La salud sexual se cultiva en casa

Educar para la felicidad es uno de los derechos sexuales que la familia debe proteger y entrenar

«¿Novio, tú? ¡Ni se te ocurra! Tú vas a estudiar sin mirar pa’ los lados, y hasta que no me pongas el título en la mano no habrá pareja, mucho menos casorio o chamacos».

La sentencia sonó a mis espaldas en un ómnibus habanero. Creí que al voltearme toparía con una persona muy mayor o que aparentara bajo nivel escolar. La madre tendría no más de 40 años y llevaba uniforme de un banco citadino. Su hija la rebasaba en tamaño, y a juzgar por los libros que portaba en el regazo, este curso comenzó la universidad.

Cuando la madre se sumergió en su celular, la chica miró con disimulo a un joven y le hizo señas de mantenerse alejado. ¿Por cuánto tiempo acatará la prohibición y renunciará a sus afectos, deseos, fantasías y necesidades? ¿Qué probabilidad tiene de evitar una ITS o un embarazo indeseado si no puede compartir sus dudas, y mucho menos arriesgarse a tener condones o anticonceptivos en casa?

¿Tendrá alguna de ellas idea de lo que son los Derechos Sexuales y Reproductivos (DSR) y del esfuerzo que se hace en el mundo para hacerlos valer en todas las edades? ¿Sabrán que la nueva Constitución cubana explicita la responsabilidad del Estado, las madres y los padres de hacer valer estos derechos, y además de proteger a las nuevas generaciones de todo tipo de violencia, incluyendo la que ejerce su familia (artículos 42, 43, 84, 85, 86)?

Tocará a los códigos y decretos en proceso de elaboración convertir ese espíritu en herramientas que la ciudadanía use cotidianamente, a tono con los instrumentos internacionales firmados por Cuba en estos campos.

Conocer y ejercer

Cada 4 de septiembre desde el año 2010, la Asociación Mundial para la Salud Sexual convoca a sus organizaciones afiliadas a celebrar el Día Mundial de la Salud Sexual y Reproductiva (SSR), un concepto que aterriza los DSR en el campo de la salubridad.

El Fondo Mundial de Población (Unfpa) considera como una buena SSR el estado general de bienestar físico, mental y social en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo, la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos, y la libertad para decidir si procrear o no, cuándo y con qué frecuencia.

Pero no basta con disponer de tratamientos que resuelvan inconformidades o malestares de hombres, mujeres y personas transexuales. Para garantizar salud se necesita prevenir los factores que la amenazan, y mirar el contexto social, cultural y económico que nos condiciona según nuestra identidad sexual, edad, origen, paradigmas filosóficos…

De cara a 2030, el tercero de los grandes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es garantizar una vida sana y promover el bienestar de todas las personas en todas las edades. Entre sus metas, las número 1, 3 y 7 tocan puntos sensibles de la SSR, como la mortalidad materna, las ITS y el acceso universal a los servicios y la educación sexual.

Sin embargo, no es posible alcanzar esas metas sin impulsar otros Objetivos, como los que proponen el fin a la pobreza en todas sus formas (ODS 1), la educación inclusiva, equitativa y de calidad a lo largo de toda la vida (4), la igualdad de género y empoderamiento de mujeres y niñas en las decisiones sobre sus vidas y sus cuerpos (5), trabajo decente para todo el mundo (8), modalidades de consumo y producción sostenibles (12) y sociedades pacíficas, inclusivas y justas (16).

Además de varios programas nacionales del Ministerio de Salud Pública (como el Materno Infantil, el de las ITS/Vih-Sida y el del Médico de la Familia), en Cuba trabajan a favor de la SSR instituciones como el Centro Nacional de Educación Sexual, Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad, la Unidad Nacional de Promoción de Salud y varias sociedades científicas: la, la Sociedad Cubana para el Desarrollo de la Familia y las sociedades de Ginecología y Obstetricia, Urología, Sicología, entre otras.

Profesionales de diversas universidades y centros de investigación, el complejo sistema de Justicia y la sociedad civil también se enfocan en detectar y reducir las brechas discriminatorias que limitan los DSR, en especial para las nuevas generaciones.

Pero recursos y esfuerzos caen en saco roto si a nivel de familia se pisotean esos derechos, por ignorancia o a propósito. Por actitudes como la de aquella madre, cada año paren miles de adolescentes y más del doble interrumpen un embarazo que pudo evitarse. La intransigencia patriarcal lleva a jóvenes transexuales y homosexuales a abandonar su hogar, y es ese desarraigo lo que los hace vulnerables, no su elección sexual.

Somos una nación privilegiada en políticas públicas para velar por la SSR de su población. En casa también hay que abrir ojos y brazos, porque el mejor título que puede exhibir la juventud es el de su plena realización como seres sociales sexuados, educados y felices.

Publicado en Juventud Rebelde

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