El imperio olvida las lecciones del sabotaje a La Coubre

Por Jorge Wejebe Cobo

Se iniciaba el segundo año de la Revolución cubana en 1960 y la administración del presidente Dwight D. Eisenhower había dado luz verde a todos los planes terroristas y de guerra económica contra la isla vecina, y entre sus prioridades se encontraba impedir que el Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias adquirieran armas para defenderse.

Un ejército mercenario dirigido por la CIA se entrenaba en Nicaragua, Guatemala y en EE.UU. para invadir Cuba y reeditar una acción similar a la que la inteligencia estadounidense realizó con éxito contra el gobierno nacionalista de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954.

Para entonces era una prioridad para los círculos de poder norteamericanos impedir que la Isla recibiera armas para su defensa, y entre las preocupaciones de la Casa Blanca se encontraban los armamentos belgas que eran enviados, como los Fusiles Automáticos Ligeros (FAL), considerados entre los mejores de su época, en cumplimiento de contratos firmados con la industria bélica de Bélgica desde 1959.

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