La verdadera historia de un rey sin corona.

Por Ramón Bernal Godoy

Hace varios días quedé atónito cuando Alberto, un viejo amigo, me envío un artículo que hacía referencia a una “carta abierta” que un tal Manuel González Hernández, Manolín, había escrito al líder de la Revolución cubana, Fidel Castro. Al leerla comprobé que se trataba de uno de esos episodios sin importancia que era mejor ignorar, pero días después Albertiquín, como le llamamos cariñosamente a Alberto, me reenvió un segundo “acto”, esta vez consistente en una carta para el prestigioso cantautor Silvio Rodríguez. De su contenido es mejor ni hablar, tiene tantos sin sentidos que vale más ignorar, pero para los más jóvenes o para los que no le conocen, les traigo la verdadera historia de este controvertido “Fouché”.

Muchos cubanos que pasamos los 40 años de edad le recordamos como un popular “cantante” que a mediados de los 90 (93-94) irrumpió en la escena artística cubana con una excelente orquesta y estribillos preconcebidos que puso en función de su pésima voz, alguien cuyo mérito estuvo en aprovechar cierto vacío musical que había en la isla debido al impacto del período especial y al hecho de que nuestras mejores agrupaciones extendían sus giras internacionales.

No obstante, no fue por su popularidad por lo que más se le recordó, sino por los “parones artísticos” que sistemáticamente recibía por su arrogancia y autosuficiencia. Todavía Cuba baila con aquel hit de Juan Formell y Los Van Van, interpretado por el inigualable Mayito Rivera, donde le decía “tú dices que eres el rey, enséñame la corona, enséñamela!!!”, igual se recuerdan sus “controversias” con el popular Paulo FG, donde por lo general las improvisaciones de este último dejaban al descubierto la inexistente carrera artística de Manolín, e incluso, la falsedad de su título de médico. Recuerdo también que estaba de moda en el argot popular una supuesta frase del sonero venezolano, Oscar de León, que al referirse a este cubano decía: “Cuba habrá perdido un médico, pero no ganó ningún cantante”.

En el momento en que las aguas tomaban su nivel (caída en picada de su popularidad), año 2001, Manolín “compuso” una canción que hacía alusión a un “puente entre Miami y La Habana”. La canción no decía nada nuevo ni causó ningún revuelo más allá del que el propio Manolín se inventó para decir que había sido censurado y así llegar con cierto aire victimizado a las costas del Sur de La Florida, auto-proyectándose como un hombre que fue “prohibido” por brindar su apoyo a la “comunidad cubana” en el exterior, una mentira que daría frutos solamente durante los primeros meses de su llegada.

Las cosas no fueron como esperaba. Manolín no logró ganarse el afecto de los Stefan y otros magnates del negocio musical, de la “timba” pasó al “pop” y de este a su casa pues nada cambió, no era escuchado ni en radio ni en TV, cero disquera mostraba interés en su “obra” lo que lo llevó a realizar “duras” declaraciones tales como que en Miami “había una dictadura peor que la Castrista”, que no había verdadera libertad y que tanto él como su música eran discriminados, la cosa empeoró cuando salió en cierta defensa de Paulo Fg, quien en visita a Miami y en transmisión en vivo dejó con la boca abierta a la anticubana María Evira Salazar al decirle que gracias al Comandante en Jefe, Fidel Castro, él pudo hacer realidad su carrera artística. Manolín no cabía en Miami, ya no era ni músico ni persona… ¿qué pasó entonces?

Comenzaron los negocios sucios de Manolín y sus problemas con las autoridades, su estado de abandono lo llevó a “guiñar un ojo a Cuba” y en clara “marcha atrás” decir que no era político, que no le interesaba la política e incluso declaró al canal 51 “que viajar el mundo le dio la posibilidad de valorar más lo que tenía en Cuba”. En octubre de 2014 se radica en La Habana y apoyado por Pachito Alonso regresa a los escenarios, pero para su sorpresa ni su música ni sus estribillos de “tengo pegolín” le hacen sombra a los Alexander Abreu y Habana de Primera, Manolito y su Trabuco, La revé, Charanga Habanera, Los Van Van, Laritza Bacallao, y otra decena de músicos y agrupaciones cubanas. Resultado: tampoco es popular en La Habana y para colmos Pachito Alonso se cansa de su autosuficiencia y doble cara, nadie le soporta.

Aturdido, deshecho y desorientado, necesitaba poner “huevo en algún nido” para lo que decidió utilizar la “política” como visado, lanzando ataques sistemáticos contra el sistema y los gobernantes cubanos, lo que hizo que Pedro de la Hoz, periodista del diario Granma y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), le acusase de tener “una fuerte dosis de megalomanía, oportunismo y miseria moral”. El golpe fue devastador, Manolín comprendió que lo que un día fue nunca será, y que el disfraz ya no aguantaba más, había quedado al descubierto tanto en Miami como en La Habana.

Se “refugia” en Madrid y pasado varios años en la ignominia y el olvido, la visita de Obama a Cuba le dio la idea de recobrar alguna notoriedad, aunque fuese “digital”, y una vez más comenzó su maquiavélica enfermedad de creerse a la altura del cielo cuando apenas llega a un contén, escribiendo sus cartas (o dejando que se las escriban) a cambio de su reinserción en canales miamenses o post de contrarrevolucionarios que solo demuestran que sigue siendo el mismo desorientado que no pudo ser ni médico ni cantante, rey sin corona, cubano sin pueblo, exiliado sin exilio, en fin, el farsante de la bola.

Vaya triste historia la de este personero. ¿Cree UD que alguien así amerite  respuesta alguna?