La salud sexual se cultiva en casa

Educar para la felicidad es uno de los derechos sexuales que la familia debe proteger y entrenar

«¿Novio, tú? ¡Ni se te ocurra! Tú vas a estudiar sin mirar pa’ los lados, y hasta que no me pongas el título en la mano no habrá pareja, mucho menos casorio o chamacos».

La sentencia sonó a mis espaldas en un ómnibus habanero. Creí que al voltearme toparía con una persona muy mayor o que aparentara bajo nivel escolar. La madre tendría no más de 40 años y llevaba uniforme de un banco citadino. Su hija la rebasaba en tamaño, y a juzgar por los libros que portaba en el regazo, este curso comenzó la universidad.

Cuando la madre se sumergió en su celular, la chica miró con disimulo a un joven y le hizo señas de mantenerse alejado. ¿Por cuánto tiempo acatará la prohibición y renunciará a sus afectos, deseos, fantasías y necesidades? ¿Qué probabilidad tiene de evitar una ITS o un embarazo indeseado si no puede compartir sus dudas, y mucho menos arriesgarse a tener condones o anticonceptivos en casa?

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