral (cromo) destinada al puerto de Tampico, en México. Con el pretexto de inspeccionar el barco, lo persiguieron durante su travesía por el golfo y después en aguas bajo la jurisdicción mexicana. Para intentar detenerlo lo alumbraron con reflectores de largo alcance, lanzaron potentes chorros de agua y dispararon ráfagas de ametralladoras, pero no pudieron abordar la nave debido a la firme actitud asumida por sus tripulantes.

Cuando arribaron a La Habana, en una concentración popular fueron recibidos por Fidel, quien expresó: “¡No se sabe lo que vale ese mensaje que estos hombres les han enviado a los imperialistas!, ¡no se sabe lo que vale! Les han dado una insuperable lección, porque si estos hombres no se detuvieron allí, donde no tenían ni un arma, y han acudido al machete, al hacha, al cuchillo de la cocina y hasta al destornillador, ¿qué les están diciendo a los yanquis? Les están diciendo con toda claridad: No se equivoquen, imagínense lo que les va a pasar aquí cuando se tengan que enfrentar a los cañones de miles y miles de tanques, […] a las bocas de millones de fusiles, ametralladoras, armas de todo tipo y de todos los calibres.”[8]

En 1992 uno de los objetivos de la Ley Torricelli fue afectar la transportación marítima de productos desde y hacia Cuba, lo que al año siguiente adquirió niveles extremos debido a las presiones norteamericanas sobre los armadores, obligándolos a eliminar los puertos cubanos en sus travesías.

En abril de 1993, a unas diez millas de Varadero, se produjo un ataque armado contra el buque tanque Mykonos, cuando transportaba petróleo hacia Cuba. La acción fue realizada desde una lancha rápida por un comando de la organización terrorista Ejército Armado Secreto (EAS), basificada en la Florida, que causó daños en el casco del buque griego, de bandera maltesa y tripulación cubano-chipriota.

Alrededor de 29 buques cubanos y unas 60 embarcaciones fletadas por Cuba han sido objeto de agresiones de diversa índole. Como resultado de estos ataques se reportaron 7 muertos, 18 heridos, más cuantiosos daños materiales y financieros.

La hostilidad del Gobierno de Estados Unidos ha encarecido las transportaciones marítimas hacia Cuba debido a la prolongación de los itinerarios, a que los gastos se incrementan porque los transportistas exigen fletes mayores debido a las presiones que sobre ellos ejercen las autoridades norteamericanas, como sucedió en el estado de Virginia, donde incluyeron en la documentación oficial requerida para las operaciones portuarias de los buques, la declaración de no haber tocado puerto cubano en los ciento ochenta días anteriores al arribo.

Estas medidas han originado una baja disponibilidad de navíos para el traslado de cargas hacia Cuba, pero no han logrado quebrantar el espíritu del pueblo cubano, que ha seguido apoyando las medidas aplicadas por el Gobierno Revolucionario, para seguir adelante sin renunciar al desarrollo del país, y continúa unido y más firme que nunca, enfrentando victoriosamente la soberbia imperial.

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[1] Bloqueo, el asedio económico más prolongado de la historia, Andrés Zaldívar Diéguez, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2003, pp.55-56.

[2] Foreign Relations of United States, 1961-1963, Department of State, Washington, Volume XI, 1996, p.16.

[3] Diez Acosta, Tomás: La Guerra Sucia contra Cuba. Documentos de la Operación Mangosta, Tomo II, Editora Historia, La Habana, 2018, p.244.

[4] Foreign Relations of United States, 1961-1963, Department of State, Washington, Volume XI, p. 589.

[5] Acusa Fidel a E.U. por ataque pirata a otro barco de URSS, periódico Revolución, 28 de marzo de 1963, página 1.

[6] Kennedy Library Memorando de Gordon Chase, Washington, 3 de abril de 1963, FRUS, Vol. XI, p.748.

[7] “Whois Jorge Mas Canosa”, Gaetón Fonzi, revista Esquire, enero de 1993, p.120.

[8] Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el acto de recibimiento a la tripulación del buque mercante “Hermann”, efectuado en el monumento al Maine, en La Habana, el 1ro de febrero de 1990.

Publicado el 22/07/2020 en Variado. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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