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Una política educativa de infinito amor

Por Alina M. Lotti

Una enfermedad congénita cegó los ojitos de Reinier Guzmán Frómeta, un adolescente que transitó por la escuela especial Abel Santamaría, y ahora cursa exitosamente el bachillerato en la enseñanza general. Le gusta el deporte, la música, pero aún es pronto para decidir qué carrera estudiará.

Historias similares a la de Reinier se encuentran en cualquier rinconcito de nuestro país, pues la Educación Especial  —que este 4 de enero celebró su aniversario 52—  no solo brinda a cientos de niños y  jóvenes la posibilidad de continuar estudios, sino también los prepara para la vida laboral.   Lee el resto de esta entrada

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