Oposición venezolana provoca al gobierno legítimo con supuesta ayuda humanitaria

 

Por Lídice Valenzuela

Con su reconocida política de paz, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, garantizó la disposición de su gobierno de establecer un diálogo franco y abierto como único camino para la tranquilidad y la paz, mientras la oposición intenta introducir una supuesta ayuda humanitaria al país, considerada un Caballo de Troya en el que aparece Estados Unidos (EE.UU.) como promotor de una eventual y peligrosa aventura militar.

Este domingo, en su cuenta en Twitter, Maduro señaló que ha hecho más de 400 llamados a los grupos opositores para establecer, dijo, un proceso dirigido a dirimir las diferencias políticas por vías democráticas, pero que no es aceptado por los conservadores, ni antes, ni ahora.

En aras de alcanzar la paz interna, Venezuela suscribió los pasos definidos por el Mecanismo de Montevideo —iniciativa de México, Uruguay, Bolivia y 14 naciones de la Comunidad del Caribe— que, dijo el mandatario en reciente declaraciones a la prensa, “han definido un mecanismo diplomático para el diálogo respetuoso”.

Con la apertura de conversaciones, este país podría aliviar las tensiones actuales, atizadas por la Asamblea Nacional en desacato y el autoproclamado presidente “interino” Juan Guaidó, apadrinado por Washington, el Grupo de Lima y la Unión Europea (UE), que buscan abrir una brecha para penetrar militarmente en la nación suramericana y derrocar al mandatario legítimo y la Revolución Bolivariana.

La cuerda está muy tensa en Venezuela, donde en 1998 nació un proceso socialista integracionista ideado por el fallecido presidente Hugo Chávez Frías, adoptado como propio por su pueblo y continuado por Maduro. El sustituto de Chávez, integrante del cuadro de dirección del país, fue electo en su lugar en elecciones libres, donde perdió por tercera vez el opositor Henrique Capriles.

El pasado año, y con dos candidatos conservadores como rivales, fue reelecto con un 68 % de los votos, victoria que los conservadores rechazaron, a pesar de la transparencia del sistema, y de miles de observadores locales e internacionales.

En su toma de posesión el pasado 10 de enero, representantes de 193 países, entre ellos varios presidentes, respaldaron con su presencia a Maduro, quien a pesar de la arremetida de la derecha internacional dirigida por EE.UU., ahora en la figura del controvertido mandatario Donald Trump, ha logrado mantener en pie la dignidad nacional.

Los venezolanos, que respaldan en estos momentos en un 58 % a su líder, pasan desde hace años por una situación de desabastecimiento inducido por los grandes grupos empresariales y la derecha internacional, acrecentada en la alimentación y los medicamentos. La Casa Blanca impuso sanciones y un bloqueo económico a los productos, aun cuando sigue adquiriendo el petróleo venezolano, que ahora paga a Guaidó en lugar de al gobierno legítimo.

Varias denuncias del gobierno revolucionario dan cuenta que EE.UU. le ha robado 38 000 millones de dólares, así como secuestró el oro que guardaba en ese país, lo que incide en una reducción de su capacidad de movimiento financiero.

Es en este contexto que aparece el diputado Guaidó como “presidente interino”, el pasado 23 de enero, sin someterse a las urnas, un desconocido en la escena política nacional, que está siendo utilizado como peón de intereses mayores, que es la apropiación del petróleo del mayor productor a nivel mundial, y otras riquezas naturales.

Aun así, algunos presionados, otros convencidos por su ideología derechista, gobiernos de América Latina y la UE —salvo Italia— reconocieron al títere opositor, mientras intentan sacar por la fuerza a Maduro del Palacio de Miraflores con agresivos planes que podrían devenir en una guerra regional, ya que sus enemigos parecen ignorar el poderío militar venezolano.

Desconocen, al menos así lo indican las declaraciones, el amplio apoyo internacional de las grandes potencias mundiales, como Rusia y China, y la solidaridad de millones de personas en el mundo, que están dispuestas a defender la democracia venezolana y llaman la atención de los organismos multilaterales para evitar una catástrofe guerrerista.

