Cubanos residentes en los EEUU defienden su patria en el Capitolio de Washington

Por: José R. Oro

En los edificios cercanos al Capitolio es donde radican las oficinas de los senadores, representantes, comisiones parlamentarias, soporte técnico y logístico, reproducción de documentos, salones de reuniones y una miríada de otras funciones. El Senado de los Estados Unidos está formado por 100 senadores (dos por cada estado) —53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes (uno de ellos Bernie Sanders) — y 435 representantes, de ellos 235 demócratas y 198 republicanos (aún dos curules están en proceso).

Cinco cubanos residentes en tres estados de los Estados Unidos pidieron y obtuvieron audiencia con cinco senadores y dos representantes de sus estados en el Congreso de los Estados Unidos para discutir el tema de Cuba, y de esa manera disponer de una voz que transmita la verdad y que rompa el casi total monopolio de información que han tenido los anticubanos en el magno edificio que alberga el Senado y la Cámara de Representantes. Las reuniones se desarrollaron durante dos días, el jueves 6 y el viernes 7 de junio.

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Bob Menéndez: Sexo con menores.

Bob Menéndez
Nicanor León Cotayo/CubaSí
El Nuevo Herald dijo este martes que el hecho revoletea como una sombra alrededor del senador demócrata. Un periodista de ese diario, Jay Weaver, afirmó que los abogados defensores de Bob y del multimillonario dominicano   Salomón Melgen abrieron fuego contra el Departamento de Justicia.

¿Motivo? Le acusan de inventarles un “caso contaminado” de corrupción.

Según los juristas, la pesquisa se basó al inicio en alegaciones “falsas” con fines políticos de que ambos tuvieron sexo con prostitutas menores de edad en República Dominicana. El Departamento de Justicia respondió ahora que tales argumentos habían sido corroborados “durante los primeros días de la investigación”.

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El conflicto Estados Unidos-Venezuela y la VII Cumbre de las Américas.

Venezuela

Carlos Fazio/Cubadebate

América Latina y el Caribe, principalmente las naciones de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), y en particular, Venezuela, son el teatro de operaciones de un sordo juego geopolítico entre Estados Unidos y sus socios de la OTAN, contra China y Rusia, dos potencias emergentes que han venido desarrollando vínculos económicos y de cooperación técnico-militar con naciones situadas en lo que tradicionalmente Washington ha considerado su “espacio vital”.

Pocas veces, como hoy −tras la reciente orden presidencial de Barack Obama que ubicó a Venezuela como una “extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”−, cobran dimensión los conceptos esgrimidos por Nicholas J. Spykman en 1942, cuando al definir el “Mediterráneo Americano” (que abarcaba el litoral del golfo de México y el mar Caribe, México, América Central, Colombia, Venezuela y el cinturón de islas que se suceden desde Trinidad a la punta de la Florida, Cuba incluida), dijo que esa región debía quedar bajo la “exclusiva e indisputada tutoría” de Washington. Sigue leyendo