Loba Feroz: esta vez te quedó grande la Caperucita Roja venezolana

Por Percy Francisco Alvarado Godoy

Allá se fue Ileana Ros-Lehtinen, la conocida Loba Feroz, hasta las calles de la Pequeña Habana, en Miami, a tratar de reverdecer su deteriorada figura política. Como es costumbre en ella, consumida por el odio irracional hacia Venezuela y Cuba, halló entre un pequeño grupo de viejos contrarrevolucionarios, el espacio oportuno para lanzar amenazas e incitar odios y bajas pasiones.
Centro de sus intolerantes palabras lo fue esta vez Venezuela, a la que amenazó con un fuerte bloqueo, similar al impuesto contra Cuba desde hace décadas. Pareció olvidarse que esa violencia es generada no por el gobierno y sus simpatizantes, sino por la derecha fascista a la que ella apoya a ultranza.
Como precedente a esa medida de embargo criminal, la Loba Feroz dejó abierta la posibilidad de congelar aún más las relaciones bilaterales entre EE UU y Venezuela, dirigiendo sus venenosos dardos contra los dirigentes bolivarianos, miembros de las FANB, de la Guardia Nacional, a los representantes de los cuerpos judiciales y legislativos con sanciones tales como la prohibición de otorgamiento de visas y congelas sus cuentas bancarias y otros bienes; eliminar negocios entre ambos gobiernos, reducir las compras de petróleo venezolano, restricción a la compra-venta de bienes inmuebles, así como lograr una reunión de la OEA para condenar a Venezuela y abrir las puertas a una invasión foránea.
 Entre los histéricos aplausos de mafiosos y terroristas de origen cubano y venezolano, colocó a Obama en la picota pública, tildándolo de débil y exigiéndole acciones más duras contra el gobierno de Maduro.
No vaciló en impostar las tradicionales mentiras y manipulaciones usadas contra el gobierno chavista, al tildarlo de represor, a la par que beatificaba a fascistas como a Leopoldo López y los guarimberos que siembran caos y desestabilizan al país.
 En solo una cosa se equivocó la Loba Feroz: esta “Caperucita Roja” no le teme en los más mínimo, pues ondea sus granas banderas como símbolo de soberanía y resistencia. No es una niña temerosa a la que una loba insidiosa puede atemorizarla. Ella es un pueblo entero –como el cubano-, dispuesto a continuar las batallas hermosas por la vida.

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