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Cómo recuerdo a Fidel

Por Sofía Reyes

Mi padre, mi amigo, mi Comandante, ¿cómo te recuerdo un año después de tu desaparición física? Te recuerdo con tu uniforme verde olivo y tus grados de Comandante, te recuerdo sencillo, modesto y humilde y a la vez grande y poderoso. Te veo en el Moncada junto a Abel y en la Sierra Maestra con Camilo y Che. En la plaza junto a tu pueblo te veo haciéndolo frente a las intrigas y maldades de los gobiernos de Estados Unidos. Tus manos amigas y tu sonrisa sincera nunca podré olvidarlas, me las llevaré guardadas junto a tu legado para transmitirlas a mis hijos, y a los hijos de mis hijos, y así hasta la eternidad. Aunque no te conocí físicamente sé que estuviste siempre a mi lado desde antes de nacer, cuando mi madre me cargó en sus brazos, cuando me pusieron al primera vacuna, cuando fui al círculo y a la escuela, cuando asistí a la Universidad y me dieron el título en el Aula Magna, allí te vi también.

Tú estás en las nubes, en el aire, en las flores, donde quiera que haya una injusticia, donde un hombre noble luche por los otros sin importar su nacionalidad, en el que no veía y ahora ve gracias a un Milagro, en el hombre latinoamericano pobre que ya lee Yo sí puedo y es feliz. Enumerar todo lo que hiciste es casi imposible, porque estoy segura que con la modestia que te caracterizó siempre hay mucho que callaste, pero recordarte como tú eras sí es posible, porque cuando camino veo miles de jóvenes que se te parecen. Te recuerdo vivo porque “ la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.

Prohibido olvidar

Por Félix Edmundo Díaz/La mala palabra

La frase no es mía, aunque estoy dispuesto a suscribirla como propia más por convicción que por la mera apropiación de una buena ‘línea’ ajena, creo haberla escuchado o leído un sinnúmero de veces en los mítines y marchas de las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo, en las de los familiares de los 43 de Ayotzinapa, o en cualquier otra congregación que reclama por la memoria como medicina eficaz para seguir siendo o lo que es igual existiendo.

El llamado a no olvidar no es una consigna, sino una necesidad urgente en momentos en que nuestro país atraviesa por una de las situaciones, en el orden económico, más críticas de su historia, cuando asolado por uno de los huracanes más grandes de los que se tiene registro, se enfrenta a puro corazón al proceso de recuperación de su infraestructura económica y social para restañar los cuantiosos daños que el meteoro provocó y, al propio tiempo, hacer frente a ‘la nueva vuelta de rosca’, léase del recrudecimiento de la agresión de un imperio que hoy reacciona en consonancia con los dimes y diretes de su venático presidente.

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