El tiempo no ahoga la esperanza de rescatar a la niña Frida Sofía

 

Familiares, voluntarios y agentes remueven escombros para rescatar a los niños que siguen atrapados en el colegio Enrique Rébsamen

Por Alonso Urrutia y Mirna Servín

El paso del tiempo es implacable, pero no ahoga la esperanza en la escuela Enrique Rébsamen.Entre las toneladas de escombros que sepultaron a 21 menores, la niña Frida Sofía ha dado certeza de que sobrevivió a la catástrofe.

La tragedia en este colegio de la capital del país se ha convertido en emblemática de este nuevo trágico 19 de septiembre; quizá por ello, la esperanza de vida aglutina los esfuerzos institucionales y de voluntarios, que no escatiman esfuerzos para alcanzar el rescate.

El cierre de la edición ya eran más de 33 horas de afanoso empeño de centenares de personas para salvar la vida de menores; no cesan, a pesar de que el balance hasta entonces arroja además cuatro adultos fallecidos con el desplome. La recuperación de 11 personas es un aliento para continuar las tareas, pues se afirma, más como deseo que como certeza, que al menos hay otros tres niños vivos debajo de los escombros, entre ellos Frida Sofía, ubicada debajo de esa mole de concreto en que se ha convertido parte de la escuela, y que improvisadamente ha sido apuntalada con polines de madera para contener movimientos entre las ruinas.

El silencio parece ser una estratégica condición del operativo. Ha sido clave para conferir seguridad a los rescatistas de que la niña sigue viva en medio de la catástrofe que la mantiene entre las descompuestas entrañas de lo que fue su escuela.

El puño en alto desde la zona neurálgica del rescate precede al silencio. En los resquicios que caprichosamente ha dejado el edificio colapsado, o se han abierto a golpe de pico y pala, se da la señal de que hay contacto con Frida Sofía. La espera es desquiciante para los padres: más de 12 horas de una mezcla de esperanza y angustia por volver a ver su hija.

Interminable jornada

Con el primer violento coletazo del sismo, el ánimo de sobrevivencia la arrojó a la calle en busca de refugio, pero apenas llegó a ella se encontró con el estruendoso colapso del colegio Enrique Rébsamen, donde su hijo adolescente cursa la secundaria y augurio de la más representativa de las tragedias de este sismo. Aunque su hijo pudo salir ileso, el recuerdo y la consciencia de 21 niños fallecidos le arranca sollozos a Patricia López.

Las palabras no dimensionan los sentimientos angustiantes que padeció en medio de esa inmensa polvareda en que se convirtió la calle de Rancho Tamboreo, hasta que conforme se disipaba entre la penumbra, la profesora de educación física fue la primera en desafiar el peligro para empezar la búsqueda de sus alumnos.

“No lo puede imaginar… Horrible….”, es lo que alcanza a describir antes de retirarse apresuradamente a atender una llamada urgente de la familia.

Otros testimonios dan cuenta de que el día en que colapsó el plantel, un potente estallido ensordeció la calzada de las Brujas y sus alrededores. Se escucharon los gritos desesperados de los niños, y acudieron presurosamente en su auxilio, sin importar de quiénes eran los hijos.

Entre crisis nerviosas y desmayos, la desesperación hizo presa al conglomerado de personas en torno al plantel en búsqueda de ponerlos a salvo y se improvisaron las casas aledañas como albergues, aunque el caos se apropio de la escena, entre angustiosos gritos de las madres que ansiaban saber de sus hijos.

En uno de los edificios contiguos al colegio, donde se concentran las decenas de cajas de medicinas en su más diversas modalidades –efedrín, insulina, adrenalina–, se ha colgado una lista cuyos afanes informativos no anulan la impresión que dejan decenas de nombres, algunos tachados, sin explicación visible.

Aunque parece el caos, existe una organización que atiende cada necesidad que desde el centro del operativo de rescate se reclama para no detener esfuerzo: sea oxígeno, la herramienta más especializada o el suministro alimenticio, que alcanza expresiones gastronómicas mas allá de la elemental necesidad en la emergencia.

Sebastián, un voluntario de la Universidad Iberoamericana, ha acudido ya a varios puntos de emergencia y ayer se concentró en torno al Rébsamen. Condolido resume: es terrible darte cuenta de que estas recogiendo las migajas de toda una vida de trabajo de las personas que han perdido sus casas.

(Tomado de La Jornada)

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s