La Constituyente en Venezuela es una realidad irreversible

Tomado de Rebeldía centroamericana

La Convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es un acierto político del Gobierno bolivariano liderado por Nicolás Maduro Moros.

El procedimiento apegado a la Carta Magna Bolivariana como se ha razonado desde el origen de la propuesta, a todas luces confirmado por el poder rector de los procesos comiciales, el Consejo Nacional Electoral (CNE).

No existe pie para albergar ninguna duda sobre  la legitimidad del   constitucional  órgano supremo  convocado.  Además, es un mecanismo estratégico, oportuno, necesario y urgente  para resolver con el protagonismo democrático y soberano del pueblo, la inestabilidad económica, social, política y ciudadana, promovida por el injerencismo extranjero, la conspiración imperialista y la violencia impune desencadenada por la contrarrevolución interna.

Una decisión docta de las autoridades bolivarianas y de los líderes de la Revolución Chavista. Se hace siguiendo la facultad que brinda la Constitución Bolivariana  de invocar el poder originario del pueblo soberano, que es donde prevalece la autonomía y el protagonismo fundamental en las decisiones, que confirman el carácter de la democracia real y participativa.

Es aquí donde entra a jugar su papel determinante el poder popular que es uno de los cinco poderes que están dictaminados por la Carta Magna Bolivariana, y la jurisdicción que refrenda la autenticidad y vitalidad de la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente.

Así, “es la voluntad originaria, soberana, suprema y directa que tiene un pueblo para constituir un Estado dándole una personalidad al mismo y darse la organización jurídica y política que más le convenga. El poder constituyente puede ser delegado a una asamblea o a una convención”.

La fortaleza está en la credibilidad y el apoyo que el pueblo consciente y trabajador le ha dado a la ANC, como “depositario del poder constituyente originario”, según la letra del artículo 347 de la norma constitucional bolivariana.  La ANC es potencia del poder constituyente originario, soberana y plenipotenciaria, por lo que concurrirá con la potestad superior del diálogo para convenir las reformas urgentes que se requiera la Carta Magna Bolivariana, en beneficio del proceso de cambio social y profundizar las transformaciones económicas, políticas, jurídicas y culturales que favorezca la gobernabilidad de la Revolución.

Como lo afirma Hernán Escarrá constitucionalista miembro de la Comisión Presidencial para la Constituyente:

“Lo que se quiere es profundizar aspectos de la Constitución, como el Estado social que está previsto en el artículo 2, (…) se quiere profundizar en la descentralización con nuevos sujetos por ejemplo la comuna, que está previsto en la constitución” (…)

En la nueva Constituyente se deben tratar temas como los de los poderes fácticos, conformado por grupos como los medios de comunicación o los poderes económicos que se manejan por fuera del control de la administración Pública.

La falange sediciosa de la caricaturesca MUD ha intentado por  los medios más sucios e injuriosos enlodar el mecanismo de la Constituyente, con una monserga de sandeces inadmisibles.

Los oligarcas de las viejas cofradías del “régimen de punto fijo” y los aparecidos abejones en las más recientes deyecciones  fascistas (voluntad Popular y Primero Justicia), ahora se alinean en defensa de la Constitución Bolivariana _ y hasta  se refieren con indulgencia a Chávez_  lo que es una ofensa a la inteligencia y el decoro, porque sabemos que fueron inmundos  opositores a la nueva Constitución Bolivariana, y a la que han vejado con execrables  apelativos.

Esos iracundos grupos terroristas contrarrevolucionarios han realizado cualquier cantidad de monstruosidades en nombre de la Constitución Bolivariana   y la democracia,  según sus panfletos perniciosos y calenturientos.

Tanto un “referéndum consultivo” como cualquier otra ocurrencia en “defensa” de la Constitución, como pretenden compeler los  trastornados cabecillas de la MUD,  es improcedente, ilegal y no se estipulan en la normativa constitucional de los artículos 347, 348 y 349, que  se invocan para la convocatoria del poder constituyente originario.

No obstante, la democracia del proceso está garantizada por la naturaleza participativa del pueblo en la toma de decisiones. Ese poder soberano descansa en una secuencia de acciones protagónicas de todos los sectores sociales y en todas las demarcaciones territoriales.

Hemos observado con atención una metódica administración por parte del CNE del procedimiento democrático, universal, directo y participativo.

