La soledad de Mauricio Macri

macri ter hoyEnrique Milanés León/Cubahora

Días después de la extraña celebración de los 200 años de que Argentina consiguiera su independencia de España, acto en el que el principal invitado fue un auténtico símbolo del régimen colonial —el rey emérito Juan Carlos I— y en el que estuvieron ausentes tanto mandatarios regionales como antiguos presidentes locales, Mauricio Macri debiera repasar las páginas exquisitas de Gabriel García Márquez sobre la soledad del poder.

Si las cifras de su victoria electoral —51,4 por ciento de los votos— dejaron claro desde el principio que se instalaba en la Casa Rosada “por una nariz”, su práctica de Gobierno ha demostrado que el poder de atomización del antiguo empresario es superior al previsto.

El rico país sudamericano, que hace poco más de cien años competía de a igual con el entonces pujante imperio estadounidense y que en 1916 —cuando la humanidad se desangraba en la Primera Guerra Mundial— llegó a ser la quinta economía global, ha sufrido a lo largo de su historia episodios violentos, crisis y gobiernos que han lastrado su enorme potencial de desarrollo. Ahora mismo, Mauricio Macri es otro lastre.

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