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En la ciencia se puede errar, pero se sabe rectificar

Los científicos solemos reconocer al arte y a la creación artística la capacidad de fantasear ilimitadamente con la sola condición de que tales fantasías satisfagan nuestros gustos, nos provoquen placer, enriquezcan nuestra condición humana y sean reconocidas desde el principio como tales fantasías.

En política, desgraciadamente, algunas fantasías han sido admitidas como verdades y han costado muy caro. Ejemplos claros tenemos en los muros que algunos políticos han levantado para intentar separar a los seres humanos, desde la Gran Muralla China de hace siglos hasta el pretendido muro de la frontera de México con los EE.UU. tan mencionado actualmente, pasando por los del siglo XX en Berlín y en la Florida. Este último no está hecho de ladrillos sino de leyes de bloqueo a Cuba. En las ciencias solemos ser intransigentes con la fantasía. Aquí todo debe ser probado, demostrada su credibilidad y verificado por terceros independientes.

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