El pueblo venezolano ha protagonizado una faena brillante que ha compenetrado a la inmensa mayoría, en asambleas populares abiertas  de información, capacitación, balance político  e inscripción de candidaturas como constituyentes.

Más medio millón mostraron voluntad de postulación, unas 57.00 se postularon y de esas inscripciones de precandidaturas, alrededor de  5.500 lograron cumplir con las firmas necesarias y otros requisitos para alcanzar la candidatura.

De esa forma se escribe la democracia participativa, protagónica, organizada, metódica y legítima.

Ya están los 545 delegados y delegadas que convergerán para legislar para una robusta y rejuvenecida Constitución Bolivariana.

Cómo se le  llama a un proceso transparente y limpio, próvido y honesto como ese? Eso es democracia, aquí y en venus, por más tumultos, berrinches, amenazas y chantajes, trame  la contra enloquecida, el hegemón washingtoniano y sus lacayos como Luis Almagro y sus adláteres en la OEA.

El apoyo popular a la Asamblea Nacional Constituyente crece con el transcurrir de las horas. Sobre todo, porque ese proceso hondamente democrático es una perspectiva indiscutible para la paz, salvaguardar las conquistas sociales del proceso revolucionario, defender la soberanía nacional y acabar con la desestabilización terrorista.

La desesperación de Donald Trump evidenciada en su envenenado exabrupto de  al urdir amenazas, sanciones unilaterales y arbitrarios decretos contra la integridad de la República Bolivariana de Venezuela,   prácticamente ordenando el cancelación de la Constituyente, es debido a los temores efectivos del fortalecimiento del proceso revolucionario Bolivariano y Chavista con la ANC.

Olfatean la derrota de la asonada contrarrevolucionaria, el descrédito político de la desahuciada MUD; que ha perdido caudal electoral, se divide por riñas intestinas, codicia y reparto de los dólares que llegan de Washington; y es repudiada por el pueblo humilde   y los más amplios sectores mayoritarios,  como una mafia de forajidos que ha llenado de sangre y muerte a Venezuela.

Una pandilla de bandidos que en su torpeza política han abandonado la vía civilizada de hacer política y  han escogido   el fascismo, renuncian a participar de un proceso democrático y al debate inteligente, porque no tienen proyecto político.

Con la alternativa de diálogo y oportunidad para la paz en la Asamblea Nacional Constituyente,  la contrarrevolución  desafecta y  terrorista       se desvanece en las calles,  como el combustible que utilizan sus mercenarios para desatar la barbarie, la quema de inocentes y los más salvajes crímenes de guerra.

La Asamblea Nacional Constituyente es la decisión y la estrategia correcta para terminar de aplastar los focos de violencia, golpe de Estado y la intervención del imperialismo yanqui.

Con la preparación de las estructuras institucionales, el fortalecimiento de la unidad Cívico- militar y la cohesión de todo el pueblo organizado y chavista con el Gobierno constitucional y el Presidente Nicolás Maduro, con las Fuerzas Armadas Bolivarianas y las organizaciones del Poder Popular  hacia el desarrollo de la votación  del 30 de julio, los planes de invasión del Comando Sur de EE UU, están derrotados.

 El pueblo bolivariano y chavista no acepta órdenes, ni chantajes, ni injerencismos  de nadie. La República Bolivariana de Venezuela no es una colonia, es un país independiente y elige libremente su futuro. Su autodeterminación  tiene que ser respetada conforme a las leyes internacionales. La prepotencia amenazante de Donald Trump  y Federica Mogherini,  canciller de la Unión Europea,  es un acto reiterado de atropello a las convenciones multilaterales, que muestra el  talante del despotismo imperialista  y el ocaso de su estrategia intervencionista.

De ahí,  que tenemos que apoyar incondicionalmente el proceso de la ANC y al Gobierno legítimo de la República Bolivariana de Venezuela.

Como se observan los acontecimientos la ANC es una realidad irreversible en un contexto donde la vía institucional, el diálogo, la salida política y civilizada a los conflictos y la convivencia pacífica prevalecerán, sin temor a equivocarnos, sobre la guerra intervencionista, el golpismo fratricida y la barbarie  que ha instaurado la contrarrevolución terrorista.

Oscar Barrantes Rodríguez

Círculo Bolivariano Yamileth López (CBYLO)

Centro Popular Costarricense de Estudios Sociales (CPCES)

San Ramón- Costa Rica

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