Una campaña de solidaridad en varios continentes bajo el lema “Manos fuera de Venezuela” ocurre en estos momentos mediante la recogida de firmas —como se hace en la actualidad en Cuba—, mientras se brindan conferencias, conversatorios, talleres internacionales (como el que ahora tiene lugar en Caracas con más de 200 invitados), mítines y concentraciones para difundir las verdades de la Revolución y la actual situación venezolana.

Este lunes, el canciller cubano Bruno Rodríguez convocó al esfuerzo conjunto de la comunidad internacional para evitar una agresión militar de EE.UU. contra Venezuela, durante un encuentro en el Ministerio de Relaciones Exteriores con 108 embajadores y jefes de Misiones Diplomáticas.

“Hice ese llamado en nombre del gobierno cubano a actuar en defensa de la paz”, escribió en su cuenta de la red social Twitter.
Rodríguez insistió en la importancia de que gobiernos, parlamentos, fuerzas políticas, movimientos populares, sociales e indígenas, organizaciones nacionales e internacionales y ONGs manifiesten públicamente su postura contra el uso de la fuerza militar estadounidense.

El canciller de Cuba advirtió que la defensa de la paz no admite matices

A pesar de la enorme movilización mundial a favor de la paz en el país suramericano, y contra la injerencia militar, Guaidó hace uso del poder que le otorgó Washington.

Con 35 años, sin experiencia política, pero buen olfato para los dólares, carece de un gobierno legítimo, pero aun así habla en nombre de Venezuela al pedirle ayuda humanitaria inmediata a EE.UU. y Europa. Tras este improvisado político aparece un aparataje mediático que creó una matriz de opinión contra Maduro para cercarlo diplomáticamente, y otra de presentación de una figura insulsa como salvador de una supuesta dictadura cuando lo que busca es entregarle a Washington las grandes riquezas de la nación.

NO HAY CRISIS HUMANITARIA EN VENEZUELA, DICE ONU

Para Naciones Unidas (ONU), en Venezuela no hay crisis humanitaria. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) de la ONU publicó un extenso informe sobre la situación en ese país, asegurando que sus problemáticas responden, en gran medida, a la guerra económica y al bloqueo financiero contra el Gobierno bolivariano.

El documento, del que se hace eco la multinacional Telesur, compara las sanciones y bloqueos económicos modernos, “con los asedios medievales de las ciudades, que se llevaban a cabo con la intención de obligarlos a rendirse”.

Resultado de una investigación en el país suramericano, y suscrito por el experto independiente enviado por la ONU, Alfred-Maurice de Zayas, el texto indica de manera categórica que “en Venezuela no hay crisis humanitaria ni crisis alimenticia” y fue publicado el pasado 30 de agosto.

Zayas expresó que su tarea consistió en evaluar objetivamente la situación, limitándose a su rol de escuchar y reuniéndose con todas las partes, mencionando —entre otras— a políticos de oposición y del Gobierno, representantes de la Cámara de Comercio (Fedecámaras), organizaciones gubernamentales y de oposición, ONG’s, personeros de la iglesia, estudiantes, académicos, docentes, diplomáticos. Asimismo, con familiares de detenidos opositores, y con familiares víctimas de las protestas violentas de oposición.

En el caso venezolano, Zayas aseveró que “los efectos de las sanciones impuestas por los presidentes Obama (Barack) y Trump y las medidas unilaterales de Canadá y la UE agravaron directa e indirectamente la escasez de medicamentos”, indicando que “las sanciones económicas han causado demoras en la distribución (de alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad) y contribuyeron a muchas muertes”, medidas que señaló como crímenes de lesa humanidad. “Las sanciones económicas matan”, aseguró.

Ni siquiera un estudio de una organización mundial detuvo las ambiciones de EE.UU. y sus acólitos latinoamericanos, que no están preocupados por el destino de la población venezolana y sí en descabezar al país, como intentaron el pasado 4 de agosto, cuando perpetraron un magnicidio frustrado, en el que caerían, además, los principales líderes del ejecutivo venezolano y altos mandos militares.

La Inteligencia venezolana, que frustró la matanza, capturó a complotados en la acción militar, comprobándose que fue un plan urdido en Miami y Colombia bajo las órdenes de Washington.

La contrarrevolución no descansa, ni la Revolución tampoco.

(Tomado de Cubahora)

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